Prensa Press 2018

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Los mejores discos de 2018 según Calamaro, Chillers, Chikos Del Maíz... y más

El Confidencial | 23 de diciembre de 2018

Las listas de mejores álbumes del año siguen siendo una apuesta zombi, sobre todo por la decadencia del formato, aplastado por la fuerza arrolladora de la canción individual. En cualquier caso, todavía son útiles para hacer balance de cada temporada. Más que preguntar a los críticos musicales, otro espectro del pasado, tiene más sentido pedir recomendaciones personales y subjetivas a los artistas que escuchan grandes cantidades de música —que son franca minoría—. Esta es nuestra selección de encuestados, nada solemne, cuyas respuestas dan para horas de investigación musical y nuevos descubrimientos. Ojalá lo disfruten.

Igor Paskual (guitarra de Loquillo)

No quiero dejarme el 'Concierto Zapico. Vol 2.', de Forma Antiqva. España tiene el mejor repertorio de Renacimiento y Barroco que hay en Europa. No tenemos a Beethoven ni a Mozart, pero sí todo lo demás. Y es suficiente para ser tanto como Alemania. Los hermanos Zapico, con la tiorba, el clavicordio y la guitarra barroca interpretan piezas de danza españolas del XVIII. Nivel estratosférico. Esto también es dance.

Forma antica, sostanza moderna

L'Ape musicale | 19 de diciembre de 2018

Continua per l’Associazione Lingotto Musica la sfilata di interessanti formazioni da camera: dopo la Hofkapelle Stuttgart e la Mahler Chamber Orchestra, è l’ensemble Forma Antiqva a calcare il palcoscenico dell’auditorium “Giovanni Agnelli” con un’eccentrica lettura delle Quattro Stagioni.

Torino, 11 Dicembre 2018 – Non sempre la musica si scrive con dei puntini e l’esperienza del melodramma, più di tutti, lo conferma: un colore, una sfumatura, un’aritmia, un’inflessione possono essere solo il riflesso di un’immagine costruita sì a partire dalle indicazioni – fisiologicamente limitate – descritte in partitura, ma modellata per assecondare una ricerca espressiva spesso esortata da un supporto letterale. Che si tratti dei Tre Sonetti del Petrarca di Liszt o degli episodi più maestosi di musica a programma, non è un caso che nel corso della storia anche la produzione puramente strumentale si sia avvicinata ai versi, lasciando vivere nella sottile intercapedine tra la l’inequivocabile chiarezza dello spartito e la libertà evocativa del testo poetico l’interpretazione del dettato musicale.

Se la verve del Concerto grosso in la maggiore op. 6 no. 11 di Händel si impone come un compendio di stilosa pratica barocca e la Simple Symphony op. 4 di Britten attesta la duttilità di un ensemble che sa guardare oltre il proprio territorio d’elezione – splendidi i pizzicati del secondo movimento, Playful Pizzicato, per precisione e ricchezza dinamica e l’intensità dell’ultimo, Frolicsome Finale, di ispirazione quasi bartokiana nel rutilante materiale folkloristico – senza rinunciare alla varietà dello stile, sono le eccentriche Quattro Stagioni di Vivaldi a impreziosire il concerto dei Forma Antiqva, ospiti all’auditorium “Giovanni Agnelli” di Torino per l’Associazione Lingotto Musica. Svecchiando il polveroso strascico della consolidata prassi esecutiva (l’esordio in pianissimo del Presto da «L’Estate», ad esempio, è straniante), Aarón Zapico e il violinista Aitor Hevia – a cui si perdonano le diverse défaillances di intonazione – regalano una lettura del capolavoro vivaldiano fuori da ogni schema: imprevedibili cambi di tempo in un tessuto ritmico intricato e dinamiche che evolvono secondo una legge pittoresca squisitamente iconografica fanno di quest’interpretazione un espediente narrativo di grande efficacia che strabilia il pubblico in sala. D’altronde basta soffermarsi sui sonetti che accompagnano i concerti per convincersi della capacità illustrativa della concertazione: la metrica inflessibile del tempo scandisce il ritmo delle giornate, ma al suo interno, come in un rubato chopiniano, la natura si sviluppa in maniera totalmente indipendente.

Meritatissimi dunque i calorosi applausi che la platea rivolge alla formazione spagnola, forse, alla prima esibizione italiana (stando a quanto riportato dalla pagina web dell’orchestra). La forma sarà pure antica ma la sostanza, alla fine, è assolutamente moderna.

Antonino Trotta

NPR Music's Best Classical Albums Of 2018

NPR | 18 de diciembre de 2018

Forma Antiqva / Concerto Zapico Vol. 2
Before I fell in love with the crackling performances on this album, I'd never heard of the band Forma Antiqva. Turns out, it's a flexible ensemble led by a trio of Spanish brothers: Aarón, Daniel and Pablo Zapico, who play keyboards, theorbo (a large lute) and baroque guitar, respectively. The energy, precision and rhythmic drive they inject into this Spanish baroque dance music is nothing short of intoxicating. "Canarios," the opening track by 17th century guitarist and priest Gaspar Sanz, sparkles with syncopated interplay between the brothers. The percussion, added by David Mayoral, gives the performance extra zing right through to the rock and roll ending.

Tom Huizenga

Best Music of 2018

NPR Music | 12 de diciembre de 2018

"Canarios," performed by the Spanish baroque outfit called Forma Antiqva (and written by Gaspar Sanz), comes from one of the great "surprise" albums of the year for me. The infectious energy the band gives to this performance is indicative of the entire album, which crackles with the syncopated rhythms and hummable melodies of 17th century baroque dance music.
Tom Huizenga, NPR Music

«Canarios» interpretada por el conjunto barroco español Forma Antiqva (y escrita por Gaspar Sanz), pertenece a uno de los grandes álbumes "sorpresa" del año para mí. La energía contagiosa que el grupo le da a esta interpretación es representativa de todo el CD, que explota con los ritmos sincopados y las pegadizas melodías de la música de baile barroca del siglo XVII.
Tom Huizenga, NPR Music

Zapico, primera parte

Diario de Mallorca | 3 de octubre de 2018

Con un programa de música de Georg Philip Telemann, interpretada al estilo barroco, tal como debió sonar en la época, el grupo español Forma Antiqua inauguró la temporada musical de otoño del Caixaforum de Palma.
No se puede pedir mejor lectura de esas partituras. La formación de los hermanos Zapico, hoy por hoy, es un referente a nivel internacional. Su manera de tocar, el valor que dan al continuo, la alternancia de melodías entre el violín y la flauta, todo ello es de una enorme exquisitez.

Es de justicia citar a los componentes de ese conjunto de cámara, pues cada uno de ellos, como se demostró durante la sesión que comentamos, tiene dotes de solista: Alejandro Villar, flautas, Daniel Pinteño, violín, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca i Aarón Zapico, clavicémbalo.

Forma Antiqua sabe conectar con el público, que no fue todo lo numeroso que se podía esperar para una audición de este nivel. Será difícil escuchar en vivo en Mallorca un grupo barroco con esa calidad. Pero bueno, siempre hay una segunda oportunidad. Podemos adelantar que los Zapico y sus muchachos serán los encargados de interpretar la parte musical de Los Elementos, una ópera del compositor mallorquín Antoni Lliteres i que formará parte de la próxima temporada del Teatre Principal. Así que, ya lo saben, no dejen de asistir a una de las funciones del año que viene, el disfrute está asegurado.

Pere Estelrich I Massutí

Reseña | Concerto Zapico Vol. 2

Melómano | 16 de julio de 2018

En 2007 los tres hermanos Zapico grabaron el que ahora se convierte en el “Vol. 1” de Concerto Zapico. Tras más de diez años ofreciendo este programa de concierto por todo el mundo, el corpus del mismo ha ido creciendo y evolucionando hasta formar un nuevo repertorio que ha dado lugar a este “Vol. 2”.

Es sabido que en el Barroco estaba extendida la práctica de adaptar las obras, incluso si entre los instrumentos con los que se contaba no había ninguno propiamente melódico. Si bien esta práctica no es nada frecuente hoy en día, los hermanos Zapico vuelven a demostrar en este álbum de madurez que con dos instrumentos de cuerda pulsada y uno de tecla se pueden llevar piezas musicales de diversas procedencias a su máxima expresión.

Gracias a las distintas combinaciones instrumentales, a veces a solo, otras a dúo, pasando del clave al órgano, disfrutamos de una riqueza de texturas y de un lenguaje muy personal. Destacan las obras para guitarra barroca procedentes de los libros de Gaspar Sanz y Santiago de Murcia, como Canarios, Españoletas y Cumbees. En ellas podemos sentir el marcado carácter de danza, apoyado por los rasgueos de la guitarra, pero a su vez con una nueva dimensión que ofrecen el sonido redondo y las cuerdas graves de la tiorba. A su vez, la colaboración del percusionista David Mayoral evidencia la riqueza rítmica de estas danzas. Piezas como Marionaso Kapsberger muestran la delicadeza y musicalidad con la que los intérpretes abordan este repertorio.

La Alemanda de Coreli, de Francisco de Tejada, es un claro ejemplo de toda la música que, incluso siendo extranjera, era arreglada y adaptada en la época. No podía faltar, por supuesto, un guiño a la tierra natal de los tres hermanos con el arreglo del tradicional Fandango de Leitariegos.

Este álbum pone de manifiesto un lenguaje propio y maduro, un lenguaje en constante cambio que deja la vía abierta a un futuro y prometedor “Vol.3”.

Enrique Pastor Morales

Fiesta barroca para los sentidos

Granada Hoy | 3 de julio de 2018

Farsa, sátira, tragedia y comedia en la noche francesa: así presentaba su espectáculo Les Scaramouches el conjunto Forma Antiqva, que este año es el encargado de rendir homenaje a François Couperin en el 350 aniversario de su nacimiento. El músico francés, uno de los compositores más renombrados de la Francia del Rey Sol, estuvo representado por medio de sus Concerts Royaux, cuyos números se intercalaron en el programa. Junto a la música de Couperin se interpretaron otras piezas de autores franceses coetáneos, tales como Jean Baptiste Lully, Jean Marie Leclair, Marin Marais o Michel Corrette.

Pero el concierto de Forma Antiqva fue mucho más que una sucesión de obras del barroco francés. Aarón Zapico ideó un espectáculo-pantomima en el que las piezas musicales, exquisitamente escogidas, se engarzan por medio de textos cuidadosamente seleccionados por Natalia Huarte, la actriz-narradora que nos transportó al ambiente cortesano de Versalles en los que un día sonaron las músicas de Couperin y sonaron los versos de la comédie française. En el escenario, una orquesta barroca en la que el núcleo central de cuerdas frotadas se apoya con dobles flautas, guitarra barroca, tiorba y percusión, dirigida desde el clave por Aarón Zapico.

AMBAS SE CONVIRTIERON EN DOS MUJERES PLETÓRICAS DE COMUNICACIÓN CON SUS CUERPOS Y MOVIMIENTOS

El buen gusto con que Forma Antiqva interpreta la música antigua se hizo evidente desde la primera pieza del programa, la obertura de Amadis de Lully; el attaca de la orquesta por indicación de Aarón Zapico fue preciso y empastado, muy en el estilo de la época. Cada nueva intervención en el programa obtuvo el tempo preciso y las dinámicas acertadas para el momento afectivo que pretendía representar, acorde con la narración de Natalia Huarte, que se dividió en tres escenas y un final.

La primera de las escenas tenía aire festivo, encerrando la complicidad y frivolidad que a menudo se nos representan como propias de la corte versallesca. Al respecto, la interpretación del Aria de faunos y dríades de Marais se intercaló magistralmente con varios movimientos de Couperin y con el Aria de las posturas de Scaramouche de Lully, quien cerró la sección con un solemne y alegre pasacalle.

La segunda escena, más reflexiva, se abría con la obertura de El burgués gentil hombre, también de Lully, sobre un parlamento de Molière en la voz de Natalia Huarte. Seguida de una sobrecogedora Zarabanda de Couperin, la escena se cerró con varios números de Alcyone de Marais. La delicadeza de Ruth Verona al violonchelo, glosada maravillosamente a la tiorba por Daniel Zapico en uno de estos fragmentos fue un momento álgido de la velada, con sublimes trazas de ornamentación muy en el estilo.

La tercera escena volvía al tono alegre inicial por medio de referencias a la fugacidad de la existencia humana y sus acciones. Iniciada por una oportuna interpretación de la obertura de Armide de Lully, en los distintos números destacaron por su interpretación Pablo Zapico a la guitarra española y las percusiones de David Mayoral, a menudo creadas por él mismo para este repertorio. La pantomima se cerró muy acertadamente con la conocida Marcha para una ceremonia turca de El burgués gentil hombre, que puso el broche de oro a una velada deliciosa.

La prodigiosamente preclara y precisa dirección de Aarón Zapico y la calidad de todo el conjunto instrumental, unido a la expresividad y naturalidad de la narradora Natalia Huarte, hicieron de este concierto una joya dentro del Festival: un guiño al repertorio barroco francés a través de la sabia relectura llevada a cabo por Forma Antiqva, un sello de calidad y modernidad que auguran nuevos y muy sugerentes tiempos en el Festival de Granada.

Gonzalo Roldán

El patio de los Mármoles se transformó en Versalles

Ideal | 2 de julio de 2018

El patio de los Mármoles del Hospital Real, con su serena belleza, con su elegante trazado, invitaba a una velada grata, a una velada para disfrutar. Además, la temperatura estaba ayudando porque anoche estábamos alejados de ese calor sofocante que, entre las venerables piedras del patio de los Mármoles, parece acrecentarse. Por el contrario, una grata sensación nos producía bienestar y preparaba suficientemente el ánimo, dispuesto a pasar un buen rato de música.

Para ello se contaba con la actuación del grupo Forma Antiqua que había triunfado en la mañana del sábado en la iglesia del Monasterio de San Jerónimo, tal y como nos contaba en su jugosa crónica nuestro compañero Andrés Molinari. Y los miembros de Forma Antiqua no nos defraudaron lo más mínimo, yo diría que el concierto se nos hizo corto, tan contentos estábamos con lo que se estaba desarrollando sobre el escenario. Forma Antiqua había preparado un programa que titulaba Les Scaramouches, farsa, sátira, tragedia y comedia en la noche francesa. Como estamos, afortunadamente, disfrutando de estas espléndidas muestras de la cultura francesa, acudimos con una buena dosis de ilusión y el resultado ha sido cuando menos muy gratificante.

La sombra de Scaramouche como motivo, como hilo conductor de toda la noche musical. Uno, la verdad, casi creía que podría ver a Scaramouche, enmascarado, con la espada en una mano y la mandolina terciada sobre el pecho, descender acrobáticamente, desde una de las galerías del Hospital Real, deslizándose por una escala que se apoyaba en las nobles columnas del patio. Pero aunque esto no era posible sí hemos tenido una compensación a nuestro juego imaginativo, con ese paseo por la corte de Luis XIV. Resulta que el patio de los Mármoles se convirtió, gracias al embrujo de la música, en los salones de Versalles y entre los venerables muros del recinto renacentista español, han sonado y de qué eficiente forma, aquellos aires de danza, que dieron vida, que dieron lustre a la sofisticada corte del Rey Sol. Las músicas de Lully, que tanto escribió para Luis XIV, que fomentó las indiscutibles dotes de danzarín que poseía el rey, la música de quien fue amigo y maestro del monarca, Lully, junto con la de Marin Marais, la de los grandes Couperin, JeanMarie Leclair, Michel Correte. Todos ellos nos han trasladado a los salones y a los jardines de aquel Versalles de ensueño que fue la morada y mudo testigo del esplendor de un rey amante de la cultura, fervoroso de la danza, enamorado de la música.

Hemos tenido la suerte de escuchar un grupo especializado en música antigua, en este caso barroca, de un nivel muy alto. El director y clavecinista es Aarón Zapico y con él han tenido legítimo protagonismo Alejandro Villar y Guillermo Peñalver, como flautas, Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, violines, Antonio Clares, viola, Jorge Muñoz, contrabajo, Ruth Verona, violonchelo, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca y David Mayoral, percusión. Perfectamente conjuntados, con un interesante criterio selectivo a la hora de elegir el programa, la noche se ha deslizado plácida y gratamente y el público, que no llenaba el recinto, ha saboreado un concierto donde el buen gusto y la delicadeza han sido premisas importantes, cauces adecuados por donde ha sabido discurrir el programa. Se ha cuidado el sonido, se ha cuidado la fidelidad al espíritu y a lo escrito por los grandes barrocos franceses -Lully, aunque de origen italiano era de vocación francesa- se ha buscado la autenticidad y la pureza, no persiguiendo otra finalidad que la del trabajo bien hecho. Han sido buenos músicos y han estado en buenos músicos.

No puedo ni quiero silenciar la gran aportación al buen éxito del espectáculo de la encantadora Natalia Huarte, sobria, graciosa, espléndida en el decir y en el actuar. Ella ha desgranado con gracejo y donaire textos de Madame de Sévigné, de Marguerite Duras, de Molière, de Louise Labé y Joyce Mansour. Ella ha hecho la selección y le ha dado vida. La idea original y la selección musical ha sido de Aarón Zapico. La sombra de Scaramouche y de Luis XIV y los grandes músicos, ha sobrevolado el mágico recinto del Hospital Real. Y nosotros hemos estado allí para disfrutarlo.

José A. Lacárcel

Forma Antiqva, luz entre tinieblas

Ideal | 1 de julio de 2018

A pesar de que ayer sábado terminaba este luminoso mes de junio, el segundo concierto gratuito del Festival nos transportó, en alas de la música, a una Semana Santa, en concreto al triduo pascual y a los Oficios de Tinieblas que la Iglesia Católica cantaba esos tres días en la hora canónica de maitines. El clave, que hace unos meses regaló Rafael Puyana al Archivo Manuel de Falla, enunció las tinieblas, y de pronto se hizo la luz con la voz rutilante y potente de Lucy Crowe, la soprano que abrió este enorme y ciclópeo lamento atribuido al profeta Jeremías.

Sobre dicho texto bíblico muchos autores habían puesto música, pero Forma Antiqva, grupo residente del Festival de Granada, escogió ayer la del francés François Couperin, y así conmemorar los 350 años de su nacimiento en París. Y además entreveró las tres lecciones con piezas instrumentales breves de Robert de Visée y del propio músico homenajeado. Un acierto, pues no sólo daba un respiro a las sopranos sino que agilizaba el tema musical de la mañana.

Forma Antiqva es un grupo que investiga la música antigua, la adapta con mesura y sin ocurrencias de esas que persiguen efectos cara a la galería, añade mínimas concordancias y acompañamientos lógicos, para luego interpretarla ellos mismos con la extraordinaria panoplia de instrumentos que exhibe en cada concierto. Y este año ofrece muchos dentro del Festival que los acoge, desde el dúo de anteayer en el Corral del Carbón hasta el concierto de mañana en el Hospital Real. Alma y vida del conjunto es el trío de hermanos Zapico: Aarón en el clave y ayer en la dirección, Pablo que ayer tocó el archilaúd, y Daniel con su tiorba de larguísimo mástil y cuerdas simpáticas. Como apoyo, más que bajo continuo, Rami Alqhai a la viola da gamba.

Lucy Crowe mostró una voz catedralicia que llenó por completo la nave de San Jerónimo

Todo cuerdas: unas pulsadas con esmerado tino y suavísima tersura extrayendo sones preciosos de instrumentos ebúrneos apoyados en el muslo, una viola da gamba más locuaz cuando sus cuerdas son frotadas con arco, con la discreción con que lo hizo Rami. Y, desde el clave ni una queja a pesar de sus cuerdas era 'pellizcadas' por mecanismos accionados desde las manos de Aarón, director con el gesto.

Dos sopranos

Con la primera intervención de Lucy, todo quedó diáfano. Tras las tinieblas del silencio, la voz humana lució, recordando el lema del impresor Juan de la Cueva en la portada del Quijote, a su vez tomado del libro de Job. Una voz catedralicia que llenó por completo las naves de San Jerónimo y sus muros le devolvían un eco que acrecía, para nuestro regocijo, cada una de sus notas. Potentísima en los tonos que rozan el grito, tan adecuados para el lamento; mucho más discreta en las bajadas hasta las fronteras de la mezzo. Gestos ondulantes para largos melismas dolientes, imposible ocultar su procedencia operística. En realidad esta representación tiene algo de escénica, pues hay que describir con el cuerpo, decir con la voz, corroborar con el gesto y afianzar con la mirada, a pesar de que la soprano prefería tener los ojos entornados.

Nuria Rial se alternó con la británica en las tres lecciones de Couperin enriqueciendo la obra del parisino para dos tonos de soprano. Cantante, en apariencia, de menor volumen sonoro, pero dotada de más teatralidad, casi danzante de cada estrofa, incluso llevando el compás con la mano para que el gesto subraye y reafirme el texto cantado. Magnífica, muy dramática y expresiva en ese final en el que el profeta increpa a Jerusalén para que se convierta, frase tallada en madera en la preciosa puerta de la Cuadra Dorada de nuestra Casa de los Tiros. Vocalizando con todo cuidado a la vez que se balancea con elegancia, sin un átomo de pose y siempre muy atenta a las indicaciones del director desde el clave.

La tercera de las lecciones ambas a dúo, contrastando las dos personalidades, como el color de sus cabellos. Ambas aunando sus voces para que la luz aún brille más. Las dos rozando de nuevo la ópera, porque les hubiese faltado no llevar asidas sus manos a la partitura y expresar con el gesto tanto como saben cantar con sus gargantas.

Otro aire

Como el concierto quedaba corto de tiempo, que no de calidad ni de enjundia temática, se le añadió un estrambote de Marin Marais, perfectamente coetáneo de Couperin: su Magníficat. Esto era otra cosa. Aquel lamento verbalizado por Jeremías ahora se convertía en el regocijo de dos mujeres embarazadas, a lo divino. Lucy y Núria en un dúo casi operístico, cantaron las glorias del Creador haciendo que la luz brillase ya sin un jirón de sombra. Luces abiertas y sonoras como sus preciadas gargantas, siempre arropadas por un conjunto en el que los genes familiares trabajan a favor del arte.

Antaño el texto de estas lamentaciones y del Magnificat solían incorporase en latín y en español al programa de mano, para que el oyente más o menos neófito, siguiese el argumento de cada salmo y cada estrofa, comprendiendo mejor cada melisma y cada calderón. Pero hogaño toca ahorrar hasta en papel. Suerte que con el clave de doble teclado no ha pasado lo mismo.

Andrés Molinari

La luz que surge entre las tinieblas

Granada Hoy | 1 de julio de 2018

El conjunto de música antigua Forma Antiqva ofreció un magnífico concierto matinal en el Monasterio de San Jerónimo, dentro del ciclo que tradicionalmente dedica el Festival de Granada a la música antigua. Esta formación, liderada por Aarón Zapico e integrada por sus hermanos Daniel y Pablo, y el violagambista Rami Alqhai, son invitados de excepción en la edición de este año, ofreciendo diversos conciertos y actividades formativas que contribuyen a acercar el repertorio anterior al siglo XIX al gran público.

Forma Antiqva, el grupo que lidera Aarón Zapico, ofreció un magnífico concierto matinal en el Monasterio de San Jerónimo para acercar el repertorio anterior al XIX al gran público

Para su concierto matinal Forma Antiqva rindió homenaje a François Couperin, uno de los compositores más renombrados de la Francia del Rey Sol Luis XIV. Como pieza principal del programa figuraron las Lecciones de tinieblas para el Miércoles Santo que el autor publicó en París en 1714. Acompañando a las lecciones, en un coherente y bello intento de respetar la estructura de la liturgia de tinieblas, se intercalaron diversos fragmentos instrumentales en el lugar donde irían las lecturas, y se concluyó la interpretación añadiendo el Magnificat también de Couperin. Este diseño de programa evidencia no sólo el profundo conocimiento del repertorio de los integrantes de la formación, sino también su compromiso con un concepto historicista de la interpretación. Los instrumentos de época y la técnica de articulación y de desarrollo del bajo continuo son valores añadidos a esta preclara visión estética.

Las Lecciones de tinieblas están escritas para voz de soprano y bajo continuo: las dos primeras se cantan a solo y la tercera a dúo. Toman el texto de las Lamentaciones del profeta Jeremías, por lo que sus versos se preceden de una entonación basada en las letras del alefato. El desarrollo instrumental no es grandilocuente, por lo que basta con cuatro instrumentos para su realización; sin embargo, está lleno de sutilezas y giros expresivos de gran belleza.

La primera lamentación fue interpretada por la soprano Lucy Crowe, quien con una voz de potentes y delicados agudos y gran desarrollo regaló bellos momentos desde la primera entonación. A caballo entre el estilo arioso y el recitativo, la soprano plasmó con gran belleza la piedad y recogimiento del texto, sobre una genial realización del bajo armónico, presente en su justa medida. A su conclusión Aarón Zapico interpretó una Sarabanda de Robert de Visée al clave, en un instrumento de doble teclado de la colección de Rafael Puyana que se encuentra cedido al Archivo Manuel de Falla.

La segunda lamentación estuvo a cargo de Núria Rial, una de las voces más bellas y adecuadas para el repertorio antiguo de nuestro país. La calidez de su timbre y su perfecta técnica hicieron de cada entonación, cada recitado y cada canto arioso un disfrute para los sentidos. Cabe destacar su capacidad expresiva para desarrollar los momentos álgidos de la melodía, como es el caso en "recordata est Jerusalem", con pequeños melismas alargados sobre un ostinato del bajo que concluyen en el mayor desarrollo de "auxiliator". Cerrando la lección, Pablo Zapico interpretó al laúd un preludio también de Couperin.

La tercera lección es más expresiva al estar escrita para dúo de sopranos. Ambas intérpretes fusionaron magistralmente sus voces en un discurso sublime, en el que el equilibrio y fluir de la melodía recordaba por momentos al "Duo seraphim" de Monteverdi. El canon y el contrapunto imitativo se alterna con pasajes homofónicos de ambas voces en el transcurso de esta última lección, siempre sostenidos sobre un sustrato armónico rico tanto en su desarrollo como en las glosas realizadas por los integrantes de Forma Antiqva.

Antecediendo el Magnificat Rami Alqhai interpretó Las voces humanas de Marin Marais a la viola de gamba, glosado por la tiorba de Daniel Zapico. Sin solución de continuidad se acometió por Lucy Crowe y Núria Rial el verso inicial del Magnificat de Couperin. Nuevamente, la coherencia interpretativa, la hermosa fusión de ambas voces y el estimulante acompañamiento instrumental despertaron el agrado e interés del público, que prolongó su ovación y obligó a salir a saludar hasta tres veces a los intérpretes.

Gonzalo Roldán

Concerti der Gebrüder Zapico

Toccata - Alte Musik Aktuell | 1 de julio de 2018

En la reseña de hoy del álbum Concerto Zapico Vol. 2 me gustaría presentar a unos jóvenes representantes españoles de la música antigua. Desde hace algunos años, cada vez son más los artistas excepcionales que escuchamos aquí, entre los que, sin duda, hay que contar a los hermanos Zapico. Los tres son del Principado de Asturias (Principau d'Asturies, en asturiano), un lugar famoso no solo por sus pueblos medievales, sino también por su estilo arquitectónico visigodo o, mejor dicho, asturiano, cuyos ejemplos más destacados se encuentran en la ciudad de Oviedo.

Asturias es una tierra con una cultura rica y antigua, que fue refugio de los visigodos antes de la llegada de los musulmanes y el punto de partida de la Reconquista española. Aquí nacieron los tres hermanos: Aarón en 1978 y los gemelos, Daniel y Pablo, en 1983. Los tres aspiraban a convertirse en músicos profesionales. Aarón estudió piano en el Conservatorio Superior de Oviedo y, después, clave en el Real Conservatorio de La Haya. Se especializó como director de orquesta y en interpretación histórica. En 1999, fundó junto a sus hermanos el conjunto de música barroca Forma Antiqva en Oviedo. Daniel estudió tiorba en Barcelona, en 2012 obtuvo un máster en musicología y, desde entonces, ha tocado con todo aquel que es alguien en el mundo de la interpretación histórica: Philippe Pierlot, Emilio Moreno, Christina Pluhar, Fahmi Alqhai, Enrique Solinís, Manfredo Kraemer, Gabriel Garrido, Chiara Banchini, Enrico Onofri, Margaret Faultless, Riccardo Muti, etc. Pablo también estudió guitarra en Barcelona y consiguió un máster en musicología el mismo año que su hermano. Desde entonces, ha tocado con grupos como la Akademie für Alte Musik Berlin, La Ritirata, El Concierto Español, Accademia del Piacere, La Real Cámara, European Union Baroque Orchestra, etc. Los tres son o han sido profesores.

En 2007, sobre el telón de fondo del conjunto de música barroca de gran formato Forma Antiqva, fundaron otro conjunto con el nombre de Concerto Zapico, la orquesta de cámara de Forma Antiqva. El grupo lo forman, por supuesto, los tres hermanos, además de alguna colaboración de vez en cuando. En este álbum, los acompaña David Mayoral (percusión). Sin embargo, tienen un problema: a la combinación de sus instrumentos le falta el componente melódico. Por tanto, simplemente transcriben la música de baile española e italiana de los siglos XVII y XVIII. Así han creado su propio sonido. En 2010, salió su primer álbum, Concerto Zapico, que ha recibido tantos premios y reconocimientos como las producciones del conjunto de mayor tamaño Forma Antiqva. El proyecto creció y, como consecuencia, se publicó Concierto Zapico Vol. 2.

¡Y aquí lo tenemos! Un trabajo enérgico y con carácter en el que los hermanos tocan sus propios arreglos de las obras de Sanz, de Murcia, Vitali, Kapsberger, Martín y Coll, Castaldi y otros tantos, veinte en total. Es música de baile, la mejor música de baile que existe, pulsante y conmovedora. «Canarios», «Las Folías», «Faborita» y «Fandango de Leitariegos» son algunos de sus temas, que representan éxitos de ayer y de hoy. Son el mejor ejemplo de interpretación histórica y es una forma ideal de buscar nuevos sonidos.

Robert Strobl
[Versión traducida del alemán por Forma Antiqva]

Neues von den iberischen Barockern

hr2 kultur | 6 de junio de 2018

Das kommt uns - ja! - spanisch vor: Die drei Brüder Zapico und der Perkussionist David Mayoral laden ein zum Tanz mit Barockmusik aus ihrer Heimat.

Cembalo, Laute und Barockgitarre. Drei Zupfinstrumente, das ist eine ungewöhnliche Besetzung. Aarón, Daniel und Pablo Zapico holen sich für ihr neues Album noch einen vierten Mann ins Boot. Den Perkussionisten David Mayoral. Er gibt der spanischen Tanzmusik des Barock den zusätzlichen Kick.

Concerto Zapico Vol. 2. Ein kurzweiliges Album: unterschiedliche Besetzungen vom Solo bis zum Trio mit Perkussion. Lebhaft Tänzerisches kombiniert mit Momenten der Melancholie und Entschleunigung. So entsteht ein Album, das man gern von Anfang bis Ende am Stück hört.

Zapico dos

La Voz de Avilés | 2 de junio de 2018

Aprovechando que la heroica ciudad dormía la siesta mientras hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, me dirigí a Madrid a la presentación del disco ‘Concerto Zapico Vol 2’. El ejemplo más actual de cómo la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, deja a pasos agigantados de ser el referente cultural que alguna vez pretendió y que fue perdiendo paso a paso entre revitalizaciones del género más chico y memos que van al teatro a patalear cuando una voz se dirige a ellos en una lengua culta que desconocen.

Me acerco a Madrid a sentir en directo un disco que llevo días usando como música de fondo y pretende reemplazar la de veces que escuché el fandango con el que se abría el primero. El directo siempre tiene algo de mágico. Me da igual estar delante de Lou Reed o Camarón en la plaza de toros de Vetusta, que del Botifarra o Eliseo Parra en el Tradicionàrius. Forma Antiqva suena a otro tiempo, quizás del futuro. Como las Pelayas. Como la txalaparta. Como Pete Seeger. Quizás de hacerme sentir una música que está ahí de siempre. Los fandangos son mi cultura tradicional. Es una chacona olvidada, un canto de quintos que seguimos cantando cuando bebemos de más y recoge Torner.

Me toma el pelo Daniel Zapico al final del concierto por haberme acercado a Madrid y que no hayan tocado el fandango de Lleitariegos. No es necesario. Todas las piezas que interpretaron vuelven a la vida en sus manos. Ese fandango tiene vida propia, es repertorio de gaiteros y curdioneros. Es el que menos necesitan tocar. Pero es el que, en el disco, los reivindica como parte de una música que perteneció a su padre, pero también a su abuelo y más atrás. Salí, en fin, encantado. ¿Que Vetusta se lo pierde? En verdad, Vetusta lleva tantos años durmiendo la siesta que ya no cuenta.

Ismael González Arias

Apocryphal Sonatas for Violin and Harpsichord

Gramophone | 1 de junio de 2018

This disc’s cover image – violinist Emilio Moreno selecting a patterned shirt from a bundle on a hanger, jacket gripped in his mouth as birds frolic in a nest atop his head, while harpsichordist Aarón Zapico stands by with his own head sliced open to accommodate an equally inhabited bird’s nest – makes one assume that there is some significance to be discerned. However, having pored over the booklet notes I still can’t explain with any confidence what’s going on here. My limp guess would be that, with the disc’s musical contents being four violin and keyboard transcriptions of Boccherini works which began life scored for other forces – two contemporary reworkings and two by Moreno and Zapico themselves – we might see the shirt shape as an ‘original design’, and choosing patterns akin to choosing which forces to rearrange it for. Maybe.

The booklet notes are a bit curious too, being a rebuttal against those who claim arrangements are less valid than ‘originals’; does anyone actually think that of 18th-century music, given we all know that everyone from Bach to Handel to Haydn recycled and recycled? My advice therefore is to focus entirely on this disc’s audio contents, because these consist of beautifully worked arrangements, brought off with a neat and gentle approach that’s a perfect fit for Boccherini’s dainty melodies. Moreno on his 1761 Gagliano is sunny of outlook and sweetly austere of playing style, articulation subtly detached, with vibrato switching between light and none. Zapico, meanwhile, is eloquent on a smoothly delicate and sonorous copy of a Spanish harpsichord; a keyboard nationality no doubt reflecting Boccherini’s adopted country, and an especially nice touch given it’s not one that crops up all that regularly on disc.

Disco Recomendado 5*

Revista Ritmo | 1 de junio de 2018

Disco Recomendado *****

Los Hermanos Zapico han comenzado 2018 cargados de proyectos. Tras la presentación de la ópera barroca Los elementos, con una entusiasta acogida y varios conciertos con su agrupación forma Antiqva, ahora llega “Concerto Zapico, vol. 2”, un CD con música de los siglos XVII y XVIII transcrita por ellos para tiorba, guitarra barroca y clave (órgano a veces). Tres instrumentos que normalmente serían solistas o acompañantes, nunca los dos a la vez, aquí se alternan ambas funciones como si volvieran a las prácticas de hace tres siglos. Los Zapico están demostrando en cada paso que sus trabajos son de una gran calidad y que sus propuestas de recuperación de patrimonio histórico siempre vienen envueltas de novedades tan interesantes como atractivas.

Para este Vol. 2 han seleccionado música de danza popular, que si bien pudieran ser reconocibles para un gran público, como Canarios de Gaspar Sanz, con los arreglos adquieren un nuevo aire, más propio de la música de cámara del barroco, con un aire jocoso y muy vistoso. Ayuda, y mucho, la enorme capacidad para la música de cámara de estos hermanos, tan necesaria para dar profundidad al género.

Esther Martín

Concerto Zapico bis

La Nueva España | 31 de mayo de 2018

Los hermanos Zapico son un ejemplo extraordinario de cómo el talento y la perseverancia unidos acaban dando fruto hermoso y exuberante. Han ido apostando cada vez por retos ambiciosos y de mayor envergadura y no por ello han dejado que se pierda el espíritu de su creación, la voluntad de hacer música de cámara desde un punto de vista muy personal, honesto y en el que nunca falta la adecuada dosis de riesgo que convierte cada nuevo proyecto en una verdadera sorpresa para el oyente.

No va con los Zapico aquello de que “segundas partes no son buenas”. Todo lo contrario. Ocho años después de que saliera su trabajo discográfico Concerto Zapico, que obtuvo un éxito arrollador, ahora vuelven por la misma senda con un Concerto Zapico, volumen 2. El punto de partida fue el de recolectar una serie de danzas españolas e italianas de los siglos XVII y XVIII. Al tocar clave y órgano (Aarón), tiorba (Daniel) y guitarra barroca (Pablo) se vieron en la necesidad de transcribir ellos mismos las partituras originales creando, de esta manera, un estilo propio peculiar y característico, una marca de la casa inconfundible que aúna perfección técnica y formal con mordiente expresivo vigoroso y una musicalidad arrebatadora.

Entre aquel trabajo discográfico y el que ahora está en el mercado median más de un centenar de actuaciones de los tres hermanos Zapico por medio mundo. Esto significa que, con el paso del tiempo, a lo bueno que había en el primer disco hay que añadir, madurez y experiencia, sin perder ni un ápice de la frescura de la primera entrega. Esta segunda, centrada en el repertorio de las danzas barrocas españolas, y que cuenta con la colaboración de David Mayoral en la percusión, es de una hermosura arrebatadora. Encontramos obra de autores como Gaspar Sanz, Antonio Martín y Coll, Santiago de Murcia, Francisco Tejada o Sebastián Aguilera de Heredia, entre otros muchos: fandangos, folías, canarios, jácaras... van sucediéndose con naturalidad y un magnífico criterio que es extensible a la cuidada selección de las obras.

Editado por Winter & Winter, discográfica de referencia, tiene amplia distribución internacional

Editado por Winter&Winter –una de las casas de discos de referencia en el sector – el disco tiene amplia distribución internacional. Sirva de ejemplo que en Salzburgo –uno de los epicentros musicales europeos– estaba en la principal tienda de discos de la ciudad austriaca compartiendo escaparate con las grandes novedades internacionales durante el Festival de Pentecostés. De este nivel es, por tanto, el camino que va abriendo “Forma Antiqva”.

Lo único que siento de su realidad actual es que, en su propia tierra, algunos sectores no muy documentados no acaban de calibrar lo significativa que la formación es para el Principado de Asturias y para una ciudad como Oviedo que trata de estar en primera línea musical en España. A ver si la luz que desprende Concierto Zapico, 2 acaba iluminando a quien todavía transita por las tinieblas tan dañinas de la ignorancia.

Cosme Marina

Vornehme Tänze

Pizzicato | 6 de mayo de 2018

Die drei Brüder Aaron, Daniel und Pablo Zapico setzen ihre Reihe mit spanischer Tanzmusik aus der Barockzeit fort mit Musik von Gaspar Sanz, Santiago de Murcia, Giovanni Kapsberger, Francisco Tejada u.a. Die Kollektion beinhaltet meistens eher ruhige und elegante Tänze, die ein gutes Bild von, höfischer Unterhaltung geben.

Remy Franck

Explosión del “seicento” italiano

Beckmesser | 5 de mayo de 2018

Explosión del “seicento” italiano

Obras de Marini, Falconieri, Merula, Carissimi, Kapsperger, Monteverdi, etc. Sara Mingardo, contralto. Forma Antiqva. Auditorio Nacional. Madrid, 3 de mayo de 2018

Jueves con llenos en las dos salas del Auditorio Nacional a pesar de jugar el Atlético de Madrid. Ibermúsica en la grande con la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo con Sakari Oramo en el podio, Nikolai Lugansky al piano y un programa popular con Brahms y Mahler. En la pequeña un recorrido por el “seicento” italiano, con muchas piezas de corta duración que permitieron comprobar la plena vigencia de unas músicas de hace cuatrocientos años, que supera la de otras obras muy posteriores.

A principios de este año disfrutamos de un concierto similar, con la misma Forma Antiqva pero con Caterina Antonacci como solista. El conjunto, que comanda Aarón Zapico, colabora asiduamente con el CNDM y, de hecho, el propio Zapico dirigió al público unas palabras para elogiar y agradecer a Antonio Moral el haber tenido tan presente al barroco en sus programaciones. Dentro de unos días se podrá ver un documental en cines sobre María Callas y en él se considera que hay un a.C y un d.C en la ópera. Esto es en parte verdad porque Callas recuperó el sentido al recitativo, un sentido que tuvo en los siglos XVI y XVII y que luego se fue perdiendo. En este periodo era fundamental la expresión, tanto en madrigales como en arias, y los artistas eran casi más actores que cantantes. Los espectáculos musicales de la época respondían a auténtico teatro. Tanto Antonacci, una voz en declive pero gran artista, como Sara Mingardo han tenido muy presente la necesidad de recitar y cantar expresando sentimientos. Esta contralto veneciana nos emocionó en todas las partes cantadas, por encima de alguna coloratura no muy precisa, pero muy especialmente en el monteverdiano “Lamento d’Arianna” por la profundidad con la que reflejo todos los estados de ánimo de la pieza.

Aarón Zapico aportó vitalidad desde el clave, siempre con el requerido sentido del ritmo y el color al grupo de dos violines, violonchelo, flauta de pico, tiorba y guitarra barroca. Fue hora y media, sin descanso, en el paraíso del nacimiento de la música.

Gonzalo Alonso

El canto bien dicho de Sara Mingardo y Forma Antiqva llena en Oviedo

El Comercio | 3 de mayo de 2018

La sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, ideal por sonoridad y cercanía para esta Primavera Barroca, se está quedando muy justa, por no decir pequeña, para el público creciente y variopinto que, concierto tras concierto, prácticamente ocupa sus más de cuatrocientas localidades. Excelente entrada volvió a registrar ayer para escuchar de nuevo a Forma Antiqva y a la cantante Sara Mingardo, bajo la dirección de Aarón Zapico, en un extraordinario viaje por las emociones y afectos contenidos en los madrigales y canciones del primer barroco italiano.

Junto a los hermanos Daniel, Pablo y Aarón Zapico, ejercieron como integrantes de Forma Antiqva Alejandro Villar (flauta de pico), Jorge Jiménez y Daniel Pinteño (violines) y Ruth Verona (violonchelo).

En el programa, obras vocales de Andrea Falconieri, Tarquinio Merula, Viagio Marini, Giovanni Salvatore, Carissimi, Kapsberger y, como figura central, Claudio Monteverdi. También aires y variaciones instrumentales de compositores de los siglos XVI y XVII, a caballo entre el manierismo y el barroco. Un programa donde una característica fue la continuidad. Por ejemplo, los acordes de una chacona servían de perfecta introducción a la siguiente aria.

Zapico: «Siempre hemos sentido que estábamos en casa, a pesar de los desacuerdos con la Administración»

Otra peculiaridad fue un ritmo afectivo muy evidente. Las primeras obras transmitían una placidez serena, la parte central estaba dedicada a los afectos y las emociones más extremas y la parte final fue de una clara alegría.

Sara Mingardo es una mezzo con sonoridades metálicas muy propias de una contralto. Su punto fuerte, más que cantar, es la manera, la forma de decir el canto. Y, cuando se trata de conmover, de emocionar, decir bien el canto es tan importante como entonar bien las notas.

Sin duda, el momento más cálido de su interpretación fue 'El lamento de Ariadna'. Sobre todo, la estrofa, que comienza 'Lasciatemi morire', cantada con una enorme profundidad y un gran poder de conmover.

Aarón Zapico, que recientemente vio cómo el convenio por el que la formación asturiana tenía su residencia oficial en el Auditorio ovetense se extinguía, en una breve intervención al final del concierto agradeció al Centro Nacional de Difusión Musical y al Ayuntamiento de Oviedo poder tocar aquí. «Siempre hemos sentido que estábamos en nuestra casa, a pesar de algunos desacuerdos con la administración. Y, para nosotros, es un privilegio que tenemos estar en Oviedo, con su maravilloso público».

Concierto aplaudidísimo en el que el respetable tuvo ocasión de escuchar no a «una leyenda del canto», como dijo el propio Zapico, sino a una mujer que sabe modular, decir y emocionar con la palabra y la música. Un recital en el que, como propina, interpretaron 'O bellissimi capelli', de Falconieri. Según comentaron, la primera aria que había estudiado en su adolescencia.

Ramón Avello

Apoteosis barroca en Oviedo

La Nueva España | 3 de mayo de 2018

La contralto Sara Mingardo y la agrupación asturiana "Forma Antiqva" hicieron un viaje por el siglo XVII italiano que enamoró al público.

La sala de cámara del Auditorio de Oviedo, casi con todas las localidades ocupadas, aclamaba a la contralto Sara Mingardo y a los integrantes de "Forma Antiqva" tras el concierto de ayer dentro de la Primavera Barroca. Al término del concierto, Aarón Zapico, director y clave de "Forma Antiqva" quiso agradecer al Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) y a Antonio del Moral y a Cosme Marina, programadores del ciclo, la oportunidad para permitirles tocar en Oviedo de nuevo. Zapico incidió en su eterna vinculación con Asturias, "independientemente de cualquier pacto o acuerdo" que exceda del ámbito musical. También tuvo palabras para Sara Mingardo y su magnífica disposición y, por supuesto, al público que llenaba la sala.

El programa que Mingardo y "Forma Antiqva" interpretaron ayer tarde giró en torno al "Seicento" (el siglo XVII en Italia) y su torrente sentimental, con obras de Monteverdi, Merula y Falconieri, entre otros.

Uno de los grandes atractivos de la velada fue la posibilidad de contar con la contralto Sara Mingardo, "una leyenda en materia de música antigua", como se refirió a ella Aarón Zapico. Su voz, potente, muy bien proyectada y con un color vocal hermoso, con un vibrato natural perfectamente controlado en todo momento.

Mingardo supo ser muy versatil a la hora de expresar todos los afectos escondidos en esta música. Otro aspecto importante fue la dicción y cómo la utilizó para enfatizar los cambios emocionales de los personajes que interpretó.

Desgarradora fue la interpretación del "Lamento d'Arianna", recreándose en la disonancia, muy dramática, pero creíble. Supo canalizar durante su actuación los diferentes estadios de desolación y rabia por los que pasa el personaje. "Forma Antiqva" no se quedó en un segundo plano a la hora de acompañar a Mingardo, sino que desempeñaron una función activa que repercutió en el buen balance sonoro de todo el concierto. También hubo espacio para la música instrumental, con incidencias en ritmos de danzas y explorando en materia de improvisación.

Los momentos virtuosísticos no fueron demasiados pero sí implicaron tanto a la contralto como a la agrupación asturiana, y el público los disfrutó enormemente, lo que se dejó sentir en sus aplausos y sus vítores.

Andrea G. Torres

Suenen los clarines

Mundoclasico | 25 de abril de 2018

El compositor mallorquín Antonio de Literes (1673-1747) subtituló Los elementos como “ópera armónica al estilo italiano” pero no hemos de entender tal afirmación en sentido literal, porque la obra asimila en buena medida el nuevo estilo importado de Italia, pero sin renunciar a la tradición del Barroco hispano. Como en tantas otras óperas, la calidad de la música es muy superior a la del libreto, repleto en este caso de versos tan biensonantes como llenos de tópicos y carentes de significado preciso. No hay una acción propiamente dicha, sino seis personajes alegóricos: la Tierra, el Aire, el Agua, el Fuego, la Aurora y el Tiempo, lo que emparenta esta obra con otros géneros musicales de la época.

Como acertadamente dice Andrea Bombi en su modélicas notas al programa, “lo único que realmente acontece en Los elementos es que surge el Sol, que con su aparición (…) restablece un orden roto en la inquietante y pavorosa oscuridad de la noche”. Tomás Muñoz firma una excelente puesta en escena que aprovecha muy bien las modestas dimensiones de la sala y en la que las cuatro cantantes que encarnan a los elementos se mantienen en una plataforma circular giratoria que ocupa el centro del escenario, mientras la Aurora y el Tiempo se sitúan en los extremos y el Sol es personificado por un bailarín, Rafael Rivero, que aparece al final de la función. Las sopranos que representan papeles con nombre castellano femenino van vestidas de mujer, en tanto que las cantantes cuyo personaje posee género gramatical masculino llevan ropa de hombre. Muñoz convierte el cuarteto de elementos en una doble pareja y establece una dialéctica amatoria gestual entre la Tierra y el Aire, por una parte, y el Agua y el Fuego, por otra; la Aurora, a la izquierda del escenario, muestra una imagen más sumisa, mientras el Tiempo, a la derecha, reafirma su inapelable autoridad con su largo traje negro y su bastón de mando. Tomás Muñoz hace una interesantísima mezcla entre ingredientes clásicos (los soberbios figurines monocromos de Gabriela Salaverri, inspirados en el vestuario de finales del siglo XVIII) y modernos, que casan bien con el carácter alegórico e intemporal del texto y con el decorado simbolista, tan sobrio como eficaz. Todas estas premisas son inmejorablemente aprovechadas por las espléndidas dotes actorales de todas las cantantes, reforzadas por una iluminación también extraordinaria.

El éxito sin paliativos que cosechó la representación que pude presenciar no habría sido posible sin un reparto vocal sin fisuras, en el que las seis cantantes brillaron a una altura sobresaliente. Eugenia Boix y Lucía Martín-Cartón aportaron la belleza de sus voces; Aurora Peña y Marifé Nogales, la portentosa facilidad con la que resolvieron las agilidades (como en “Suenen los clarines”); Olalla Alemán, el color mórbido y oscuro de su voz y Soledad Cardoso, la dulzura de su canto.

Por supuesto, también contribuyeron al merecido éxito del espectáculo los instrumentistas, que no en balde son algunos de los mejores músicos que en España se dedican al repertorio barroco, como la flautadulcista Tamar Lalo, los violinistas Daniel Pinteño y Pablo Prieto, el violagambista Alejandro Marías y los intérpretes de cuerda pulsada Daniel y Pablo Zapico. A la cabeza de todos ellos estuvo Aarón Zapico, que destacó tanto en su función de clavecinista como, sobre todo, en la de director musical de todo el conjunto.

Y, por más que no sea cantante ni instrumentista profesional, quiero reconocer aquí el buen hacer de Miguel Ángel Marín, uno de los mejores musicólogos de España, al frente de las actividades musicales de la Fundación Juan March.

José del Rincón

“Los elementos”, un canto a la luz

Beckmesser | 15 de abril de 2018

Animado espectáculo, incluido en el capítulo de obras escénicas de pequeño formato que la Fundación March, con la colaboración del Teatro de la Zarzuela, viene desarrollando en las últimas cuatro temporadas. Se hace ahora una primera excursión al barroco español de la mano de Antonio de Literes, uno de los compositores más importantes de fines del XVII y principios del XVIII. La obra elegida ha sido la tan famosa en su tiempo “Los elementos”, estrenada en el palacio de la Duquesa de las Torres hacia 1705.

En esta especie de divertimento o ballet barroco, bautizado como “ópera armónica al estilo italiano”, confluyen la mejor tradición del verso hispánico con el estilo venido de Italia, lo que era sinónimo de modernidad. Se nos muestra la lucha del Sol para imponerse sobre la Noche, como símbolo del triunfo del orden natural en el cosmos, pero también, y ahí está la gracia, a veces difícil de apreciar hoy en día, la organización social de aquella época. La luz que Felipe V de Borbón frente a la oscuridad del archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión.

La composición está cuajada de aires de danza, de recitados, de números a más de una voz, de coplas, de arias y arietas, algunas muy adornadas de trinos y agilidades de diverso cuño, de las que las seis gentiles intérpretes dieron buena cuenta. A destacar entre ellas, la coloratura desplegada por Aurora Peña, la solvencia y afinación de Eugenia Boix, el agradable vibrato de Olalla Alemán, la donosura de Lucía Martín-Cartón, la calidez de Soledad Cardoso y la seguridad de Marifé Nogales. Voces todas ellas, excepto las de las dos últimas, de estirpe aguda y clara (no tanto la de Alemán), amigas de sonidos tirando a fijos.

Los 36 números de la obra discurrieron placenteramente gracias a la fluida interpretación de los cinco instrumentistas de Forma Antiqua, con espléndidas intervenciones a solo del gambista Alejandro Marías. A su lado, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca, Daniel Pinteño y Pablo Prieto, violines, y Tamar Lalo, flauta de pico. Desde el clave Aarón Zapico gobernó y dio colorido musical al conjunto. Como en lo escénico hizo Tomás Muñoz, que movió con gracia a las cantantes, actualizó la alegórica acción y aportó acertados detalles de ingenio. Rafael Rivero, que tuvo una breve intervención final como bailarín, ideó la jugosa coreografía y Gabriela Salaverri otorgó su elegante y estilizado toque al vestuario.

Arturo Reverter

Esplendor de los elementos desencadenados

Periodista digital | 13 de abril de 2018

Pocas veces un espectáculo musical de cámara alcanza tal perfección, tal belleza y tal nivel artístico como este 'Los Elementos', dentro del ciclo Teatro Musical de Cámara de la Fundación Juan March, que es una de las grandes aportaciones a la vida cultural madrileña de la última década. Una revelación extraordinaria del suntuoso mundo del barroco musical hispano, ajustada al canon de la época: reparto exclusivamente femenino y orquesta de dimensiones reducidas.

Todo está exquisitamente diseñado a escala íntima en este gran trabajo de Tomás Muñoz, una dirección de escena no por sutil menos concisa, de tanta precisión como la que exigen los grandes teatros, pero con esa calidad depurada que se destila en los ámbitos recoletos, en este ambiente del salón de actos de la Fundación donde uno puede soñar estar en el palacio de la duquesa de medina de las Torres allá por 1705.

'Los elementos' de Antonio de Literes (1673-1747) fue compuesta en honor de ella y es un ejemplo paradigmático de ópera de cámara del barroco español tan infrecuente hoy en nuestros escenarios. Una narración mitológica que transmitía en su época unos significados bastante explíticos a través de sus alegorías: la lucha del sol para imponerse sobre la noche simbolizaba el triunfo del orden natural en el cosmos, pero también en la organización social de la época; en aquel momento, la luz que Felipe V de Borbón traería frente al archiduque Carlos de Austria en la Guerra de Sucesión que entonces se libraba en España. Confluyen en ella la mejor tradición del verso hispano con las novedades italianas de la música, materializadas en el uso de violines y la alternancia de recitativos y arias. Estos rasgos estilísticos se entendían entonces como sinónimo de modernidad. Los cuatro elementos alegan cada uno su valía destacada para sustituir al astro rey, pero cuando la Aurora le precede y el Tiempo impone al Sol de nuevo como cada día, todo vuelve al orden universal instaurado.

Estamos ante una coproducción excepcionalmente generosa para ópera 'de bolsillo', que podía subirse al escenario en simple versión estática de concierto, pero que -como tiene a gala este ciclo- ha sido escenificada con cuidadosa atención. Una preciosa escenografía sitúa a los músicos a ambos lados de la pantalla en la que un firmamento vivo e inspirado sirve de telón de fondo a la plataforma giratoria que para combatir la esencia narrativa de la pieza, su falta absoluta de trama y acción, ayudará al continuo devenir de la expresión corporal de los intérpretes buscando dotar de movimiento y de coreografía lo que nació inmutable.

Lo consiguen durante la mayor parte de la representación, aunque a pesar del esfuerzo, el movimiento escénico resulte un tanto repetitivo, lo que sería uno de los pocos aspectos de este espectáculo en los que se puede vislumbrar mejora. ¿A qué coste, introduciendo quizás más efectos especiales, otros acompañantes, movimientos colaterales?... No, no es nada fácil. Y es que los cuatro elementos -nombrémoslos ya, Tierra, Aire, Agua y Fuego- gozan de tan cuidada presencia, de un vestuario, maquillaje, peluquería y atrezo tan apabullante y completo, que con ondular suavemente un brazo, ya atraen a los espectadores. Iluminación y sonido colaboran a la perfección del conjunto. Una producción de matrícula de honor realizada sin mácula.

La arriesgada aportación masculina corre a cargo del bailarín Rafael Rivero, que debe con sus movimientos viriles subyugar a los elementos femeninos y hacer que los cuatro le rindan completa pleitesía, un planteamiento de concepto y de forma difícil de solucionar tan airosamente como él lo consigue.

La dirección musical de Aarón Zapico es impecable. La actuación de la orquesta barroca Forma Antiqva de alto nivel, y el engarce orquestal y vocal sin fallo alguno que pudiéramos detectar. Gran actuación vocal y actoral de las seis cantantes, con la mezzo Marifé Nogales en el podio vocal y la soprano Eugenia Boix en el estrado actoral, en la expresión y los ademanes tan cuidadamente sugerentes, tan espotáneamente medidos. Pero sería injusto no colocar por encima de las individualidades la armonía colectiva, la altura de un trabajo conjunto que, como pocas veces puede ocurrir, ofrece un surtido tan bonito de voces femeninas, un muestrario de mujeres elegantes y distinguidas a la antigua y sempiterna usanza que por sí sólo, podría borrar la gran ofensiva de feminismo masculinizante y de igualitarismo cercenador que viven los tiempos.

La calidad de la propuesta -¡gratuita!- que este miércoles despertó las delicias de un público afortunado, recibió justo homenaje final de los asistentes. Ello no obsta para que mencionemos algunos destacados precedentes como la grabación de esta ópera en 1994 por Carles Magraner y su Capella de Ministrers y su reedición hace unos años; la de Eduardo López Banzo con Al Ayre Español en 1998 (accesible en Spotify). Y la representación en vivo hace un año en la New York City Opera, con dirección musical de Pacien Mazzagatti y dirección de escena de Richard Stafford.

Esta ópera de esencia musical española florecida de aires italianizantes; de argumento tan sugerente, tan original y tan moderno conceptualmente; y de texto tan soberbio, resulta absolutamente actual, ejemplarizante de un bucle histórico y cultural que se nos intuye, en el que el Barroco lleva tiempo emergiendo como complemento inspirador para superar los callejones sin salida en los que todos los artes se hayan hoy inmersos.

Hace tiempo que reclamamos para la Fundación Juan March los máximos galardones culturales por su excepcional aportación de las últimas décadas. Insistimos en ello. Y mencionaremos finalmente al responsable del departamento musical de la Fundación, Miguel Ángel Marín, que no poco mérito también merece.

José Catalán Deus

Forma Antiqva une Las cuatro estaciones de Vivaldi a Britten en Barcelona

Platea Magazine | 31 de enero de 2018

Feliz retorno de los hermanos Zapico y compañía junto al violinista tirolés Johannes Pramsohler a una sala abarrotada dentro de la cuidada temporada de Ibercamera. Lo hacían con un programa estético bien definido, intercalando Benjamin Britten entre los conciertos vivaldianos, y con ese interés que siempre despierta su lectura de Las Cuatro estaciones desde la grabación lanzada hace seis años. Sin faltar detractores, a lo largo de esta última década Forma Antiqva se ha ido consolidando como una formación de referencia, y será una buena noticia si los podemos escuchar de nuevo la temporada próxima en Barcelona.

El conocido Concerto alla rustica, contemporáneo de los cuatro conciertos-estaciones, abrió la cita. Ligado coyunturalmente al Ospedale della Pietà, demanda la frescura de una danza. Y así lo fue, particularmente favorecido por la ligereza del continuo desde la secuencia de octavas en el Presto. En suma, fue un preludio de lo que nos esperaba donde la formación, desde el sonido redondo y la ductilidad hasta las dinámicas extremadas en ese giro epilogal y expresivo hacia el modo menor del Concierto, puso sus cartas sobre la mesa. Tras ello, una de las sonatas en trío escritas por Vivaldi “Per sua Eccelenza Signor Conte Wrttbij”: Johann Joseph von Wrtby, noble bohemio gran aficionado a la ópera –presente en el estreno praguense de Farnace y en el estreno absoluto de Argippo en Praga– e intérprete de laúd, que tiene una centralidad a lo largo de los tres movimientos siguiendo la forma de los conciertos. En este caso, con un preciso Pablo Zapico desde el archilaúd. Algo descentrado comenzó Jorge Jiménez, que sin embargo después logró una íntima sintonía con Zapico, y una intérprete muy consistente fue Ruth Verona desde el violonchelo barroco. Como en el Concierto ripieno que inició el programa, el Concierto para cuerdas en do mayor, exige por igual despliegue enérgetico y equilibrio sonoro. En este dominó el valor contrastante de nuevo, y entre la agilidad de la cuerda sobresalió la solvencia y pulcritud de Daniel Zapico en la tiorba, tanto como el dispendio de implicación y gestualidad agitada de Jorge Muñoz al contrabajo barroco, pero siempre gobernado por el sentido del matiz y el esmero en la administración del arco y la claridad en la digitación.

La primera parte se cerró con un aparente salto a los años treinta del XX: la Sinfonía simple de Britten. Aparente porque se buscaron complicidades en concepto y sonido que resultaron atractivas y coherentes. Una apuesta, la de vincular el XVIII con el XX, muy explorada hace una centuria. Desde 1915 la Sociedad Nacional de Música programaba en Madrid Vivaldi junto a Bartók, mientras Adolfo Salazar leía misa desde la Revista Musical Hispanoamericana, y en Barcelona la Associació de Música da Camera hacía lo propio con Bach y Ravel entre otros, desde 1913. La obra de Britten, de juventud y concebida para músicos amateurs, pronto escapó a los propósitos del propio compositor. Bañada por las turbulentas aguas del Mar del Norte británico en Lowestoft, representa una mirada sintética sobre sus primeras canciones y piezas para piano, que datan de los años veinte. Sintética y estilizada, desde el trabajo formal que ya en la siguiente década estaba capacitado para desarrollar, como muestran sus pasajes fugados o su convincente labor de orquestación. Para el “bullicioso” primer movimiento (Boisterous Bourrée) se eligió un tempo lento y una gestión muy particular de las dinámicas, así como un vibrato comedido. Más allá de algunos desajustes en afinación de las violas en el último movimiento fue una interpretación de rotunda musicalidad, lograda mediante un sonido expansivo y contrastante que es casi un sello personal de la formación. Eso sí, no siempre son toses y móviles: una insoportable vocalización de una cantante situada en otra sala del Palau invadía la sala de conciertos y desconcentraba constantemente entre movimientos o en pasajes de pianissimo. Inexplicable.

La culminación llegó con Las cuatro estaciones: la dirección enérgica de Zapico desde el clave se tradujo en una relectura estimulante, dotada de gran riqueza tímbrica, dándole un nuevo relieve a la partitura. Como si subrayaran los bordes y aristas de este música para dotarlas de redondez y sensualidad sin deshacer su estructura. Sin pretender trasladar sin más universos muy distintos, uno siente que la lectura triunfa allá donde falla Max Richter que se revuelve, con un espléndido ejercicio de banalidad, contra la omnipresencia banal de los cuatro primeros conciertos de los doce que componen Il Cimento dell’armonia e dell’inventione. Haciéndolas dialogar con los albores del siglo XXI, la formación asturiana muestra y demuestra que Las Cuatro Estaciones aguantan el paso del tiempo, porque son una obra de arte. En su concepto, el tejido contrapuntístico siempre se deja a expensas de la imagen plástica, del andamiaje dramático en el que se apoya toda la profunda hermenéutica de la dirección, muy celebrada por el Palau. Por su parte, excesivamente rígido e incluso algo errático, el celebrado violín de Pramsohler tardó en entrar en la música, pero cuando lo hizo desplegó su talento in crescendo hasta el segundo bis, un ornamentado Largo del invierno vivaldiano.

En suma, un prete rosso servido con un novus spiritus, revisitado creativamente y alumbrado por Britten y por el concepto musical de la formación asturiana, ofrecido con entrega y honestidad. Decía Paul Bekker a final de los años veinte que se podrán reconstruir las formas del XVIII pero no trasplantar su espíritu: cuando uno pretende lo segundo suele desembocar en el manierismo o el academicismo estéril, y en cualquier caso en un callejón sin salida. Y eso vale tanto para la creación como para la dimensión creativa de la interpretación. Por eso precisamente puede Forma Antiqva vincular Vivaldi y Britten entre ellos y con nosotros, con naturalidad, actualizando la misma conciencia en nuestra época para que siga entrelazándose en las regiones subterráneas de la historia. Porque en efecto, como recordó el director langreano al acabar, “Vivaldi y Britten hablaban de lo mismo”. De las emociones del ser humano y la empresa siempre incompleta pero maravillosa de capturarlas musicalmente, aunque arrojemos tantas veces al olvido a los que han vivido o viven para intentarlo.

Diego A. Civilotti

Antonacci: las emociones del “Seicento”

Beckmesser | 13 de enero de 2018

“Disprezzata regina”: obras de Castello, Falconieri, Marini, Strozzi, Scheidt, Merula, Uccellini, Frescobaldi y Monteverdi. Anna Caterina Antonacci, soprano. Forma Antiqua. Director: Aarón Zapico. Madrid, Auditorio Nacional, sala de cámara. 10 de enero de 2018.

La sesión, dominada por la descomunal figura de Monteverdi, ha ofrecido un pequeño resumen de la escritura vocal e instrumental del Seicento, que se ha desarrollado bajo el lema “Un viaje por las emociones del Barroco en un prólogo y cinco actos”. Sus títulos: “Del desprecio”, “De la melancolía”, “De la batalla”, “Del lamento” y “Del perdón”. Ante nosotros han desfilado muy hermosas composiciones que describían los más variados estados de ánimo con el fulcro soberano de las tres óperas completas monteverdianas y de la que quedó incompleta, Lamento d'Arianna (1623).

Una magnífica sesión trazada de una sola vez a lo largo de 75 minutos, con la única interrupción de los aplausos que han premiado la honda y lacerante expresividad de Antonacci en esa última página, en la que, como en toda la sesión, ha estado milagrosamente unida al conjunto. El continuo (Ruth Verona, chelo, Daniel Zapico, tiorba, Pablo Zapico, guitarra barroca y Aarón Zapico, clave) ha funcionado como un reloj.

La soprano –antes mezzo- italiana, que ha cumplido ya los 55, ha puesto de manifiesto una vez más su categoría artística. Aunque la voz ha perdido tersura y en su emisión aparecen ahora, de vez en cuando, sonoridades espurias, la fuerza de su canto, dentro del estilo, pero con empleo de acentos y efectos modernos, es tal que acaba por convencer. Sabe matizar, pasar del forte al piano, modular, frasear con extrema nitidez y dibujar hermosos arcos dinámicos. Ya desde los refinados melismas de “Così mi disprezzate” de Frescobaldi, con descenso al la 2 y poco después del maravilloso recitado de Ottavia de “L'incoronazione di Poppea”, nos dimos cuenta de que estábamos ante interpretaciones originales y convincentes, en las que la voz iba del íntimo susurro a la exclamación estentórea.

El concierto concluyó en belleza con el jubiloso canto de Orfeo (una concesión en un papel que está escrito para tenor), “Vi ricorda, o bosch’ombrosi”, en donde Forma Antiqua evidenció nuevamente su sentido del ritmo, su conjunción, su imparable animación y su capacidad colorista empujado desde el clave por la mano diestra, ágil y conocedora de Aarón Zapico. Alejandro Villar se lució con las flautas de pico y Jorge Jiménez y Daniel Pinteño estuvieron justos, afinados, impecables con sus violines. Éxito colosal a sala abarrotada. Y un bis: la citada página de Orfeo.

Arturo Reverter