Prensa Press 2017

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Forma Antiqva en The London Music N1ghts del Café Comercial

Platea Magazine | 13 de diciembre de 2017

“Hay que sacar la música del Auditorio…debemos estar conectados con toda la sociedad. Si no, ¿qué somos?, tan solo un viejo museo tocando lo mismo una y otra vez” nos comentaba David Afkham en una reciente entrevista. Las London Music Nights que ha puesto en marcha una marca de ginebras en el remozado Café Comercial suponen un intento de hacer precisamente esto. Buscar alternativas a esa pesada pátina de rigidez y ceremonia que domina los espacios de la música clásica y aproximarla a la atmósfera desahogada de un club de música urbana. Y a juzgar por los artistas del programa para la temporada, lo hace sin sacrificar por ello ni un ápice la calidad artística.

“Esta es una música muy actual”, nos comentaba uno de los hermanos Zapico al abrir un programa centrado en el siglo XVII, “porque conecta con los temas de hoy”. Esta debe ser una de las razones, pero hay más. Esa manera suya tan libre y personal de interpretar y ese espíritu respetuoso pero desenfadado, son al menos tan importantes para dotar su propuesta de actualidad.

Los Zapico son un referente en su repertorio y demostraron por qué con casi dos horas de concierto en los que la atención del público no decayó. La comunicación entre los hermanos es evidente y, a través de ella, logran convertir una aparente dificultad en su mayor virtud. Tocan unos instrumentos originalmente diseñados para el acompañamiento que mediante sus arreglos y de ese lenguaje fraternal que dicen haber inventado, se convierten en un permanente ejercicio de cortejo. Cada miembro del trío contribuyó a su manera. La tiorba, virtuosa pero también capaz de una deliciosa y doliente sensibilidad en las Españoletas; la guitara, cálida pero también delicada e íntima en el Grabe y Allegro de Murcia; y el clave, alegre, ágil y poco resignado a una función de acompañamiento. Los tres solistas, los tres corales

La cercanía con el público presidió una actuación magnética, se creó una proximidad construida sobre varios elementos: las simpáticas explicaciones de los temas que iban a tocar, el propio repertorio español -lleno de familiares fandangos y de ritmos populares- y sobre todo, cierta desfachatez en ese aire vanguardista de ensamble de jazz. El aroma a enebro y el generoso tamaño de los gin-tonics en la sala combina bien con los ritmos italianos y españoles que dominaron la velada. Curiosamente, las adaptaciones de arias de ópera, normalmente más resultonas, se convirtieron en material de relleno frente la energía hipnótica de las danzas. Son versiones a modo de “estándares” que contienen momentos de inaudita modernidad, en las armonías de la Bergamasca o en los arreglos y cambios de ritmo de las Folías.

Scarlatti y su Fandango, energético, bailable y también bailado por las cabezas de un público con al menos una copa encima, puso final a una experiencia que debe repetirse, que tiene que normalizarse como parte de la oferta musical. Lejos de cargantes criterios historicistas que en tantas ocasiones dominan la música antigua, la creativa propuesta de los Zapico en compañía de buenos destilados supone un espacio de crecimiento para la música, una mirada fresca hacia el pasado, y un ejercicio de libertad en el presente.

Juan José Freijo

Un sarao entre endrinas

Scherzo | 12 de diciembre de 2017

Hubo un tiempo (hablamos de los años 70 y 80 de la pasada centuria) en que la única posibilidad de escuchar en Madrid música antigua y, más concretamente, música barroca pasaba por asistir a un café-bar llamado La Fídula (sigue existiendo, pero ahora con propuestas muy diferentes). Hoy en día, la oferta de música antigua que tiene la capital de España es, por suerte, una de las más importantes —por cantidad y por calidad— de Europa. Sin embargo, son muchos los veteranos adictos a repertorio antiguo que extrañan aquella veladas de la calle Huertas. Ese espíritu perdido se está recuperando gracias The London Music N1ghts, iniciativa que tiene lugar en el Café Comercial cada segundo lunes de mes. En un ambiente distendido —bastante alejado del tradicional de los los conciertos de la llamada música clásica—, entre gin-tonic y gin-tonic, el turno en diciembre ha sido para los tres hermanos Zapico: Daniel, Pablo y Aarón o, lo que es lo mismo, Forma Antiqva en su edición de bolsillo.

Los Zapico acumulan muchos méritos en su haber desde que hace ya tres lustros iniciaran su andadura, pero sin duda alguna el más notable de esos méritos es el de reinventarse cada día. Solo así se entiende que sean capaces de confeccionar un programa con un orgánico (tiorba, guitarra y clave) para el que no hay escrita ni una sola nota en la historia de la música. Ello supone que además de tocar (y bien, como lo hacen ellos), tienen que acometer previamente un arduo trabajo de reescritura, de adaptación, de transcripción o de arreglo (lo que prefieran) de las obras que forman parte del programa. En este caso, de autores españoles e italianos, con alguna que otra incrustación francesa (Corbetta, Rameau...) o, incluso, austriaca: ni mas ni menos que compostura del aria mozartiana Deh viene alla finestra, de la ópera Don Giovanni.

Las obras de Gaspar Sanz y de Francisco de Murcia (guitarristas por antonomasia del Barroco ibérico, con Guerau, por supuesto), unidas a otras de las que compilaron en sus colecciones Antonio Martín y Coll y Francisco de Tejada, sonaron lozanas y jaraneras en este festín entre endrinas que se montaron los Zapico en el Café Comercial, junto a las de aquellos italianos que, como Kapsberger o Vitali, se dejaron seducir por ostinati de procedencia ibérica, bien peninsular, bien ultramarina (chaconas, folías o pasacalles, por ejemplo). Y con un remate antológico y extraordinariamente sui generis: el Fandango de Scarlatti.

Si en aquellos tiempos esta música, de inequívoca y profunda raíz popular, sonaba siempre en entornos festivos y bullangueros, no se me ocurre mejor extrapolación temporal que la vivida este último lunes en el Café Comercial. Un sarao en toda regla.

Eduardo Torrico

Pergolesi sacro-profano

Schertzo | 31 de octubre de 2017

El Stabat Mater es la obra más célebre de Giovanni Battista Pergolesi y, probablemente, una de las que más claramente se identifican con el periodo Barroco. Ello, gracias la infinidad de grabaciones discográficas que se han hecho y que se siguen haciendo de ella (no hay mes que pase sin que surja una nueva). Paradójicamente, el Stabat Mater de Pergolesi no es frecuente en las programaciones. Ni siquiera en las de música religiosa. Y tampoco es habitual que una orquesta española lo interprete. Ahí radicaba en buena medida el atractivo del concierto ofrecido el pasado sábado por la formación asturiana Forma Antiqva, que lo hizo acompañar de dos Salve Regina, uno debido al propio Pergolesi y otro, a Leonardo Leo (dos de los más destacados compositores de la escuela napolitana de la primera mitad del siglo XVIII).

El programa incluía también, a modo de inicio del Stabat Mater, una obertura para múltiples instrumentos de Vicente Basset, compositor del que se tienen muy pocos datos, salvo que fue el primer violín de la orquesta del Real Coliseo del Buen Retiro desde 1748 (falleció en 1762). Quizá la presencia de esta obertura resulte discutible en un programa eminentemente napolitano, ya que la música de Basset es deudora de la escuela milanesa, que tuvo su mejores exponentes en Sammartini (Giovanni Battista), Cheleri, Brioschi, Zappa y Ricci.

El concierto comenzó con la bellísima Salve Regina de Leo, que bordó Eugenia Boix. La soprano aragonesa lleva tiempo en estado de gracia y aquí lo demostró una vez más, permitiéndose incluso un Do sobreagudo. No solo se la vio holgadamente cómoda e insolentemente segura, sino que evidenció disfrutar con esta música, sacra, sí, pero con un inequívoco sesgo teatral. No le anduvo a la zaga, en el otro Salve Regina que hubo a continuación, el contratenor de Carlos Mena, con quien se agotan los calificativos elogiosos cada vez que actúa. Su emisión es siempre cristalina y su proyección no tiene parangón entre los de su cuerda. Pero lo que más impresona de él es sentimiento que pone en cada nota.

Boix y Mena hicieron juntos, tras la pausa, un memorable Stabat Mater. Hondo, enternecedor, emotivo... Pero, también, esplendoroso. En eso tuvo también mucho que ver la enérgica dirección de Aarón Zapico al frente de Forma Antiqva, con una sección de cuerdas exquisitamente tersas y con un bajo continuo creativo y suntuoso (Josetxu Obregón, violonchelo; Pablo Zapico, archilaúd; Daniel Zapico, tiorba, y Jorge Muñoz, contrabajo... y sin órgano). ¡Cualquiera diría que Forma Antiqva había tenido esa misma mañana dos funciones en el Teatro Real con el Dido y Eneas de Purcell!

Eduardo Torrico

Algo muy necesario

Scherzo | 31 de octubre de 2017

Escondida en una presunta leyenda hipster, el Teatro Real presentaba un Dido y Eneas con un trasfondo muy actual y en un montaje dirigido a jóvenes (a partir de nueve años, según el programa) que muchas veces son olvidados por los programadores de los grandes teatros en aras de proyectos pedagógicos para públicos más infantiles.

El mensaje cala hondo, aunque es solo hacia el final de la función, coincidiendo con el pulso dramático de la ópera de Purcell, cuando se hace más patente que esta estamos ante una historia con claro reflejo en la sociedad actual y que invita a la reflexión.

El silencio lo decía todo. Los chicos y chicas del público (algunos quizás demasiado jóvenes) se comportaron mucho mejor que lo que acostumbra en ocasiones el público habitual, y la atención y tensión se mantuvieron incluso en las situaciones pretendidamente cómodas pero cargadas de amargura y acidez. Símbolos claros con recursos limitados, un acierto, aún cuando iluminación, vestuario y textos podrían haber ofrecido más matices.

En el apartado musical, la función creció en calidad tras un inicio poco convincente y muy desafinado en las cuerdas (frotadas), que fueron templándose e hicieron olvidar posibles problemas técnicos a medida que avanzó la función.

Adriana Mayer conformó una Dido de extraordinaria afinación y homogeneidad en todo el registro vocal, con agudos preciosos y unos graves libres, y un personaje discreto y perfectamente adaptado a la versión. El Eneas de Diego Blázquez fue el rol mejor actuado de todos, mostrando variadas facetas dramáticas (desde la comedia hasta la tragedia) acompañándose siempre de una voz natural bellísima, y la Belinda de Sandra Redondo dejó traslucir la oscuridad de un personaje siempre ambiguo.

El coro, verdadero protagonista de esta ópera de pequeño formato, fue asumido por el resto de solistas. Estos han de hacer frente a pequeños pero complejos papeles manteniendo el tono dramático y afrontando las no pocas dificultades musicales de la partitura teniendo en cuenta que se cantan a uno por parte.

Impactante y extraordinaria la persecución de Acteón que regaló Aurora Peña y muy convincente y brillante en su ornamentación el contratenor Konstantin Derri, vestido de repulsivo oso de peluche gigante, acompañado de Urszula Bardlowska, una de las mejores voces de la producción, en el papel de segunda bruja. Completaban el reparto un discreto Thiago Vaz y el bajo Javier Povedano, que desplegó una ominpresente vis comica además de unos poderosos graves.

En lo instrumental, el continuo dejó destellos de belleza e imaginación, aunque se echó de menos algún color más, ya que el chelo no apareció prácticamente en ningún momento y fueron solo Daniel y Pablo Zapico quienes sostuvieron el bajo con instrumentos de cuerda pulsada.

Aarón Zapico acertó plenamente con la dirección musical de una ópera de la que es difícil extraer más jugo del que ya se ha obtenido en las múltiples versiones existentes. Con un gesto muy musical, clarísimo y que se adaptó perfectamente a los colores y situaciones dramáticas de cada momento, Zapico ajustó y concertó cada escena con precisión no exenta de comunicación para los músicos y para el público.

En resumen, otra producción muy necesaria resuelta con lucidez. Pedagógica pero no paternalista y sin edulcorantes, en una línea que se antoja imprescindible para construir un público —el preadolescente y adolescente— que será el que garantice que los auditorios se llenen dentro de unos pocos años, y al que los programadores tendrán que prestar cada vez más atención.

Daniel De la Puente

Medea, tonadillas, písn? z Auvergne a Petr Wajsar v Operním panoramatu Heleny Havlíkové

Lidovky | 6 de junio de 2017

Špan?lská linka Pražského jara je bezesporu oživením p?i objevování u nás p?ece jen mén? známé kultury, nicmén? výb?r pozvaných um?lc? by m?l být prov??ován d?kladn?ji.

Program souboru Forma Antiqva zn?l zajímav? - prost?ednictvím skladatele Blase de Laserny (1751-1816) toto komorní uskupení se specializací na starou hudbu p?ivezlo tonadillas escénicas , specifický žánr špan?lského hudebního divadla p?elomu 18. a 19. století. Tyto scénické kuplety s písni?kami a pop?vky vycházejícími ze špan?lského folklóru v kombinaci s vlivy italské opery a jejími koloraturními áriemi byly u divák? velmi populární. Krátké deseti – dvaceti minutové výstupy na témata z b?žného života, ?asto se satirickým ost?ím, oživovaly p?estávky mezi „vznešenými“ zarzuelami na mytologické nám?ty. P?edstavení se provozovala za vstupné v tzv. corral de comedias, ve?ejn? p?ístupných ?áste?n? zast?ešených divadelních dvorech.

Provedení souborem Forma Antiqva však m?lo k „oživování“ daleko. Díla sama p?itom vtip nepostrádají: program zahájil sólový kuplet Staré Hispánie (soprán), která pohoršen? „lkala“ nad ztrátou starých dobrých mrav?, a uzav?el sólový kuplet Moderní Hispánie (soprán), která sice horliv? obhajuje moderní „výst?elky“, ale na záv?r p?iznává, že sv?t se m?ní k horšímu. Mezi t?mito sólovými tonadillami zazn?l kuplet s jednoduchým p?íb?hem Regenschoriho dcery (soprán), za kterou tajn? chodí Lazebník (tenor). Jednou je však otec (baryton) p?istihne a po handrkování o v?no a manželskou v?rnost scénka kon?í smírem a svatbou.

Je otázka, nakolik bylo Rudolfinum tím nejvhodn?jším prostorem pro takovou produkci. Forma Antiqva zvolila poloscénické provedení s n?kolika moderními židlemi kolem orchestru na pódiu a sólisty v kostýmech – Stará Hispánie se v rudých p?iléhavých šatech ovívala v?jí?em, zatímco ta Moderní nakrá?ela v p?iléhavých kalhotách a po?izovala si s hrá?i orchestru sefl?íka. Lazebník v bílé halen? a krémové vest? a kalhotách máchal ru?níkem, Regenschori sv?j status vyjád?il ?erným oblekem, kloboukem a h?lkou. Dcera z?stala v rudých šatech. I když se sólisté snažili o jednoduché, však prvoplánové herecké akce, protože neum?li své party kompletn? zpam?ti, uchylovali se k notovému pultu. Sopranistka Ruth Iniesta má sice pr?razný subretní soprán a nazna?ila i smysl pro humor a nadsázku, ale na dva sólové výstupy a postavu Regenschoriho dcery byla škála jejího p?veckého i hereckého projevu jednotvárná. Tenor Juana Manuela Padróna a zejména baryton Sebastii Perise zanikaly i p?i doprovodu komorn? obsazeného orchestru s dvojicemi fléten, lesních roh?, houslí a violoncellem, kytarou a cembalem. Orchestr pak vedením cembalisty Aaróna Zapica hrál navíc nep?esn?, mdle a hlavn? v p?ípad? prvního houslisty zoufale falešn?.

V konkurenci našich soubor?, které se specializují na starou hudbu a uvád?jí i scénické žánry – Collegium 1704, Collegium Marianum nebo Ensemble Baroque, Forma Antiqva neobstála. Vystoupení navodilo nep?íjemné asociace se „zájezdovkami“, kdy se na „oblasti“ prodá i to, co by v metropoli neobstálo. P?ivézt takový program na prestižní festival, jakým je Pražské jaro, byl omyl.

Music from behind the Pyrenees

Harmonie | 4 de junio de 2017

Prague Spring this year offered two very unusual meeting with senior Spanish music, two concerts and two different programs, under which it was but in both cases signed by Aarón Zapico , harpsichordist and artistic director of two ensembles ( Concerto Zapico and Forma Antiqua ). The first performances in the church. Anny (Prague Crossroads, 28. 5.) was fully devoted to instrumental music for plucked instruments from the 16th to the 18th century. In a modest baroque guitar composition ( Pablo Zapico ), theorbo ( Daniel Zapico ) and harpsichord warmed up the trio of brothers long series of dances and variations. Dominate policy Spanish composers or modifications Italian repertoire. Dramaturgical framework was built impressive: at home fandango by José de Nebra y Blasco (1702-1768), the most famous member of numerous musical family, the Golden Mean anonymous diferencias (ie. Variations) on the film which attracted perhaps the greatest interest of the audience, and finally fandango another, this time from Domenica Scarlattiho, Spanish composer seated and perfectly familiar with the traditions. These songs also received the greatest opportunity virtuosity and long gradation area for this repertoire so typical. Conceived of solo pieces that were Jácaras by Gaspar Sanz, where his art showed Pablo Zapico. Apart from the typical genre features interpretive approach Zapico brothers in the whole characterized by rather unpretentious and refreshingly modest approach that could possibly surprise some listeners. Also, the rate was chosen rather to the idea well articulated rhythms with regard to this repertoire not entirely favorable acoustics of the temple area. Audience favors the concert was finally rewarded with a very stylish addition, because canzonetta Mozart's Don Giovanni.

Music from behind the Pyrenees

Harmonie | 4 de junio de 2017

The second concert, 30. 5. Hall of the Rudolfinum, presented a repertoire of well-known and even less actually very local. There were three tonadillas, short dramatic sketches, which usually form intermezzo, Madrid dominated theaters during the Enlightenment. The author was a master of the genre, Blas de Laserna (1751-1816), whose songs of the evening added a few more sentences from Vicente instrumental Bassett (1748-1762). Lasernovy tonadillas are notable for their high and low mixing style while Spanish and Italian elements. The result is an original, almost pololidové theater, reminiscent of both vaudeville and early Singspiel Central European and Italian opera buffa. Durability and attractiveness tonadillas however, is acting primarily on the implementation and timeliness comic, sometimes downright satirical content for multilayer communication between artists and audience forming one community. This in a foreign environment, natural barrier partially reduced as translations in the program, and especially their own productions of artists poloscénickým. (Light reduction, especially in the second tonadille was not due to these circumstances detrimental things.)

The biggest recognition it deserves Ruth Iniesta , who with unflagging energy "handles" all three tonadillas, and its breakdown, but still pleasant soprano voice and comic verve filled the entire Rudolfinum. The first and third were tonadilla solo singer turned first in ancient and modern subsequently Hispania - in both cases constitute the majority of the content of the criticism of contemporary manners. In the second tonadille classic scene, unmarried lovers p?istižených father of the girl, they performed well baritone Sebastia Peris and tenor Juan Manuel Padrón , with a very characteristic and comic role barber fitting timbre. Although the instrumental accompaniment was stylish, but after one player violin against a pair of horns were in the constellation personnel and simplicity of the musical score, not the best choice. Convincing effect were rather in slow movements, in particular combinations classicist flute guitar created impressive and unexpected atmosphere. The overall performance of the ensemble left the festival audience rather less impressed, but the concert brought in the country otherwise unattainable experience and familiarity with remarkable aspect of Spanish musical culture.

Elementarkräfte

Musik & Theater | 1 de junio de 2017

Als Menschen rationale Erklärungen fu?r Elementarkräfte noch fehlten, erfanden sie personifizierte Mythen. Auf die polynesische Göttin Pele bezieht sich der niederländische Cellist und Komponist Ernst Reijseger im Sujet seiner «Volcano Symphonie», die er als Klangdrama fu?rs Barockensemble Forma Antiqva inszeniert hat. Ihre Doppelidentität (Zerstörung und Fruchtbarkeit) ist in ätherisch-wortlosem Sopran von Eugenia Boix und stetem instrumentalen Spannungsverhältnis präsent, das Ernst Reijseger gemäss der unorthodoxen Besetzung wie Orgelregister arrangiert hat. Insbesondere Blockflötentimbres geben dem Werk schon in der Eröffnung originäres Gepräge, wo sich in einer konsistenten Akkordstruktur kleine Tonzellen tummeln. Diese dichten «Lavaschichten» kommen durch weiter differenzierte Ornamente und eingelagerte Cello-Improvisationen langsam in Bewegung, und es entstehen andere Konstellationen wie Antifone, filigran-sakrale ChoralPassagen bis zum fertil spriessenden polyfonen Motivmuster, das schliesslich als Concerto grosso triumphiert. So ist dieser Vulkanmythos keine naturalistische Nachahmung, sondern eine zwar durchaus assoziative, aber vor allem epische Komposition, deren Energien Aarón Zapico mit Umsicht lenkt und klare Formen gibt. Grandios.

Hans-Dieter Gru?nefeld

Ruth Iniesta a špan?lské scénické kuplety

Opera+ | 31 de mayo de 2017

T?etí setkání se špan?lskou hudbou na Pražském jaru se neslo v duchu staré hudby. 30. kv?tna v Rudolfinu hostoval soubor Forma Antiqva pod vedením cembalisty Aaróna Zapica a s trojicí mladých p?vc? Ruth Iniestou (soprán), Juanem Manuelem Padrónem (tenor) a Sebastiou Perisem (baryton). Na programu byla scénická hudba osmnáctého století, tonadilly Blase de Laserny.

Tonadilla je krátký scénický kuplet s mravou?ným, vlasteneckým nebo komickým nám?tem, který se provozoval v divadlech jako krátké intermezzo o p?estávkách mezi ?ástmi dramatu. Laserna, usazený v Madridu jako divadelní skladatel, jich zkomponoval hodn? p?es sedm set. Krom? toho také psal koncerty, opery, scénickou hudbu a písn?, z nichž n?které zlidov?ly. Laserna byl bojovníkem za národní charakter špan?lské hudby, která stále siln?ji podléhala italským vliv?m. Založil dokonce školu pro p?vce scénických kuplet?, nesetkal se ale s úsp?chem.
Na v?erejším ve?eru jsme (bez p?estávky) mohli sledovat t?i tonadilly Blase de Laserny: Stará Hispánie pro sólový soprán a doprovod, jako protipól Moderní Hispánie a mezi nimi komická scéna Regenschori a jeho dcera, s jednoduchou zápletkou o prozrazení tajné lásky a s oblíbenou postavou Lazebníka.
Prvního díla se ujala sopranistka Ruth Iniesta, která s velmi výmluvnými gesty a jižanským temperamentem vytvo?ila alegorickou postavu Staré Hispánie. Ta v kupletu poukazuje na úpadek n?kdejší sv?tové velmoci za vlády Bourbon? osmnáctého století, na?íká nad ztrátou hodnot a dobrých mrav?, tepe moderní nešvary. Zp?v je zdoben girlandami koloratur, které nezap?ou vliv flamenka a maurské hudby. Ruth Iniesta má mimo?ádn? pevnou intonaci, hezký plný témbr hlasu, odleh?enou techniku a cit pro stylovou interpretaci. Zárove? je zábavné ji p?i zp?vu pozorovat, má výte?ný jevištní talent a v Rudolfinu se snažila jej maximáln? uplatnit.
Velmi dob?e jí v tom sekundovali i oba pánové v kupletu Regenschori a jeho dcera. Tenorista Juan Manuel Padrón vytvo?il postavu Lazebníka a tajného milence ?iperné dcerky, Sebastiá Peris p?edstavoval p?ísného otce regenschoriho, který dvojici takzvan? nachytá a za?nou rozmíšky kolem s?atku, v?na a podobn?. Jednoduchá zápletka, parodování, p?vecká tria a dua se hodn? blíží tomu, jak známe operu osmnáctého století (Blas de Laserna tvo?il i pod Haydnovým vlivem). Nebylo zde nic zvláš? náro?ného nebo virtuózního, nicmén? byla to p?íjemná a zda?ilá ukázka u nás dosud nehrané hudby.
Na poslední tonadillu Moderní Hispánie se sopranistka oblékla do sou?asné módy, jaká se b?žn? nosí na ulici – v kalhotách a s mobilem v ruce se nakrucovala a d?lala si na pódiu Rudolfina selfí?ka. Text kritizuje staré pom?ry, zpochyb?uje zašlé hodnoty, jsou tu i odbo?ky jako bolera a písn?. Vskutku originální útvar a hudební ?e? také. Zde bych ráda zmínila hudební doprovod: tvo?il jej neuv??iteln? úsporný aparát souboru Forma Antiqva – jen dvoje housle, dv? flétny, dva lesní rohy, kytara a cembalo. P?esto byl výsledek plnohodnotný, opravdu jste m?li dojem, že sedíte v divadle a sledujete operu, velký orchestr tu nechyb?l. Velmi p?kný byl melancholický duet flétny s kytarou na za?átku tonadilly o regenschorim, zvuk malé barokní kytary (mnohem menší než dnešní koncertní „špan?lky“) byl ohromn? výrazný a barevný. Soubor hrál s vervou a s chutí. Mezi tonadillami uvedl klasicistn? formulované overtury Vincenta Basseta, Lasernova sou?asníka a houslisty královského divadla v Madridu.
Škoda, že tento ve?er navštívilo mén? poslucha?? než jiné koncerty, sál byl asi ze t?etiny prázdný. Bylo to velice osv?žující setkání s osobitou hudbou, která v sob? dokázala snoubit vlivy evropské, exotické i domácího špan?lského folkloru.

SVATAVA BARAN?ICOVÁ

Una voz en la oscuridad

Beckmesser | 13 de mayo de 2017

Obras de Haendel, Purcell, Telemann, Vivaldi, Sances y Victoria. Carlos Mena, contratenor. Forma Antiqua. Dirección. Aarón Zapico. Auditorio Nacional, Madrid. 10 de mayo de 2017. Temporada de La Filarmónica.

Esta sesión musical ha tenido dos partes claramente diferenciadas; y de distinto nivel interpretativo. En la primera se escucharon las seis partes de la Música para los reales fuegos de artificio de Haendel y una suite que combinaba de manera un tanto discutible distintas piezas del propio compositor anglosajón, Purcell y Telemann. Las interpretaciones de todas estas músicas –con participación, entre cuerdas y vientos, trompas y trompetas naturales incluidas, de 22 instrumentistas-, siempre llevadas con el refrescante impulso y la contagiosa manera de acentuar y marcar de Aarón Zapico, no alcanzaron la altura deseada por algunos problemas de articulación y de falta de claridad polifónica, pese a la buena mano en la administración y regulación de dinámicas y en el comunicativo aire danzable.

La calidad y la temperatura se elevaron muchos grados con la aparición de Carlos Mena, que con su timbre penumbroso, su emisión aérea, su estilo elegante, su calidez de fraseo, su acentuación primorosa y su sentido del claroscuro nos condujo al corazón de la emoción en su desgranamiento profundo y doloroso de las nueve partes del Stabat Mater de Vivaldi. El diector y los suyos –aquí sólo las cuerdas, con gran presencia de tiorba y laúd, tañidos por los otros dos hermanos Zapico- colaboraron a la perfección creando expresivos silencios y respirando junto a la voz. Maravilloso el “Largo” de rítmica tan conectada al de algunos pasajes de Las Estaciones.

Tras la Sinfonia en do mayor –con motivos de la ópera Il Giustino– del propio “Prete Rosso”, el concierto aún ganó en emotividad con el Pianto de la Madonna de Giovanni Felice Sances una vez que los músicos fueron abandonando el estrado como se hacía en la Sinfonía de los Adioses de Haydn. Entonces, con los tres Zapico y la chelista Ruth Verona como única compañía, volvió a sonar la voz de Mena, que se encaramó muy sentida a la zona aguda. La velada se cerró en belleza con el motete Ne timeas Maria de Tomás Luis de Victoria. Los melismas nos envolvieron. Con el escenario prácticamente a oscuras, la voz se fue apagando con el único sostén del archilaúd. Para conservar en la memoria.

Arturo Reverter

Dos espléndidos conciertos en uno

El arte de la fuga | 12 de mayo de 2017

La Filarmónica. Madrid. Auditorio Nacional. 10-V-2017. 19:30 horas. Carlos Mena, contratenor. Forma Antiqva. Aarón Zapico, dirección. Música de G.F. Haendel, G.Ph. Telemann, H. Purcell, A. Vivaldi, G.F. Sances y T.L de Victoria

JAVIER SARRÍA PUEYO / Resultó llamativo el programa que el miércoles nos ofreció La Filarmónica en la sala sinfónica del Auditorio Nacional. La primera parte estuvo destinada a mostrarnos las magníficas cualidades orquestales de Forma Antiqva, en una formación al completo, como pocas veces puede disfrutarse en el repertorio barroco. La segunda, en cambio, tuvo como protagonista al siempre excelente Carlos Mena en una selección variopinta, aunque exquisita. La primera parte estuvo presidida por la exuberancia sonora y la extraversión; la segunda por la expresión intimista y hasta sombría. No muy coherente, pero todo muy bello e interesante.

Comenzó el concierto con una rutilante lectura de la Música para los Reales Fuegos Artificiales de Haendel. Aarón Zapico logró unas cuidadísimas dinámicas, con constante empleo de la messa di voce. El sentido rítmico, el festín sonoro, la precisión en los ataques, el expresivo fraseo, la voluptuosidad, todo condujo a lograr una obertura grandiosa y emocionante, con una cuerda pulsada efectiva y presente. En La Paix las trompas rindieron estupendamente, con buena afinación, y la cuerda se comportó de manera espléndida, muy lírica y pastoral, con una elegante guitarra a cargo de Pablo Zapico. En La Réjouissance las cuerdas contribuyeron notablemente en sus pasajes con estupendos golpes de arco que contribuyeron a reforzar el sentido militar. Sólo puede reprocharse la inexplicable ausencia de pasajes para los oboes sin la cuerda. Los minuetos, finalmente, se beneficiaron nuevamente de un genial sentido rítmico. Se echó en falta la presencia al menos de un fagot y algún violonchelo más, que habrían contribuido a reforzar unos graves poco presentes. La tónica descrita continuó con la suite popurrí de Purcell, Telemann y Haendel: muy buenos minuetos de los dos últimos, donde los Zapico se tomaron algunas licencias, como en el de la Suite en sol de Haendel, hecho con flauta dulce, las cuerdas pulsadas y los bajos en pizzicato. Quedó muy bonito.

En la segunda parte pudimos disfrutar del elevado arte canoro de Carlos Mena, ese grandísimo profesional. Su voz de gran redondez, su elegantísimo fraseo, su arte expresivo y, al tiempo, contenido, su impecable técnica y su espléndido volumen contribuyeron al completo disfrute de las piezas escogidas. Magnífico fue su Stabat Mater vivaldiano, con un Eia Mater de quitar el sentido. Un soberbio concierto para cuerda del prete rosso sirvió de telón para pasar a la última sección. Mientras aquél iba concluyendo, los músicos fueron abandonando el escenario, quedando solos los continuistas. Tras una improvisación sobre un tema de Kapsberger estupendamente hecha por los tres Zapico, llegó el espléndido Pianto della Madonna de Sances, un repertorio que Mena domina desde siempre, donde dio una lección de expresividad seicentesca, bellamente acompañado por el continuo. En una performance de gran efectividad, fueron saliendo de uno en uno Aaarón Zapico, Ruth Verona y Daniel Zapico, quedando Carlos Mena y Pablo Zapico, quienes hicieron esa maravilla que es el motete Ne timeas Maria de Tomás Luis de Victoria, donde brilló con mayor intensidad el arte de ambos músicos, finalizando en total soledad el cantante con un alarde de fiato, una larga fiase en pianísimo, que dejó al auditorio sin aliento. Un concierto precioso y, si se me permite decirlo, muy resultón.

Javier Sarría

Carlos Mena y Forma Antiqva brillan en el Auditorio

Scherzo | 11 de mayo de 2017

Uno de los grandes valores del movimiento historicista consiste en exhumar obras olvidadas y en recuperar compositores relegados. Pero ese proceso de justa restitución ha llevado aparejada la casi sistemática postergación de títulos que forman parte de lo que se podría denominar "grandes éxitos" de la música barroca. Por ello, resultó anoche especialmente interesante, para los no tan habituados a este repertorio, y especialmente entrañable, para los más habituados a él, poder escuchar, por ejemplo, la Música para los reales fuegos artificiales de Haendel o el Stabat Mater de Vivaldi. Hay que situarse: los abonados de la Sociedad de Conciertos La Filarmónica (cuya oferta mejora temporada a temporada, al punto de convertirse en una de las más interesantes que se proponen en Madrid) son seguramente de esos no habituados al barroco y parece una buena medida irle introduciendo en él por la vía de lo más popular, si cabe aplicarse este término.

No recuerdo exactamente cuántos años hacía que no escuchaba en una sala de conciertos esos Reales fuegos artificiales. O ese Stabat Mater. Pero, desde luego, eran muchos. Y se me antoja injusto, porque es una música de una indiscutible belleza, a la que el hecho de haberla escuchado tantas veces tal vez nos puede inducir a tenerla en una estima menor. Otro acierto de La Filarmónica fue poner el concierto en manos de Aarón Zapico y de su agrupación, Forma Antiqva, porque en este país aún llamado España lo que se estila es entregar este repertorio a directores y grupos extranjeros, en la falsa creencia de que los nuestros hacen bien la música de Nebra o de Durón, pero que Vivaldi es cosa de los italianos, Bach es cosa de los alemanes y Haendel es cosa de los ingleses.

Contó la velada, además, con la presencia del contratenor Carlos Mena, atractivo ya de por sí suficiente (al menos, para mí) para cambiar el Auditorio Nacional de Música por el Estadio Vicente Calderón, por mucho que a la misma hora los dos equipos capitalinos estuvieran dilucidando quién iba a estar en la próxima final de la Champions League.

El concierto estaba dividido en dos por la pausa, pero en realidad tuvo tres partes. En la primera se interpretaron esos Reales fuegos de artificio junto a una suite-pastiche que contenía piezas de Purcell, Haendel y del propio Haendel. Fue la hora gloriosa de los vientos metálicos. Trompetas y trompas sonaron estruendosas en esos pasajes de júbilo (recuérdese: se festejaba la Paz de Aquisgrán, es decir, el triunfo de Inglaterra en la Guerra de Sucesión austriaca) que Haendel ha sabido plasmar mejor que nadie en la historia de la música. Pero no solo sonaron estruendosas, sino también perfectamente afinadas, algo no tan frecuente cuando se trata de instrumentos "originales" en actuaciones en directo. Muy buena labor, asimismo, la de los oboes, con excelente acompañamiento de las cuerdas de arco (seis violines, dos violas, violonchelo y contrabajo; suficientes, aunque, claro, habría sido más deseable algún efectivo más... ya se sabe: cuestión de presupuesto) y de las pulsadas (guitarra y tiorba).

La segunda parte del programa quedó a su vez dividida en otras dos mitades. En la primera, Mena cantó, con ese gusto exquisito, con ese bello timbre y con esa prodigiosa capacidad de proyectar que tiene su voz, un celeste Stabat Mater que cautivó sin remisión al auditorio. Concluido este, sonó una breve sinfonía vivaldiana (la RV 111a), que fue la excusa perfecta para poner en práctica otra brillante idea —esta, escénica— de Zapico: hacer que los músicos fueran abandonando paulatinamente y en silencio el escenario, mientras se atenuaban las luces, para dejar solo al contratenor junto al bajo continuo (el propio Zapico al clave, sus dos hermanos —Pablo y Daniel— con el archilaúd y la tiorba, y el violonchelo de Ruth Verona). Tras una breve pieza instrumental (mitad Kapsberger, mitad improvisación), el director y la violonchelista también salieron del estrado. Entonces Mena, junto a las cuerdas pulsadas, entonó un conmovedor Pianto della Madonna, de Giovani Felice Sances, y un no menos turbador Ne timeas Maria, de Tomás Luis de Victoria. ¡Extasis total!

Una jornada memorable, con una interpretación fantástica de esas músicas que jamás tendrían que desaparecer de los programas y con otras mucho menos conocidas, aunque igualmente hermosas.

Eduardo Torrico

De Castro y Corelli, juntos pero no revueltos

Scherzo | 1 de abril de 2017

Nadie conoce la música de Francisco José de Castro (1670-1730) como Emilio Moreno. Él nos la descubrió hace ya casi 30 años con su formación L’Academia d’Harmonia (RTVE Música, 1990). Volvió a ocuparse de ella recientemente con grupo y sello distintos, La Real Cámara (Glossa, 2016). Y el viernes pasado, 31 de marzo, ofreció una amplia selección de sus sonatas en trío en un estupendo concierto que formaba parte del XLIV ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música que para la Universidad Autónoma de Madrid organiza su catedrática de Musicología Begoña Lolo.

No es mucho lo que se sabe de Francisco José de Castro. Nacido en Sevilla, es posible que se formara en Madrid, donde pudo adquirir conocimientos de la música italiana de violinistas como Giovanni Antonio Pandolfi Mealli, que, huyendo de la justicia tras asesinar a un castrato, pasó sus últimos años en la capital de la Monarquía Hispánica, o Carlo Ambrogio Lonati, también huido, pero esta vez porque peligraba su propia vida. Y terminó recalando en Brescia, en el jesuítico Seminario de Nobles de San Antonio. Se tiene noticia de algunas apariciones de Francisco José y su hermano Lorenzo en las actividades musicales del colegio. Pero lo más importante, desde este punto de vista, fue la publicación en 1695 y en Bolonia, de sus Trattenimenti Armonici da Camera, una colección de diez sonatas en trío que siguen la estela del Opus 2 corelliano y se estructuran en tres, cuatro o hasta cinco movimientos de danzas siguiendo a un preludio. Son, por cierto, las únicas compuestas por un español.

Para este concierto, Emilio Moreno seleccionó siete de estas sonatas (1ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª, 7ª y 8ª) y quiso cotejarlas con algunas del maestro Corelli "para comprobar que no están muy alejadas de él en cuanto a calidad", en palabras del propio Moreno. Se interpretaron, ademas de la Chacona op. 2, nº 12, la sonata en trío op. 2 nº 2 y una sinfonía inédita y sin número de opus, conservada en la Biblioteca Nacional de Cataluña y una reducción del Concierto Grosso op. 6 nº 4, tomando al pie de la letra la indicación de portada de su edición en 1714. No dejó de ser curiosa e interesante esta visión inédita del cocierto grosso corelliano.

Por lo demás, la formación de La Real Cámara reflejó exactamente la de la reciente grabación de la obra de Francisco José de Castro: Emilio Moreno y su casi inseparable Enrico Gatti, alternándose en el papel de primero y segundo violines; Mercedes Ruiz, violonchelo; Aarón Zapico, clave, y Pablo Zapico, tiorba y guitarra barroca. Dos generaciones de intérpretes mano a mano, perfectamente compenetradas. Dando por supuesta su solvencia técnica, lograron un sonido muy transparente, sucediendo a los momentos de lirismo y reposo las chispeantes danzas, vivas y con buen ritmo, nunca apresuradas y el público —¿tal vez no muy avezado en este tipo de conciertos?—, tras mostrar cierta frialdad en el comienzo, terminó entregado y aplaudiendo con calor en una deliciosa velada que culminó con un bis inédito, una preciosa obrita procedente de la Biblioteca Nacional de Viena atribuida al Padre Castro, de la Compañía de Jesús. ¿Una nueva obra de Francisco José de Castro?

Un sevillano en Italia

Diario de Sevilla | 30 de marzo de 2017

Diríase que toda la segunda mitad del siglo XVII estuvieron los italianos escribiendo sonatas en trío. Aunque la forma aparece ya en colecciones a principios de la centuria, es a partir de 1650 cuando la moda se extiende, sin duda favorecida por el afianzamiento de la técnica violinística, que acabó por darle a la triosonata su aspecto más característico: dos violines dialogando sobre un bajo.

Así publicó Corelli cuatro colecciones de doce sonatas entre 1681 y 1694 y a este tipo pertenecen igualmente los Entretenimientos armónicos que Francisco José de Castro, un jesuita sevillano residente en Brescia, editó en 1695. Hasta Sevilla los trajo quien más cuidado ha puesto en conocer a Castro y profundizar en su música, el violinista Emilio Moreno, junto a un compañero de mil batallas, Enrico Gatti, y un bajo continuo de los mejores que hoy pueden reunirse en España.

Moreno y Gatti, que alternaron su puesto entre el primer y el segundo violín, son músicos de la vieja escuela, formados en el rigor y el cuidado del estilo, y eso se notó en una lectura más atenta a la frase que al acento, cuidadosa con unas articulaciones de apreciable claridad, algo severa con el ritmo y comedida en el aparato ornamental. La ornamentación fue una función que asumió principalmente un bajo continuo muy participativo, tanto en las imitaciones entre las voces superiores, en muchos momentos como uno más de la charla, como en el soporte y el relleno armónicos o en el juego con el color, que otorgó variedad y sensualidad al conjunto.

Santa Bárbara recuperada

La Nueva España | 27 de marzo de 2017

El Oratorio de José Lidón se estrenó en la "Primavera Barroca" ante un público asombrado por su belleza.
Aarón Zapico, al frente de Acadèmia 1750, fue muy cuidadoso a la hora de arropar a todos los solistas, e hizo un especial énfasis para que hubiese un claro contraste entre las partes en las que la agrupación tenía el protagonismo y aquellas en las que debía servir como acompañamiento.

En honor a Lidón

Blog: La Música en Siana | 27 de marzo de 2017

Domingo 26 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Ayuntamiento de Oviedo - CNDM: IV Primavera Barroca. Eugenia Boix (soprano), Marta Infante (mezzo), Carlos Mena (contratenor), Víctor Cruz (barítono), Acadèmia 1750, Emilio Moreno (concertino), Aarón Zapico (director). "En honor a Santa Bárbara": Oratorio al Iris de paz, la gloriosa Vírgen y Mártir Santa Bárbara (José Lidón, Béjar 1748 - Madrid 1827).

La vida te da sorpresas y la música muchas más. Oviedo, a la que llamo "La Viena del norte" (de España, se entiende), presentaba hoy tres eventos: el recital de José Bros en el Teatro Campoamor dentro de la temporada de zarzuela, y en el propio Auditorio la despedida del Maestro Francisco Vigil Sampedro al frente de la Banda de Música "Ciudad de Oviedo" más la segunda jornada de la primavera barroca. Ante la posibilidad de elegir me decanté por lo último, no ya al tener adquirido el abono (con descuento para los que lo estamos a los otros) sino por la posibilidad de disfrutar de un estreno en tiempos modernos de un oratorio dedicado a Santa Bárbara compuesto por el bejarano José Lidón, otro de tantos grandes compositores españoles que han dormido el mal llamado "sueño de los justos" pues el olvido también es pecado y máxime en obras religiosas que por lo menos tenemos la suerte de ir recuperando con musicólogos de talla internacional como Raúl Angulo y Antoni Pons desde Ars Hispana, que el tiempo deberá reconocerles, trabajando para las muchas formaciones dedicadas a unos repertorios que no pueden seguir archivados. Al menos los aficionados lo agradecimos y poder compartir en una sala de cámara (casi) llena nuevamente con un precio de 15 € esta joya de nuestro patrimonio musical demuestra la grandeza de una oferta cultural para todos los públicos.

Sevilla, Madrid, Burgos y Oviedo han sido las ciudades que Acadèmia 1750 con el gran Emilio Moreno de concertino, visitó estos días para presentar este "Oratorio a Santa Bárbara" (1775) del que no nos dejaron los textos (que yo sí enlazo), bajo la dirección del asturiano Aarón Zapico. A él supongo se debe la elección de las cuatro voces solistas bien buscadas por color, estilo, empaste y musicalidad para una partitura exigente técnicamente pero donde la formación internacional se vistió a la medida para poder disfrutar de todo el esplendor, gracias a un control de dinámicas y tiempos desde su gestualidad amplia y precisa, "respirando con ellos" como cualidad de todo buen director que el langreano posee.

Como bien escribe Mario Guada en su crítica para "Codalario" del concierto celebrado en Madrid el pasado viernes 24, "el manuscrito autógrafo se hallaba en la Real Biblioteca, de donde por fortuna ha sido rescatada, además del libreto del mismo, encontrado en la Biblioteca Pública de Castilla La Mancha, en Toledo. La portada reza de la siguiente manera: Oratorio / que se ha de cantar / en el Real Colegio / de su Majestad / al Iris de Paz, / la gloriosa Virgen y Mártir, / Santa Bárbara, / como patrona y titular, / en el día 4 de Diciembre / de este año de 1775 / Puesto en música / por Don José Lidón, / organista de la Real Capilla y maestro de dicho Colegio". También aclara algunos errores como que "no tres de los papeles son femeninos y uno masculino, especialmente porque concebir en esos términos roles en aquella época carece de sentido, cuando las mujeres no podían cantar en ámbitos sacros y sí estaban destinados a castrati. Por otro lado, la totalidad de los recitados no es para acompañamiento de cuerda, sino que algunos de ellos se acompañan únicamente por el continuo".

Bien matizado todo lo anterior, el "Oratorio al Iris de Paz" consta de 22 números que se dividieron en dos partes, supongo que por la duración, alternando recitados, arias para cada voz y dúos donde poder apreciar la cantidad de matices en las combinaciones y acompañamientos. Las voces y roles según rezaba el programa, estuvieron a cargo de: Eugenia Boix (Santa Bárbara, vírgen y mártir cristiana del siglo III), Marta Infante (Custodio, que alienta y reconforta a la santa), Carlos Mena (Valenciano, compañero cristiano de Bárbara) y Víctor Cruz (Dióscoro, cruel y malvado padre de Bárbara, que tras intentar en vano que su hija abandonara el cristianismo, la entrega a la tortura y la muerte).

Si Eugenia Boix como solista es un seguro en repertorios que la buscan, el empaste con Carlos Mena ya lo descubrimos en Crudo Amor grabado precisamente en este mismo recinto (y concierto grabado para "Los Conciertos de la 2" emitido por RTVE en Madrid). Los recitativos siempre sentidos y las arias variadas (Ya no temo la cadena) manteniendo buen gusto, compostura, dicción y buena emisión, independientemente del acompañamiento de cada una. El contratenor vitoriano sigue siendo indiscutible por musicalidad, registro y sobre todo color. Escucharle en escena resulta convincente, desde unos recitados claros (Nuevamente indignado) a unas arias cargadas de expresión (Como nave después de tormenta). Ambos se lucieron en cada intervención con algunas agilidades endiabladas, vocalización clara y verdadero dramatismo en sus papeles.

El barítono granadino Víctor Cruz me sorprendió gratamente no ya por las mismas cualidades antes apuntadas sino por una tesitura muy igualada en todos los registros sin necesidad de cambiar el color ni abusar de dramatismo para el grave, con el aria Muriendo aleve verdaderamente bien interpretada y el dúo ¡Oh, sumo Bien! "bárbaros" ambos. Capítulo aparte Marta Infante, una mezzo "de verdad", voz carnosa, profunda, llena de matices, perfecta línea de canto, interpretación sentida sin perdernos ni una sílaba y un color empastado con todos sus compañeros de "reparto". Las arias a cuatro (la inicial El cielo y la tierra y la final No tema borrascas) nos permitieron escuchar cada una de ellas con personalidad propia desde el conjunto bien empastado, pero los dúos entre Custodio y Valenciano en contraste a los de éste con Santa Bárbara brindaron momentos sublimes para una escritura de altura a cargo del recuperado Lidón.

La formación instrumental adoleció de más precisión en la afinación (aunque sabemos los problemas con estos instrumentos), aunque las combinaciones en dúos de flautas y oboes sobresalieron sobre las trompas, por otra parte comedidas en presencia y buscando más el color que la intensidad. Brilló con luz propia el continuo de clave (Eva del Campo) y chelo (Mercedes Ruiz) mientras la cuerda comandada por Emilio Moreno logró una paleta dinámica amplia acorde con el estilo de Lidón. Bien el maestro Zapico que se consolida como un director demandado más allá de los proyectos con Forma Antiqva, un investigador y laborioso trabajo de concertar una partitura (por cierto le robaron en el Hotel de Sevilla la suya junto al traverso de Joan Bosch) para esta orquesta que, a la vista de las posibilidades, bien podría ampliar efectivos (especialmente violines segundos) y porqué no, llevarla al disco o DVD porque estamos ante un oratorio de primera en una tierra donde sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, siendo también patrona de artillería y de la minería.

Lidón y Santa Bárbara, una recuperación patrimonial de las de verdad

Scherzo | 27 de marzo de 2017

Soy enemigo declarado de la recuperacionitis patrimonial que sufre la música antigua en España por culpa de la nociva influencia de nuestros vecinos franceses. Bien está exhumar obras siempre y cuando la calidad de estas sea mínimamente aceptable. Recuperar por una mera cuestión de nacionalidad —o, incluso, de paisanaje— no tiene ningún sentido si lo que se recupera es —discúlpeseme la expresión— un truño, que es lo que sucede con el 80 por cierto de lo que recuperan los franceses. Y lo que está empezando a suceder en España, donde hasta cuela como recuperación patrimonial alguna supuesta ópera de Francesco Corradini que en realidad no es más que un pastiche (con todas las arias plenamente identificadas y debidas a músicos italianos que jamás pusieron sus pies en España, sin otra aportación de Corradini que la de ensamblaje de las mismas) e, incluso, simples improvisaciones del intérprete de turno que son vendidas como tesoros perdidos de nuestro siglo XVII.

Viene todo esto al caso por la reciente interpretación en cuatro ciudades españolas (Sevilla, Madrid, Burgos y Oviedo) de una obra del bejarano José Lidón cuyo título, siquiera por extensión, no debe dejar indiferente a nadie: Oratorio que se ha de cantar en el Real Colegio de su Majestad al Iris de Paz, la gloriosa Virgen y Mártir, Santa Bárbara, como patrona y titular, en el día 4 de Diciembre de este año de 1775. Puesto en música por Don José Lidón, organista de la Real Capilla y maestro de dicho Colegio. Para no perdernos en ambages, digamos que, por suerte, este oratorio de Lidón es la excepción que confirma la regla: estamos, en mi opinión, ante el hallazgo más importante que se ha producido en España en mucho tiempo. Poca música tan excelsa como esta fue compuesta por español alguno durante el siglo XVIII. Sobre todo, durante la segunda mitad del mismo. Su importancia es aún mayor si tenemos en cuenta que, del mencionado periodo, es el único oratorio que se conserva, junto a otro de Carlos Baguer.

La exhumación del oratorio no ha sido fácil. Los jóvenes musicólogos Raúl Angulo y Toni Pons, tan inquietos como brillantes, dieron con él, en 2010, de manera insólita: iban detrás de un oratorio a Santa Bárbara, pero no el de Lidón, sino el de Francisco Corselli. Tras consultar varios catálogos, hallaron el libreto en la Biblioteca Pública de Castilla La Mancha (Toledo). Posteriormente, supieron que dos partichelas de Lidón se conservaban en el Real Conservatorio de Madrid. ¡Y coincidían! Hacer la transcripción fue tarea ardua, porque Lidón (a la sazón, 27 años, siendo desde los 23 “maestro de estilo italiano” del Real Colegio de niños cantores, donde había estudiado en su tierna infancia), era muy puntilloso a la hora de hacer indicaciones en algunos pasajes sobre articulación o dinámica, pero en otros no indicaba absolutamente nada. Se trata de una obra plena de contrastes (la diferencia de estilos en las arias, en los dúos y hasta en los recitados deja perplejo), absolutamente innovadora y encuadrada de lleno en la corriente conocida como Sturm und Drang (tiene mucho mérito que un músico pipiolo que trabajaba en Madrid conociera tan bien lo que se cocía en el centro de Europa). Sin miedo a caer en la exageración, diré que este oratorio de Lidón es tan bueno como cualquiera de los que compuso en ese mismo periodo Carl Philipp Emanuel Bach. O, incluso, como las óperas del joven Mozart (pese a su carácter religioso, tiene más de ópera que de oratorio). Y eso que el texto, enrevesado y de no demasiada calidad literaria, ayuda bien poco.

Transcrita la obra, había que ponerla en música. Se interesó por ella Joan Bosch, flautista y coordinador de la Acadèmia 1750 (antigua orquesta del Festival de Torroella de Montgrí), y se empeñó en sacarla adelante. Pero el orgánico instrumental que se precisa es grande y eso disparaba el presupuesto, lo cual, en plena crisis económica, tampoco ayudaba demasiado. Hará poco más de un año, al Centro Nacional de Difusión Musical (CDNM) le pareció un proyecto interesante y, no mucho más tarde, también al Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÀS). Para que el camino fuera incluso más abrupto, el pasado viernes, pocas horas después del estreno en Sevilla y pocas horas antes de la actuación en Madrid, se produjo un suceso desdichado: mientras desayunaban, previamente a coger el AVE, el ya mencionado Bosch y el director musical, Aarón Zapico, fueron objeto de un hurto delante de sus narices: dos individuos se llevaron sus mochilas… En la de Zapico estaba la partitura general, con todas las indicaciones que había venido realizando en los últimos cuatro meses, y en la de Bosch, su querida flauta travesera de ébano, a la que llevaba unido 15 años.

Haciendo de tripas corazón por el lamentable percance, finalmente sonó, como estaba previsto, en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. Durante las dos horas del concierto, el público asistió atónito a la belleza indescriptible de esta música. Eso se tradujo, al final, en encendidas y larguísimas ovaciones, que obligaron a salir a saludar a los intérpretes hasta en cuatro ocasiones. Ojalá Santa Bárbara y Lidón hayan señalado el camino para la recuperación (la verdadera, la que merece la pena) de más joyas indiscutibles de nuestro patrimonio musical, que haberlas, háylas.

La interpretación tuvo de todo. Orquestalmente se produjeron algunos desajustes y desafinaciones (especialmente, por parte de la primera oboísta). Asimismo, habría hecho falta más cuerda: diez violines en lugar de cinco, tres violonchelos y dos contrabajo (solo había uno de cada). Con eso, seguramente se habrían podido expresar los muchos matices que tiene la partitura de Lidón. Pero, en fin, es lo que hay: el presupuesto da de sí lo que da sí y un deseable aumento de plantilla habría significado el desembolso de más euros que ya no quedaban. Con todo, la Acadèmia 1750 cumplió decorosamente (excepcionales, dicho sea de paso, las dos trompas naturales, sin la más mínima desafinación: Pierre-Antoine Tamblay y Pepe Reche) y permitió percibir al entusiasmado público la venustidad de este oratorio.

Los cuatro solistas vocales mostraron un nivel superlativo, no solo por expresividad y ajuste estilístico, sino por claridad en la declamación (es la primera vez que salgo de un concierto habiendo entendido todas y cada una de las palabras emitidas por todos los cantantes). Eugenia Boix (Bárbara), Carlos Mena (Valenciano) y Marta Infante (Custodio) estuvieron modélicos. La gran sorpresa fue el joven barítono accitano Víctor Cruz, que hizo un memorable Dióscoro (el vesánico padre de Bárbara, a la que corta la cabeza en lo alto de un monte, previa sádica tortura, por haberse convertido al cristianismo). En alguna crítica sevillana he leído que Cruz estuvo “envarado y rudo”. ¡Y qué debía esperarse, pues, de alguien que comete un filicidio tan brutal! ¿Qué fuera amable y simpático? Al final, Dióscoro recibe lo que se tiene merecido: nada más matar a su hija, un rayo cae del cielo y le fulmina (por eso Santa Bárbara es la patrona de las tormentas y de las tempestades).

La dirección de Aarón Zapico fue magistral. Hubo en ella mucho de preparación, mucho de conocimiento y mucho de ensayo (los cuatro días anteriores al estreno). Da gusto comprobar lo bien preparada que viene esta generación de jóvenes músicos españoles, de la cual Zapico es paradigma.

La duda queda en el aire: ¿cuánto tiempo habrá de pasar hasta que podemos volver a escuchar este oratorio? Confiemos en que no tengan que transcurrir otros 242 años.

Forma Antiqva: café en La Felguera

La Música en Siana | 19 de marzo de 2017

Forma Antiqva siguen en plena erupción tras el CD titulado The Volcano Symphony (para el sello alemán Winter & Winter del que son artistas exclusivos) interpretando una composición original calificada como "poema sinfónico" del holandés Ernst Reijseger (1954), que recomiendo escuchar con detenimiento por lo que supone hacer música de hoy con instrumentos de ayer y hoy en feliz conjunción atemporal, tal como hicieron en la propina de este sábado desde "la otra Cuenca" para los de ésta, uniendo dos temas asturianos: la popular Santa Bárbara Bendita (desde el minuto 39:26 del enlace) y un Fandango de Leitariegos. Porque no hay etiquetas para los langreanos que volvían a su casa con otros dos "adoptados" encontrando por fin el apoyo merecido a su trabajo de difusión del concejo, del Principado y de la que muchos llaman #MarcaEspaña pero olvidando a menudo la música y sus intérpretes. Por cierto que pese a la agenda tan apretada de la formación y sus integrantes con distintos programas, están metidos estos días en la grabación del nuevo CD volviendo a apostar fuerte, titulado Poem of a cell con música de Vivaldi, Mozart, Haydn, Fumio Ysadu, Fabio Nieder y Uri Caine (el mismo de las exitosas Estaciones Zapico) en el Estudio Uno de Colmenar Viejo que espero escuchar en cuanto salga.

Ya había degustado el pasado verano este "Café Telemann" que este sábado servían a un público venido de toda Asturias con la misma formación que entonces: Alejandro Villar (flauta de pico), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca) y Aarón Zapico (clave), del que tuve además el honor de realizar mi crónica para el diario La Nueva España, aunque la total libertad de espacio que me da el blog supuso una entrada con múltiples enlaces a toda la repostería que acompañaba cada café.

Como los reconocidos baristas, este café puro se preparó en cuatro entregas con postres por parte de Forma Antiqva, bloques de distintas sonatas bien organizadas para poder saborear las combinaciones que ese quinteto, para la ocasión, pueden realizar a partir de la música de Telemann, en el año de celebración de los 250 años de su muerte (porque los grandes genios siempre siguen vivos).

Si en el mes de julio me asombraban con estas joyas, destacando la búsqueda no ya de repertorio sino de cómo presentarlo, con el paladar hecho a este café alemán volvíamos a degustar las sonoridades tan logradas que permiten no ya el lucimiento individual a modo de dulce, sino los diálogos entre violín y flauta uniendo virtuosismo en los pasajes rápidos y lirismo en los lentos.

Escuchar la tiorba a dúo con el violín abre nuevos sabores más allá de la decoración florida, que también. Y las intervenciones de los hermanos Zapico en solitario fueron impecables además de virtuosas, especialmente Aarón que sacó del clave sonidos impensables, ataques dinámicos (para que opinen los expertos), otros secos jugando con la resonancia junto a acordes tenidos que iban quedando en la nota principal.

Por supuesto reencontrar a Alejandro Villar en este repertorio barroco para situarle entre los virtuosos de la flauta de pico, asombrándonos el fiato, las dinámicas y la musicalidad amén del empaste con el violín de Daniel Pinteño, otro músico impresionante que Forma Antiqva ficha en estas formaciones que crecen desde el trío, tanto como su propio repertorio. Excelente café antes de una Guinness© en "mi oficina" de Mieres.

Pablo Álvarez

Xavier Sabata y Forma Antiqva en el Palau de la Música de Barcelona

Platea Magazine | 13 de febrero de 2017

La grandiosidad del barroco tiene también su lado íntimo y austero, no hay que olvidar que barroco por antonomasia es contraste, fulgor y recogimiento. Concepto y forma se vistieron con atractivo resultado en este seductor concierto de presentación en el ciclo ibercamera por parte de la agrupación asturiana Forma Antiqva con el contratenor catalán Xavier Sabata como invitado especial.

Hay esperanza, ni siquiera un Barça-Atlético de Madrid, partido de la Copa del Rey coincidente con la hora del concierto, empañó una asistencia más que generosa en un Palau donde un público heterogéneo, con caras más jóvenes de lo habitual, indicó que el barroco tiene un público fiel e inquieto. También hay que remarcar que Xavier Sabata es uno de nuestros cantantes más queridos y seguidos y del que se puede decir que rompe el tópico, tristemente muy cierto en la mayoría de casos, de que no se es profeta en la tierra, bien, pues Sabata no solo es profeta sino además Apóstol, felicitémonos por ello.

Por último remarcar el hecho de poder ver en una sala emblemática como el Palau de la Música Catalana a un grupo como Forma Antiqva. Una formación que se ha ganado en sus casi diez años de existencia, no solo un prestigio que rebasa nuestras fronteras, sino que además ofrece también una original discografía, con unos programas interesantes y variados, pero sobretodo con una manera de entender y vivir la música barroca o la tan cacareada Música Antigua, con una personalidad diferencial reconocible. Su visión fresca, dinámica y alegre, marca de la casa, es propia de un milenio donde el “Barroco Renaissance” reina en las salas de concierto de una Europa filobarroca con un público en aumento.

Comenzó el concierto con el aire majestuoso y extrovertido de la maravilla sonora händeliana HWV 351, la Música para los reales fuegos de artificio, un hit para cualquier melómano. Aarón Zapico como director mostró rápidamente las cartas reconocibles de Forma Antiqva, contrastes, viveza, ritmo y búsqueda de matices, si bien un comienzo algo impetuoso hizo prevalecer el sonido brillante del metal sobre una cuerda más bien tibia. Con todo desde una Obertura dinámica y llena de energía, el diálogo de la formación mostró un La paix más equilibrada y una La Réjouissance de seductora lectura para acabar con los dos Menuettos de manera festiva y audaz.

La Suite que sumó piezas de Purcell, Telemann y Händel, interpretadas a posteriori mostraron a la formación con un sonido más orgánico y desenvuelto. A destacar por la sutil lectura y riqueza de sonido el Menuet de la Música Acuática HWV 348 y su festivo contraste con el Air-Allegro del Concerto Grosso núm. 5, donde ahora sí las cuerdas obtuvieron un merecido protagonismo con el apoyo sustancial de Pablo y Daniel Zapico a la Tiorba y a la guitarra barroca.

El contraste de la segunda parte con el añadido de las obras sacras vocales comenzó con el preciosista Stabat Mater de Vivaldi, donde apareció Xavier Sabata, partitura y texto en mano quien leyó el texto de la obra antes de cantarla. Una lectura gestual del cantante, que apreció algo inquieto, con un comienzo más bien cauto, pareció mostrar a Sabata algo nervioso, muy pendiente de la partitura. La voz tersa y suave del catalán fue encontrando su lugar en la acústica del Palau, primero con timidez pero poco a poco adecuándose con mayor naturalidad y fluidez. Es verdad que se pudo apreciar algún desajuste de equilibrio entre la formación y la voz, pero la lectura intimista y sentida de Sabata se impuso con agradable resultado final.

El planteamiento del concierto fue dando forma con el carácter cada vez más introspectivo del programa, que pasó del Vivaldi sacro y recogido ofrecido a un final de verdadero efecto catártico sobre un público absorto en la belleza de las tres últimas piezas interpretadas.

No anunciado en el programa, los hermanos Zapico demostraron capacidad de sorpresa y efecto teatral, con la marcha paulatina de los miembros de la formación mientras se finalizaba la Sinfonía en do de Vivaldi como bisagra a la última actuación de Sabata. Antes de la última entrada al escenario del contratenor y fuera de programa, o no anunciado más bien. Aarón al clave, Pablo a la guitarra y la tiorba de Daniel, ofrecieron un hermosa lectura de una Passacaglia de Kapsberger, pieza incluida en su cd lanzado al mercado en 2010, Concerto Zapico, donde la complicidad, capacidad de trascendencia musical y sensibilidad pusieron en bandeja sonora la entrada de Xavier para cantar el Pianto della Madonna de Giovanni Felice Sances.

Fue aquí en el recogimiento minimal del espirito barroco más sentido donde tanto Xavier como Aarón, al clave, Pablo al archilaúd, Daniel a la tiorba y el bajo continuo al chelo de Ruth Verona, desarmaron a la audiencia con un emocionante canto e interpretación que consiguieron elevar el final del concierto a las mejores cotas del barroco sacro y catártico. Pero la cosa no acabó con este Pianto, semidesconocido y hermoso. Con cada una de las tres estrofas de la obra de Sances, Aarón, Ruth y Daniel, fueron abandonando el escenario, dejando solos a Xavier y Pablo, quienes interpretaron en la mayor concentración y serenidad la última pieza del programa.

Ne timeas Maria, de Tomás Luís de Victoria, pieza del compositor español renacentista más reconocido, escrita en 1572, sirvió al canto más sereno y emocional por parte de un Xavier Sabata que ofreció sus mejores armas, pureza del sonido, naturalidad de la emisión y calidez tímbrica en esta anunciación del Arcángel Gabriel a Maria. La elegida por Dios no ha de temer, la magia del final del concierto fructificó en estos poco más de tres minutos, donde el canto solista y las notas del archilaúd dejaron a la audiencia del Palau hipnotizados por el efecto narcótico de la belleza de un motete que suspendió el tiempo.

Jordi Maddaleno

El valor del silencio

El País | 10 de febrero de 2017

Nadie valora más el silencio que los músicos. Lo necesitan como fuente de paz y serenidad en un oficio que, en definitiva, trabaja con el sonido. También tiene el silencio una importancia vital en un concierto, pero eso ya es harina de otro costal. El martes en el Palau, el director asturiano Aarón Zapico tuvo motivos sobrados para, siguiendo el reciente ejemplo de William Christie en el Auditorio Nacional de Madrid, detener el concierto por la injerencia no de uno, sino de tres móviles y no pocas toses que arruinaron instantes de gracia en su debút en la temporada de Ibercamera al frente del conjunto barroco Forma Antiqva.

No será por falta de avisos, pero los teléfonos móviles siguen sonando en pleno concierto. Y se siguen cargando muchos matices, fruto de duro trabajo en los ensayos: conseguir pianísimos etéreos y ese juego de crescendos y descrescendos que anima la música barroca no es tarea fácil. Precisamente la fantasía en las dinámicas y el vigor rítmico son cualidades que definen el sello personal de los hermanos Zapico —Daniel (tiorba), Pablo (guitarra y archilaúd) y Aarón (dirección y clavicémbalo)—, motor artístico de Forma Antiqva.

La luz y el espíritu festivo de la Música para los reales fuegos de artificio de Georg Friedrich Händel abrió un programa admirablemente construido, en un viaje desde el esplendor cortesano de la música instrumental barroca en la primera parte, al clima de recogimiento de la música sacra en la segunda, con el protagonismo vocal del contratenor catalán Xavier Sabata.

Curioso viaje, desde el derroche a la sobriedad, en el que, a medida que iban disminuyendo los componentes del grupo, se ganaba emoción. No lograron evitar asperezas y problemas de afinación en la primera parte, pero ofrecieron detalles sorprendentes en la articulación y el arco dinámico. Hubo más equilibrio y finura en la segunda suite, con piezas de Purcell, Telemann y más Händel; dos minuetos de la Música acuática y el Air-Allegro del Concerto Grosso núm, 5, op. 6, cuyo episodio más delicado fue arruinado por un móvil y algunas toses persistentes.

También Xavier Sabata fue a más en sus intervenciones. No anda sobrado de volumen y, en una sala como el Palau, su voz quedó tapada por el conjunto en algunos pasajes del Stabat Mater de Antonio Vivaldi. Lo compensa con el acierto expresivo y la exquisita musicalidad, que alcanzó momentos de gran intensidad en el Pianto della Madonna, de Giovanni Felice Sances.

En el tramo final, tras una transición instrumental en la que cautivó el toque claro y natural de los hermanos Zapico, el viaje musical culminó en la intimidad de la voz a cappella de Sabata en el maravilloso Ne Timeas Maria de Tomás Luis de Victoria.

Periple barroc des de l'extraversió fins al recolliment

Ara.cat | 9 de febrero de 2017

La sessió barroca presentada per Ibercamera al Palau de la Música tenia, sobre el paper, un bon grapat d’al·licients: un programa variat que permetia a l’espectador seguir un periple que anava des de l’extraversió colorista fins al recolliment adolorit de la mà de Forma Antiqua, una de les formacions més estimulants del panorama espanyol de música antiga, i un cantant consolidat en el panorama internacional com Xavier Sabata. El pas de la teoria a la pràctica, tanmateix, no és automàtic, i la suma dels factors no sempre va donar el màxim resultat.

La solemne brillantor de la Música per als reials focs artificials de Händel va estar tenyida de certa rudesa per part d’uns metalls que ofegaven una corda massa escanyolida, malgrat els intents d’Aarón Zapico de jugar amb les dinàmiques per impulsar el discurs. El seu gust pels contrastos va estar també present en un florilegi de fragments dispersos d’obres de Purcell, Telemann i Händel que van trobar l’orquestra més assentada. Amb els germans Zapico com a pinyol de Forma Antiqua, i els bessons Daniel i Pablo, notables intèrprets d’instruments de corda polsada, és lògic que ocupin un lloc destacat en la paleta sonora del grup, per exemple en un minuet de la Música aquàtica de Händel convertit en un somiejador petit concert amb flauta i pandereta.

En l’ Stabat Mater de Vivaldi que obria la segona part del concert, certa veladura en el so podia fer sospitar que Xavier Sabata no estava en una forma òptima, a banda que l’escriptura de la pàgina, en especial els passatges més greus, no sempre l’afavoria. Tot i això, hi va haver instants de pura màgia, com Eja Mater, fons amoris, amb el magnífic contratenor berguedà ben agombolat per Zapico.

Implicació emocional

Amb l’instrument més escalfat i l’escenari cada cop més buit de músics, Sabata va lluir més implicació emocional en el Pianto della Madonna,de Giovanni Felice Sances, per arribar al corprenedor despullament de Ne Timeas Maria de Tomás Luis de Victoria, quatre minuts de beatitud que per si sols justificaven tot el concert.

Un paso adelante

La Vanguardia | 9 de febrero de 2017

Esta apertura de IberCamera hacia la música del Renacimiento y del Barroco con el grupo Forma Antiqua, con muy buena respuesta del público y un escenario tan adecuado como el del Palau, puede ayudar a consolidar proyectos necesarios en este terreno. Este ámbito , liderado a mucha distancia por Jordi Savall (en calidad, intensidad, dinamismo creativo y apoyos) necesita de mayor pluralidad, tal como se da en Italia o Francia.

Pero las propuestas existentes no llegan a dar ese paso decisivo que requiere un mercado internacional. La Capella de Ministrers no llega en escena –mejor en discografía– a esta posibilidad; algo mejor se mueve en ambos sentidos López Banzo con Al Ayre Español; también con obra de referencia La Grande Chapelle de Recasens; y en otro ámbito, con dos excelentes CD, la Musica Alchemica de Lina Tur. En casa, Vespres d’Arnadí da pasos aunque necesita concentración y programa a más largo plazo. Se requiere apoyo económico y trabajo crítico, por lo que sería hora de ejercitar una política cultural en este ámbito.

La propuesta de Forma Antiqua que lidera la familia Zapico significa, creo, un paso adelante en cuanto a ambición para abordar repertorio de calado. En el programa, obras de Handel, con una suite de los Reales Fuegos de Artificio, interpretada con buenos recursos de la dicción del Barroco, intensidad y energía festiva. Faltó quizá más peso de la cuerda baja ante el protagonismo de los vientos. Siguió una atractiva suite marca de la casa, con números de Purcell, Handel y Telemann, ágil en contrastes y con muy buena gestión de la instrumentación. La segunda parte sumó al contratenor Xavier Sabata en una versión del Stabat Mater de Vivaldi, bien en lo vocal, algo operístico, y prolijo lo instrumental, aunque con algún desajuste dado el equilibrio que requiere la cuerda. Lo mejor, Sabata en el Pianto de Giovanni Sances y más aún el delicado motete “isabelino” de T.L. de Victoria con voz y laúdes. Enhorabuena.

Conmovedor 'Stabat mater' con Xavier Sabata

elPeriódico | 8 de febrero de 2017

El sobrecogedor intimismo de la voz ‘a capella’ del contratenor Xavier Sabata, interpretando ‘Ne timeas Maria’ de Tomás Luis de Victoria, cerró un intenso programa. La velada de Ibercamera del martes en el Palau, iniciada con la explosiva extraversión de la ‘Música para los reales fuegos artificiales’, de Georg Fiedrich Händel, continuó con una primera parte instrumental recreada por la orquesta Forma Antiqva y diseñada con piezas populares del barroco. Pequeñas muestra de Purcell y Telemann y dos fragmentos de la ‘Música acuática’ del citado Händel, que combina movimientos breves con secuencias de danza, cerraron la colorista primera parte.

La formación, que dirige el clavicenista Aarón Zapico, reúne a algunos de los más brillantes músicos españoles especializados en instrumentos de música antigua. Los hermanos del líder del grupo, Daniel (tiorba) y Pablo (guitarra y laúd), son el eje de un equilibrado conjunto musical que se ha consolidado como un referente en este repertorio. Lo demostraron con creces en un inicio con altibajos pero de una indiscutible eficacia a la hora de abordar un muestrario tan significativo de las obras interpretadas. Especialmente brillante, con todos los efectivos en escena como corresponde a una pieza de pretensiones gigantescas, fue la versión de la mencionada música con fuegos de artificio.

MADUREZ INTERPRETATIVA

El bien graduado programa fue decreciendo en efectivos en escena cuando se entró en el terreno de la música sacra presidida por el ‘Stabat mater’ de Vivaldi. En él entró en juego la pulcra, sensible y contenida voz de Sabata. El contratenor catalán, que pasa por un momento de gran madurez interpretativa, volvió a exhibir su enorme expresividad dramática durante la recreación de los nueve apartados que hacen referencia al dolor de una madre velando a su hijo al pie de la cruz, la compasión que generan esos sentimientos y la plegaria de la madre de Dios pidiendo que su hijo interceda por las almas el día del Juicio final.

El lento y melancólico desarrollo del sombrío relato, con solo un allegro en el ‘Amen’ coincidiendo con el luminoso final que invita al consuelo, encajó como anillo al dedo en la vocalidad del artista. Impactante fue también el ‘Pianto della Madonna’ de Giovanni Felice Sances y soberbio el optimista motete ‘Ne timeas María’, dedicado a la Anunciación.

REIJSEGER: The Volcano Symphony

Classical CD Choise | 8 de febrero de 2017

Despite the jeremiads that bedevil the classical recording industry, many labels still have enterprising recording programs – and not just reheatings of well-worn repertoire pieces. Here, for instance, is an opportunity to discover a composer and a piece most listeners will not have heard of. I have to say that I did not find the music distinctive or individual, but it is certainly given the best possible advocacy here. And if you’re more persuadable, you may find this an interesting issue. Composer and cellist Ernst Reijseger presents his first symphonic poem, “The Volcano Symphony”, written for the Baroque orchestra Forma Antiqua conducted by Aarón Zapico. The symphony (we are told) ‘tells of death and life’’. Soprano Eugenia Boix embodies the voice of Pele — not a footballer but the goddess of the volcanoes, according to Hawaiian belief.

Barry Forshaw