Prensa Press 2019

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Concerto Zapico Vol. 2

Hispanica Lyra | 1 de diciembre de 2019

Es de todos conocido el grupo Forma Antiqva, un conjunto de música barroca de formación variable que reúne algunos de los mejores músicos del momento. Está formado alrededor de los tres hermanos Zapico, mosqueteros asturianos, que desde hace unos años nos deleitan con su original visión, entre otros, del repertorio español. Aunque su formación y proyección es internacional, sus primeros pasos se realizaron en su tierra, donde bajo la tutela de su padre fueron pioneros en el estudio de la Música Antigua. Posteriormente dos de sus componentes, Daniel y Pablo, cursaron sus estudios superiores con las máximas calificaciones en la Escuela Superior de Música de Catalunya con Xavier Díaz-Latorre. El grupo está considerado por la crítica como uno de los conjuntos más importantes de la música clásica en España. En 2007 los tres hermanos Zapico grabaron el primer registro de Concerto Zapico. Después de unos años de trabajo continuo nos ofrecen ahora este «Vol. 2».

En marzo del presente año se celebró la gala de entrega de los 11ª Premios MIN de la Música Independiente. En el apartado del Mejor álbum de música clásica el premio fue para el disco Concerto Zapico Vol. 2, del grupo Forma Antiqva.

Resulta difícil hacer una crítica musical hoy día, dado el alto nivel técnico que poseen la mayor parte de los intérpretes que a estas alturas se toman la molestia, a menudo por su cuenta y riesgo y sin gran beneficio económico, de dejar testimonio de su visión de una obra. Por un gran número de razones de toda índole -en las que no vamos a entrar ahora de ningún modo- está implícita la idea de que, si dejas un documento sonoro para la «Historia », lo que cuentas ha de ser o tener algo nuevo en su forma o en su contenido y esto es así en la mayor parte de los géneros, tanto en música culta como popular.

Pero no nos vayamos por las ramas, al margen de que Concerto Zapico haya conseguido este objetivo, su nuevo Vol.2 -con versiones de un repertorio concebido inicialmente solo para la guitarra barroca, chitarrone, violone, órgano o clavicémbalo- nos ofrece muy buena música y muy bien tocada, música de danza del Barroco Español interpretada con sus tres instrumentos en conjunto o a solo. No es ningún atrevimiento o una moda, sino más bien una práctica- la de la transcripción- que se remonta con mucho a la época en que estas piezas fueron creadas.

La dificultad de ponerle pegas al asunto no radica en que hagan «Xácaras» por bulerías, o añadan instrumentos anacrónicos de manera poco ortodoxa, (a lo cual por otra parte no tendría yo nada que objetar) sino más bien en que la calidad del producto aturde de tal manera que a uno le queda poco que decir. Pero echemos imaginación y un poco de atrevimiento.

Aunque la belleza de la mayoría de las obras elegidas está fuera de toda duda, uno se hace algunas preguntas: la primera de ellas se refiere a si dicho repertorio pierde o gana al ofrecerse en este formato. Pierde intimidad sin duda y gana fuerza, algo que parece hoy en día necesario para todo. Esto es fácil de entender en el mundo saturado de extremos en que vivimos. Pero en este caso la ampliación de plantilla instrumental, está totalmente justificada, no es una estrategia comercial ni una excusa para vender el mismo perro con un collar nuevo, los logros alcanzados hacen creíble el «experimento», aunque haya que perder algo de la sutileza de las versiones originales. Prueba de ello lo constituye que los cortes más logrados, son los interpretados a conjunto, siendo alguno a solo musicalmente prescindible, si no fuera por el alarde virtuosístico que conlleva su interpretación.

Cinco de las veinte piezas que aparecen en el disco pertenecen a Gaspar Sanz y aparecen en la Instrucción de música sobre la guitarra española, recopilada en tres libros (1674, 1675 y 1697). Esta obra muestra un compositor que domina todos los géneros y técnicas típicos para la guitarra a finales del siglo XVII. Interpretan entre otras unas «Marionas» con un perfecto control del tempo y un riguroso temple, a la vez relajante y reconfortante. ¿Qué necesidad de «Chill-Out» teniendo acceso a músicas como esta?. Esta Instrucción escrita por el autor, pretende ser también un tratado para la realización del bajo continuo (Sanz lo llama «sobre la parte»), lo cual ofrece a la agrupación una gran flexibilidad en la interpretación de las obras, que se lleva a cabo, añadiendo y extendiendo el ámbito del acompañamiento, lo que ha debido conllevar un trabajo no solo interpretativo sino creativo.

Otro de los autores elegidos en el disco es Santiago de Murcia, quizás los cortes que a mi parecer están más conseguidos, algunos como el «Cumbee» con una frescura casi «jazzística» que te lleva a levantarte de la silla, (se entiende perfectamente que uno de los probables antecesores de dicho ritmo, el «Chuchumbé», estuviese prohibido por el Santo Oficio). Las formas de las obras de Murcia están íntimamente ligadas a diversos géneros musicales, muchos de ellos conllevan un alto grado de interculturalidad, que se proyecta también en la colonización de la Nueva España. Así, culturas tan distantes como la amerindia, las africanas, la musulmana, la francesa o la itálica, se relacionan dando como resultado formas diversas como contradanzas francesas, suites, variaciones o estos «Cumbees». Siendo uno de los primeros músicos contratados por la nueva casa de los Borbones, la influencia de la música francesa e italiana no presenta duda alguna, aunque una posible estancia en México, no documentada hasta ahora, podría ser la clave para la inclusión en su repertorio de este y otro bailes.

Algunos autores que completan el disco son Giovanni Battista Vitali, con una transcripción de una de las primeras piezas concebidas para el violone como instrumento solista, (¿se escuchan armónicos antes de las primeras variaciones de la tiorba por otro lado fantásticas?) y Giovanni Girolamo Kapsberger, «Il tedesco della tiorba» (citado en el disco como «Kapsperger»). Otro de los autores que se repiten en este caso como editor es Antonio Martín y Coll, las piezas provienen de uno de los cuatro volúmenes de la llamada Flores de música, una recopilación, realizada entre 1706 y 1709, de cientos de piezas para teclado, casi todas ellas anónimas, aunque algunas atribuidas ya, a autores extranjeros como Corelli o Haendel, o españoles como Cabezón o Cabanilles que se conserva manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid. Dado que una de ellas es una trepidante «Folia» digna de verse interpretada en directo -a destacar los virtuosos pasajes interpretados por el clavecinista- es posible que esta pertenezca al quinto volumen centrado en este famoso esquema armónico melódico.

Siguiendo con las cuestiones que se me plantean tras la audición del disco, me llamó la atención la alta calidad y calidez del sonido, y el hecho de que, a mi parecer, el volumen asignado a cada instrumento, variaba considerablemente de una pieza a otra, y en muchos casos no hacía justicia al volumen natural de los instrumentos. ¿Suena una guitarra barroca por encima de un clave?. Bien es verdad que no sólo la técnica de grabación e interpretativa ha evolucionado, también la construcción de instrumentos ha cambiado considerablemente, pero yo no puedo evitar tener una percepción algo artificial a este respecto desde el comienzo hasta el final de la obra. La siguiente cuestión se refiere al repertorio elegido y al formato . En una época en la que la interpretación con «criterios historicistas» o «históricamente informada» se ha vuelto más una religión que una tendencia, ¿no es momento quizás de plantearnos también una «audición» históricamente informada?. Si se busca reproducir instrumentos, estilos interpretativos, espacios geográficos, entornos acústicos... ¿no sería de esperar que también se intentara reproducir el contexto del oyente?. Me resulta difícil imaginar a un noble caballero del siglo XVII escuchando inmutable una hora de música instrumental basada en variaciones sobre un bajo dado sin hacer nada, y en completo silencio. A este respecto, este tipo de grabaciones centradas en un repertorio a solo instrumental, me hacen pensar más en el placer del ejecutante que en el del oyente, si bien el hecho de poder intercalar piezas a solo, dúo y trío con la aparición esporádica del órgano y la percusión, facilita la escucha considerablemente; a este respecto recomiendo como siempre, escuchar el disco por fragmentos y en modo aleatorio una vez que ya lo tenemos asimilado en el orden en que aparecen los temas, en estos casos el orden de los factores sí que altera el producto.

No quiero finalizar sin llamar la atención sobre la belleza intimista, contemporánea y atemporal del «Grabe» de Santiago de Murcia interpretado con un lirismo, pureza y un buen gusto que corta la respiración.

Poco más que añadir, la articulación es perfecta, aunque en algunas piezas a solo se eche de menos un mayor rango dinámico. La compenetración entre los músicos es fluida, desde el comienzo se ve que el repertorio está aprendido y asimilado de memoria y de corazón, pero no obstante, uno siente que a algunos de los cortes les falta ese pellizco, ese punto de emoción, riesgo y tensión en su límite, que hace que pocas grabaciones sean excepcionales, al margen de la calidad de sus intérpretes.

Hay que destacar la encomiable colaboración de David Mayoral cuyas intervenciones abren y cierran el disco con gran fortuna, haciendo gala como decía anteriormente de un sonido de gran calidad pero quizás «sobreproducido» en el estudio.

En resumidas cuentas se trata de un registro cuyo contenido presenta un gran interés, no solo por la promoción de un repertorio que todavía no ha sido descubierto por el gran público, sino por el rigor, originalidad y belleza con el que ha sido interpretado.

Jerónimo Summers

Reencuentro com Mannheim de la RTVE

La Razón | 11 de noviembre de 2019

En el bloque “Orígenes y desarrollo de la sinfonía”, incluido en la didáctica programación de la Orquesta de la RTVE, se ha dedicado un programa interesantísimo a siete de los compositores que estuvieron en la prehistoria del género, en algún caso como miembros de la famosa Escuela de Mannheim. Ha sido una excelente idea gracias a la que hemos podido degustar manjares exquisitos y fuera de la órbita acostumbrada y tradicional.

La responsabilidad del concierto, tanto en lo que atañe a su selección como en lo que concierne a su realización, ha recaído en un veterano ya de mil batallas pese a su juventud: el mayor de los tres hermanos Zapico, base del conocido grupo Forma Antiqua, que posee ya experiencia también en situarse en el podio de orquestas modernas, a las que dirige sin batuta y sin timideces, con excelentes resultados y sabiendo adaptarse al instrumental y a la afinación modernos. Posee este músico asturiano un magnífico sentido del ritmo, que marca de manera muy clara, con leves pero precisos gestos de sus prestas manos. Señala las anacrusas muy nítidamente y engarza con suficiencia periodos, contrasta dinámicamente con naturalidad y controla los “rubati” nunca exagerados, amén de emplear con conocimiento de causa y la debida estrategia los silencios.

La “Sinfonía de ‘La Nitteti’” de Nicolás Conforto nos informó ya de la destreza en el manejo del “crescendo”, con un dibujo exacto y ágil. En la “Grande Symphony nº 4” de Franz Xaver, Richter, de notable duración, pudimos admirar los ataques virulentos, los barridos tempestuosos del “Allegro” inicial, aunque no se consiguiera la deseada transparencia en las imitaciones, y el detalle con el que se trabajó el incipiente desarrollo. Oscura nobleza en el “Andante” y buena ejecución de las vertiginosas escalas del “Allegro” de cierre. La nada breve “Sinfonía a 8” de Jan Dismas Zelenka nos permitió apreciar, a lo largo de los seis movimientos, la estupenda forma de algunos de los solistas del conjunto instrumental: concertino, primer oboe, fagot, chelo… Una obra magnífica, un sorprendente y sui generis “concerto grosso”.

La “Sinfonía a 4 WolS I. D-21” de Johann Stamitz, para cuerdas y clave, es una buena muestra del estilo Mannheim, que Zapico parece haber aprehendido por sus adecuados planteamientos dinámicos. Echamos de menos, no obstante, una mayor celeridad en los “Prestos” de apertura y cierre. Pese a las algo rudas sonoridades pudimos apreciar los elegantes dibujos de la Sinfonía en si bemol mayor de Johann Georg Pisendel, con la orquesta al completo (unos 35 músicos). Instrumentos actuales excepto los dos traversos, construidos en madera. Dos obras un tanto excéntricas y bien expuestas, la obertura de “Iphigenia en Tracia” de Nebra, y la “Sinfonía de la Cantata BWV 42” de Johann Sebastian Bach, completaron la encomiable sesión, acertada y concisamente comentada en sus notas por Blanca Gutiérrez.

Arturo Reverter

Un 'Rinaldo' de cine

Ópera Actual | 15 de octubre de 2019

En un clima muy emotivo por el reciente fallecimiento de Jaime Martínez, presidente de la Ópera de Oviedo durante quince años, dieron comienzo las funciones de Rinaldo de Händel que fueron dedicadas a quien llevó el timón del ciclo lírico asturiano hasta hace unos meses.

El teatro Campoamor va incorporando con acierto las principales obras del catálogo lírico händeliano y faltaba el título que fue la tarjeta de presentación del compositor en Londres y que aquí llegó en una peculiar y cinematográfica versión de Kobie Van Rengsburg. Se valió el director de escena de la técnica del croma –tan empleada en cine y televisión y últimamente también en diversas producciones líricas– para crear en vivo una película con los cantantes en un plano inferior sobre un fondo azul y en la parte superior del escenario una gran pantalla en la que los asistentes ya veían la película con todos sus efectos especiales.

En el filme también se incluía un sobretitulado que cobró especial protagonismo con una traducción muy peculiar con términos como «merluzo» o «cuqui» con el único objetivo de provocar la risa fácil de espectador. El tono cómico venía impuesto por Van Rengsburg que decidió convertir el asedio de Jerusalén y los elementos mágicos de la historia en una especie de sainete con toques de humor gestual y una ambientación hortera como de fantasía oriental.

Desde el foso, el asturiano Aarón Zapico, al frente de Oviedo Filarmonía, busco una lectura contrastada de la partitura, de matiz exquisito en los afectos más emotivos y vigorosos tempi en los agitados. Fue un acercamiento contundente y eficaz. Hubiese funcionado mejor, sin duda, si el proyecto se hubiese realizado con una formación historicista, porque la flexibilidad de la misma hubiera tenido un perfil más adecuado. Puntuales problemas de balance en el primer acto se fueron solventando según avanzó la noche. Algunas licencias en la estructura de la obra no alteraron demasiado el discurso narrativo, pero tampoco aportaron ninguna novedad.

En el correcto reparto, en líneas generales, brilló con luz propia Vivica Genaux como Rinaldo, papel que domina dramática y vocalmente, aunque, como el resto del elenco, se vio perjudicada por una escena demasiado abierta que no facilitaba la proyección vocal. Destacó también Lenneke Ruiten, Almirena afortunada y de hermoso timbre. Paola Gardina sacó adelante un Goffredo que tuvo en la vis cómica su punto fuerte, mientras que Carmen Romeu fue una solvente Armida, camaleónica y de sonoridad exuberante, aunque a veces estilísticamente no estuviese todo lo ajustada que debiera. Discreto el Eustazio de Rupert Enticknap y muy en primer plano el Argante de Matthew Brook. César San Martín y María Martín cumplieron eficazmente con sus cometidos

Libérrimo Rinaldo en Oviedo

Opera World | 11 de octubre de 2019

La Ópera de Oviedo estrena Rinaldo convertida en una de las propuestas más originales y libres de las presentadas en los últimos años. Con la dirección de escena de Kobie van Rensburg, y Aarón Zapico al frente de la Oviedo Filarmonía, cuenta con las voces de Vivica Genaux, Lenneke Ruiten, Carmen Romeu y Mathew Brooke.

La función comenzó de manera inusual, con la Junta Directiva en pleno sobre el escenario para leer un comunicado en memoria de Jaime Martínez González-Río, presidente de la institución durante 15 años recientemente fallecido al que se le dedicaron todas las funciones de este título. Un reconocimiento más para un hombre extraordinario cuyo legado perdurará en la cultura de toda Asturias.

Una vez comenzada la función dos detalles sorprenden, y ambos coinciden en ser las lecturas que de la ópera de Händel hacen tanto la dirección de escena como la musical. Kobie Van Rensburg trata de recuperar el espíritu del teatro mágico barroco, cargado de efectos especiales de última tecnología que sorprendían al público y contribuían a revestir de un halo de magia las historias de cruzados y magos. Lo que, extrapolado al siglo XXI, encuentra su reflejo en cantantes delante de un croma azul grabados por tres cámaras que proyectan el resultado, encajándolos en un escenario virtual, en la parte superior del escenario. Los subtítulos, sobreimpresionados en la imagen, aumentaban aún más la sensación de estar viendo una película. En todo momento se juega con la libertad que proporciona la pieza: escenarios imposibles, situaciones rocambolescas, momentos cómicos e incluso una traducción en ciertos momentos ‘muy’ libre de los subtítulos que aportaban frescura. Es una propuesta, que, como poco, resulta arriesgada. El público por lo general jugó al juego planteado, y fue recibida con ovación en los aplausos finales.

Aarón Zapico demuestra un conocimiento exhaustivo de la partitura, que se refleja en el manejo de unos tempi y unas pausas siempre en favor de la expresión de los afectos, colaborando de manera definitiva a la consecución de una altísima calidad dramática de la función. Al igual que la escena, se sirve de la libertad creativa que estas obras ofrecen al intérprete para extraer de ella lo que él mismo ha denominado “la versión de Oviedo”, alejada de lo canónico y adaptada a las circunstancias de esta función en concreto. Excepcionalmente secundado por el continuo de Pablo Zapico, Cristian Gutiérrez, Gabriel Ureña, Adrià Gràcia, David Palanca y Domenico Zappone, y con una Oviedo Filarmonía que demuestra su versatilidad amoldando su manera de tocar a las exigencias de la estética barroca, nos encontramos ante una lectura inconformista con la tradición, que exhorta al propio público a liberarse de ideas previas en favor de la organicidad de la partitura.

Vivica Genaux era el gran nombre para este Rinaldo. Una voz densa, bien apoyada, que fluía por las agilidades imposibles, con un timbre nada habitual para una mezzosoprano que en cierta manera ayudaba al rol masculino que encarnaba. Junto a ella la límpida voz de Lenneke Ruiten como Almirena aportaba el contrapunto de dulzura a la pareja, logrando, junto a la lectura de Zapico, un momento de auténtica emoción en la interpretación del celebérrimo “Lascia ch’io pianga” con el que se cerraba la primera parte. Carmen Romeu fue un torrente desde su entrada, disfrutando -y haciendo disfrutar al público- su papel como Armida, liberándose en el registro agudo, para ofrecer una hechicera desatada, consiguiendo dominar el amplísimo registro que demanda el papel, aunque, por esa generosidad en el derroche de voz, acusando el cansancio al final.

Matthew Brooke dio voz a Argante, al que supo extraer toda la vis cómica de la que requería esta “versión de Oviedo”, en una interpretación muy cercana a los papeles de bajo bufo en los que también se desenvuelve con soltura.

Por las características de estas voces de repertorio barroco y las exigencias vocales de la partitura, el elenco se vio algo perjudicado al tener que situarse por momentos demasiado al fondo de la caja para componer ciertos planos visuales, lo que restaba volumen e impedía su correcta recepción al público. Quizá fuese Paola Gardina (Goffredo) la más perjudicada por esta situación escénica, si bien consiguió construir con solvencia un papel masculino comprometido por las agilidades y también cargado de momentos cómicos. Con algunas dificultades el contratenor Rupert Enticknap defendió su Eustazio, y tanto César San Martín como María Martín presentaron con solvencia sus papeles de mago cristiano y sirena, respectivamente.

VIVICA GENAUX PROTAGONIZA EL "RINALDO" DE HÄNDEL EN LA ÓPERA DE OVIEDO

Platea Magazine | 9 de octubre de 2019

Antes incluso de iniciarse la música, la imagen proyectada de un “Händel grafitero” que pintaba de azul la pantalla con un bote de spray ya auguraba un Rinaldo diferente. Y es que, a la caída del telón uno termina sorprendido, como poco, por lo programado esta ocasión en la Ópera de Oviedo.

Así pues, estos días están teniendo lugar sobre las tablas del coliseo carbayón unas representaciones tan alocadas como diferentes de la que es quizás la ópera más lograda de Händel: Rinaldo. Destacan en estas funciones dos figuras fundamentales que, desde sus respectivos puestos, han aportado su visión más personal. Por un lado, el asturiano Aarón Zapico, de cuyo trabajo “baroqueandroll” al frente de la Oviedo Filarmonía hablaremos más tarde, y el director de escena Kobie Van Rensburg, que ha firmado una escena realmente diferente a todas las que el aquí firmante haya podido ver con anterioridad. Asi pues, Rensburg opta por emplear la técnica del chroma key en directo, situando tres cámaras frente al escenario -enteramente revestido de azul- que capturan las diversas escenas de los personajes. Así, las imágenes captadas por las cámaras son procesadas en tiempo real y enviadas a una pantalla colocada en la parte superior, donde pueden verse todas y cada una de las escenas integradas en un fondo renderizado por ordenador que se presta a toda clase de fantasías y efectos especiales.

Amén de la evidente dificultad que entraña esto para los protagonistas, que en todo momento deben controlar su posición exacta sobre el escenario para que el vídeo superior aparezca correctamente encuadrado, lo cierto es que la técnica resulta verdaderamente sorprendente. Es curioso, por otra parte, comprobar como el lenguaje operístico dista mucho del cinematográfico pues, mientas los protagonistas cantan un aria sobre el escenario, la imagen realizada en la parte superior mantiene por varios minutos el mismo plano, llegando a resultar monótona.

Así pues, el trabajo de Rensbug perfila una obra de tintes humorísticos, quijotescos podríamos decir, a la vista de la forma burlesca con que se tratan la mayoría de las supuestas situaciones heroicas o épicas recogidas en el libreto original. Una visión diferente y muy personal que se sostiene de forma continuada durante toda la representación y que, desgraciadamente, se apoya en una traducción totalmente irrespetuosa del texto original. Obra del poeta italiano Giacomo Rossi al que, sin duda, no le haría mucha gracia comprobar como algunas de sus líneas son tergiversadas o, directamente, reemplazadas por unos signos de exclamación que no denotan ni la más mínima consideración por su trabajo.

En lo musical, resulta interesante escuchar el trabajo de Aarón Zapico, quien da total rienda suelta a su creatividad aprovechando al máximo lo márgenes interpretativos concedidos por el propio Händel al escribir la partitura. Así pues, Zapico juega con los tiempos y las dinámicas casi a placer, regando además toda la obra con un continuo “muy florido” tal y como el mismo ha sostenido en una reciente entrevista al respecto. De ese continuo, de precisión impecable, cabe reprochar quizás un volumen excesivo, que, ligado a la proyección más bien reducida del elenco, dificultó en ocasiones la escucha clara del texto.

Sobre el escenario, se contó con la presencia de Vivica Genaux en el papel protagónico que, amén de una proyección un tanto reducida, abordó con una solvencia técnica impecable. Prueba de ello fue su interpretación de la conocida “Venti turbini” en la que ni si quiera el balancín a la que estaba encaramada logró desmerecer su talento para abordar los pasajes con más agilidades. Paola Gardina firmó, por su parte, un Goffredo de carácter escénico y acierto vocal, en línea de lo ofrecido por la propia Genaux. Destacó por su lirismo la interpretación de Lenneke Ruiten como Almirena, que brilló con una “Lascia ch'io pianga” que, para mi gusto, Zapico dirigió con excesiva laxitud en los tempi. En la versión interpretada en Oviedo se mantiene el rol de Eustazio (eliminado a partir de 1731), y se confía en Rupert Enticknap, quien defendió con honra su nada sencilla cuerda de contratenor. Cerrando el elenco resultó especialmente enriquecedora la presencia de Carmen Romeu como Armida, personaje al que entregó todo su carisma y energía para lograr con ello acaparar la atención total del público cada vez que salía a escena. Unos medios vocales ciertamente privilegiados, los de Romeu, y a los cuales la batuta de Zapico permitió dar rienda suelta. De su pareja en la obra, Argante, fue asimismo reseñable el trabajo del bajo barítino Matthew Brook, que supo hacerse un hueco en los aplausos de la noche brillando con luz propia durante su “Vieni o cara, a consolarmi”.

Un Rinaldo especial, por todo lo anterior, el ofrecido estos días por la Ópera de Oviedo. Una versión de la ópera llamada, creo yo, a despertar tantos odios como pasiones y que, sorprendentemente, no fue apenas protestada por el respetable del teatro, quien tampoco la recibió con excesivo entusiasmo. Ante la perplejidad despertada por la ópera, a uno sólo le viene a la mente la famosa escena del baile del instituto protagonizada por Michael J. Fox en “Regreso al futuro” y es que, tras interpretar Marty McFly una apoteósica versión de Johnny B. Goode que enmudece al público, el protagonista sólo acierta a decir: “-Supongo que aún no estáis preparador para esto… ¡Pero a vuestros hijos les encantará!”.

Esplendores y nostalgias de un eunuco

Mundo Clásico | 13 de agosto de 2019

De la Apulia a la corte de Felipe V, pasando por Londres y Viena; reflejos y sombras a la incierta luz de la memoria; pelucas empolvadas, sedeños casacones; monarcas que se disputan la posesión del divino eunuco: Yo, Farinelli, el capón es un espectáculo atípico, mezcla de teatro y recital de música barroca, una suerte de caleidoscopio en torno a los recuerdos de Carlo Broschi, uno de los más celebres cantantes del siglo XVIII.

El guión, de Manuel Gutiérrez Aragón, adaptación de la novela homónima de Jesús Ruiz Mantilla, tiene como hilo argumental unas memorias supuestamente escritas por el soprano en el ocaso de su vida, en Bolonia. La representación está a cargo del actor Miguel Rellán y el contratenor Carlos Mena, ambos acompañados por la orquesta Forma Antiqua, bajo la dirección del asturiano Aarón Zapico. Las intervenciones del cantante y los monólogos del actor se alternan, cuando no se superponen: éste narra sus vivencias y aquél interpreta diversas arias de algunas óperas, como Artaserse, de Adolph Hasse, o Rinaldo, de Haendel.

En el plano actoral, el peso de la función recayó, pues, en Miguel Rellán, quien supo dotar de verosimilitud a un Farinelli caduco y consiguió hasta el final mantener en vilo al público con diversas anécdotas bien ensartadas y mejor condimentadas: su aprendizaje juvenil con Nicola Porpora, su rivalidad con otro de los pupilos de éste, Francesco Bernardi, Senesino, y su hipotético amor por la contralto Vittoria Tesi, la Fiorentina.

Con respecto a la parte musical, Carlos Mena interpretó, cual queda dicho, diversas piezas del repertorio que diera fama a Farinelli. El timbre de Mena es, a diferencia de otros contratenores, tierno y cálido, dotado de una encomiable naturalidad, tanto en los registros centrales, como en unos agudos luminosos, carentes de estridencias. Su musicalidad y la sutileza de su fraseo, hasta en las más enrevesadas florituras, tuvieron como telón de fondo la orquesta de instrumentos antiguos de Aarón Zapico, siempre certera y atinada.

El producto final, presentado de forma esmerada y -lo que es más importante- convincente, no cae ni en el fárrago ni en la amalgama, uno de los riesgos de esta clase de espectáculos de nueva hornada. En este sentido, si hemos de destacar uno de los logros, que no son pocos, de este meritorio experimento teatral, probablemente sea el de la coherencia del conjunto. Súmense a ello valores como la amenidad, el sentido del humor, el didacticismo, y concluiremos que ha sido un acierto incluir esta propuesta en el festival escurialense.

Pelayo Jardón

De Farinelli a Vivaldi

La Nueva España | 12 de agosto de 2019

Los asturianos "Forma Antiqva", referencia nacional en la música barroca, triunfan en el Festival de Santander con dos propuestas muy contrastadas

La formación asturiana “Forma Antiqva”, que lidera Aarón Zapico, mantiene este verano una actividad frenética consolidada como uno de los grupos españoles clave y con firme presencia en los más importantes festivales. En el de Santander (FIS) es protagonista por partida doble. De hecho, es la pieza esencial de una nueva coproducción, “Yo, Farinelli, el Capón”, que han coproducido el ciclo cántabro y el festival de El Escorial. Además, su influencia se extiende también a los marcos históricos protagonizando varios conciertos con la música de Vivaldi como hilo conductor.

“Yo, Farinelli, el Capón” es un espectáculo muy especial, híbrido, mezcla de estilos, un teatro musicalizado que profundiza, desde una emotiva veta melancólica, en uno de los castrati más famosos de la historia de la ópera, Carlo Broschi, Farinelli. Basado en la novela homónima del escritor y periodista Jesús Ruiz Mantilla, el concepto de partida del mismo es magnífico: un Farinelli ya en los últimos días de su existencia rememora su vida desde su propia perspectiva, trazando un hermoso autorretrato en el que el espectador accede a los principales hitos de un nombre esencial en la música de su tiempo, y especialmente en nuestro país, donde residió varias décadas al servicio de la corte.

El texto de Ruiz Mantilla es magnífico, luminoso y de profunda veta lírica. El humor, la ironía y un tono crepuscular ayudan a dibujar el personaje con acierto y la precisión de un forjador de sueños. Miguel Rellán lo hace suyo de principio a fin, en un tremendo “tour de force” interpretativo que no siempre está en lo más alto porque, quizá, la propia densidad del mismo propicia que en algún momento la tensión dramática no alcance la precisión adecuada.

El Farinelli cantante, espejo en el que se mira el actor y que le sirve para modelar la memoria a su antojo, lo encarna el contratenor Carlos Mena, de voz rotunda y siempre presente, más adecuada en los pasajes nobles y un tanto forzada en las arias de agilidad, no del todo ajustadas a su perfil vocal. No obstante, Mena saca adelante su cometido con profesionalidad y garra interpretativa.

Es precisamente en “Forma Antiqva” y en la siempre original mirada de su director Aarón Zapico, donde se asentó el éxito de la velada. Las músicas, unas veces a modo de oberturas e interludios, otras de carácter incidental, tejen la trama de la historia, la contextualizan y le dan ese porte de teatro musical barroco. Magnífico el resultado del grupo, con su seguridad y contundencia habituales.

El director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, esta vez en cometidos de dirección de escena, concibe la mirada a Farinelli como un espectáculo de formato camerístico en el que la seducción y la emoción llegan por el gesto, por los detalles que se sugieren. Quizá, precisamente, este enfoque no sea el más adecuado para las enormes dimensiones de la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria, y de ahí que el balance global pierda un poco de contundencia por la propia lejanía del espacio. No obstante, el éxito de público fue rotundo y categórico.

Si hay algo que no se le puede reprochar a “Forma Antiqva” es que sea una agrupación que se acomode en un estándar de trabajo y viva de rentas. Todo lo contrario. Siempre están en alerta, en vanguardia, proponiendo nuevos formatos y enfoques, lo cual debe tenerse especialmente en cuenta en un momento en el que la difusión musical es prioridad absoluta.

Su presencia en los marcos históricos del FIS lo ha sido en Noja y Miengo. En la primera ubicación, en los jardines del palacio del marqués de Albaicín. En ellos, “Forma Antiqva” desarrolló su propuesta “Vivaldi in the park”, cóctel barroco a la intemperie en el que la música de Antonio Vivaldi llevó la voz cantante en perfecto maridaje con la de Telemann.

Aarón Zapico fue explicando cada bloque de obras al modo de un barman en una sofisticada coctelería en la que los sabores y afectos musicales convivieron con absoluta naturalidad. El público, que agotó las localidades, abrazó el reto con entusiasmo y se dejaron llevar por la chispa, el dulzor o los tintes amargos del “Rustic Blossom” del “Noir désir” o del “Stormy love”. El contundente “hacer musical” de los “Zapico&friends” discurrió como un tumultuoso torrente, con vigor interpretativo y chispeantes acentos en los que el Barroco tendía puentes con estilos más de nuestro tiempo. Los músicos pudieron con todo, incluso con la caída de un foco del escenario, casi al final de la actuación, que afortunadamente no tuvo mayores consecuencias. Sin duda estos barrocos al aire libre, tan de jardín italiano o inglés, vale en ambos formatos, se adaptan también perfectamente a los siempre exuberantes jardines españoles y especialmente a los cantábricos, en los que siempre hay que estar mirando al cielo por si la lluvia hace acto de presencia. Pero, como en las verbenas, aquí también hay carpa.

Cosme Marina

Reseña "Yo, Farinelli, el capón"

MusYqué | 11 de agosto de 2019

El pasado viernes 9 de agosto, en la sala Argenta del Palacio de Festivales de Santander, vivimos otra de esas noches memorables, de esas que después de varios días, se siguen comentando con conocidos y desconocidos.

Lo calificaron de experimento, y verdaderamente lo era. La etiqueta: "teatro musical barroco". Y salió a la perfección. Aquella unión de todas las artes, Gesamtkunstwerk, fundamento del wagneriarismo (por cierto, también predicada por Calderón de la Barca) pudo envolvernos durante una hora y media, que pasó como si fueran cinco minutos.

Los protagonistas: la novela de Jesús Ruiz Mantilla (1965), "Yo Farinelli, el capón", la prestigiosa agrupación de música antigua, Forma Antiqva, liderada por Aaron Zapico, el renombrado actor Miguel Rellán y el contratenor Carlos Mena. Todos ello bajo la dirección escénica de Manuel Gutiérrez Aragón.

Música, literatura, drama, teatro. Todas ellas manifestaciones que forman parte del ser humano, y cuando éstas consiguen trascenderse a sí mismas, podríamos considerarlas Arte. Y, como ocurre con todo lo que es Arte, todos estamos representados en el escenario.

La trama presenta al viejo Farinelli (Rellán) rememorando algunas hazañas e historias de su intensa vida, llena de éxitos. Hasta aquí nada que no se salga de una típica autobiografía. Pero, como decimos, la obra va mucho más allá. Nos presenta las dos caras de la moneda, el cantante divino, que canta como los ángeles la música del cielo (y no la del teléfono móvil que sonó justo en el instante en que Farinelli pronuncia esas palabras...) y el hombre, lo humano del divo. Tristezas, amores frustrados por su dedición a la música celestial, alegrías y dolores.

Intensos los momentos en lo que actor y cantante se con-fundían en la misma figura, o uno se "escondía" en la sobra del otro, mientras uno cantaba o hablaba, como el abrazo final del Farinelli-actor durante la gran interpretación del Farinelli-cantante en Quell' usignol che innamorato (Ese ruiseñor que enamorado) de Geminiano Giacomelli, con esas florituras, fiatos perfilados, dinámicas sobrecogedoras, cambios de octavas, adornos, casi imposibles, todo ello magistralmente interpretados por Carlos Mena, y que, en algunos momentos, parece estar escuchando verdaderamente a ese pájaro cantarín.

Soberbia, por tanto, la aportación de Forma Antiqva, tanto en los breves comentarios musicales entre las frases del Farinelli-actor, como en las distintas arias y canciones de Ariosti, Hasse y Haendel. Con su ímpetu y fuerza característicos, llenos de brío y precisión, crearon la perfecta banda sonora para el gran personaje, desde el duelo entre la trompa y el castrato, hasta la potente aria de Riccardo Broschi Son qual nave che agitata (Soy como una nave que agitada), pasando por la delicada melodía de Cara sposa (Querida esposa) de Haendel, en la que las mágicas notas de ese timbre tan característico como es el del contratenor, se entremezclaban con las precisas armonías de la orquesta.

Creo que el gran momento se acercó hacia el final de la obra, cuando Farinelli se interroga, ante su otro yo a modo de espejo, ¿Quién soy yo? A lo que se contesta: "soy lo que la gente quiere que sea". ¿Cuántas veces nos habremos preguntado eso? En el libro de la enfermera Bronnie Ware, De qué te arrepentirán antes de morir, en el que cuenta conversaciones con enfermos terminales a los que pregunta de qué se arrepentían en su vida, en el puesto número uno encontramos: ser lo que lo demás han querido que sea, y no ser lo que yo quería.

Todos y cada uno de nosotros tenemos un don, al igual que Farinelli (aunque en ese caso un poco forzado por la operación, sutil y graciosamente tratada en la obra), el famoso daemon de los griegos o, más reciente, el "elemento" del educador Ken Robinson. Al igual que el gran cantante italiano, es necesario luchar, sufrir, rechazar momentos y sentimientos, para conseguir otros a largo plazo.

Toda una lección de humanidad. Han conseguido desligar esa imagen idílica y ensoñadora del Farinelli showman, (parecida a la del Mozart de la película Amadeus), para mostrarnos su lado más reflexivo y sensible. Hoy día, en que en la educación y pedagogía está tan de moda la famosa "inteligencia emocional", Farinelli nos enseña, literalmente, a "no avergonzarse de las emociones, sobre todo si son verdaderas", ser capaces de expresarlas a las personas que amamos, y a las que no, cosa que Farinelli no consiguió hacer con su amada Vittoria. A tener unos principios y seguirlos sin dilación, como hizo el cantante con su tarea en este mundo, que era "alabar a Dios con su voz".

Curiosamente, después del teatro vi la película Despertares, del director Penny Marshall, protagonizada por Robert de Niro y Robin Williams y basada, al igual que en la obra de Farinelli, en el libro del neurólogo y músico, Oliver Sacks, que cuenta el milagroso despertar de unos enfermos terminales. En un momento de la película, uno de ellos (de Niro) dice: "Ya no soy yo, soy ridículo", porque la enfermedad había vuelto a hacer su aparición. Algo parecido pasaba con el divo italiano. Y algo parecido nos pasa a veces, cuando nos vemos abocados a hacer, por una razón u otra, a no mostrar nuestro verdadero yo.

Si tuviera que extraer alguna moraleja de esa gran noche en el Palacio de Festivales sería, utilizar, practicar, vivir la música, la literatura, el teatro, la vida, como lo que es. Un don maravilloso que tenemos que aprovechar, prestando atención a los pequeños momentos, como si fuera, en palabras de Aaron Zapico, "una bonita historia, con música".

Saludos y buenas noches.

Matteo Conti

Los últimos días de Farinelli

El Cultural | 8 de agosto de 2019

A la manera del teatro musical barroco, el actor Miguel Rellán y el contratenor Carlos Mena se unen para contar la vida del mayor castrato en el espectáculo Yo, Farinelli, el capón.

Yo, Farinelli, el capón recoge las luces y sombras del éxito. El espectáculo, que se ha estrenado este miércoles en el Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial y continúa su periplo este viernes en el Festival Internacional de Santander, revive a través de un monólogo los últimos días de Carlo Broschi (1705-1782), conocido como Farinelli, el mayor cantante castrato de todos los tiempos. Los recuerdos del músico italiano se mezclan con las cinco arias que le cantaba cada noche al monarca español Felipe V en los palacies de La Granja y de Aranjuez.

«Más que una biografía, queríamos hacer un teatro musical barroco, que consiste en que un actor y un músico representen al mismo personaje«, explica Manuel Gutiérrez Aragón, director de escena. La versión adulta del castrato italiano, que falleció con 77 años, está interpretada por el actor Miguel Rellán, mientras que el contratenor Carlos Mena se encarga del cante. El formato del espectáculo «permite jugar con la imaginación del espectador», destaca Rellán. Y añade: «Si Farinelli cuenta que cantaba arias para el monarca, entonces Mena las interpreta en ese momento».

Gutiérrez Aragón también ha sido el encargado de crear el texto dramático a partir de la novela de título homónimo de Jesús Ruiz Mantilla. «Hemos mezclado el texto en prosa con las arias, que es música de ópera», explica el director. Y aclara: «Es una adaptación muy libre. La biografía de Farinelli casi nunca se ha centrado en cuando vino a España a curar la melancolía de Felipe V, que tenía depresión». «El lenguaje de la novela es literario. Es difícil de memorizar y verbalizar, ya que no es un habla cotidiana. Y, además, tiene que resultar creíble. Es un reto, pero eso me gusta», apunta Rellán.

La obra repasa la vida de Farinelli a través de sus recuerdos, desde su niñez y su castración en Nápoles, y sus triunfos en Venecia y en las cortes europeas hasta su retiro en España, donde permaneció 22 años y donde se encargó de introducir el arte de la ópera. No obstante, no solo se centra en aspectos de su carrera. «Razona sobre quién es: ¿un monstruo? ¿una mujer? Un aspecto que le atormenta», aclara Rellán. «Es una pelea por la identidad. Se plantea si es capaz de amar», agrega. También incluye una reflexión de la propia época. «La Iglesia fomentaba la castración, pero luego les negaba el matrimonio. El amor solo se vinculaba con la reproducción», señala Gutiérrez.

Entre las cinco arias del espectáculo se halla Cara Sposa (Querida esposa), «una muestra de sus sentimientos», menciona el director de escena. «Sus obras adquieren una dificultad enorme que se caracteriza por su tesitura e intensidad en el canto, lo que exige mucha preparación técnica», expone Mena, quien subraya que el cantante italiano «nunca tuvo ninguna mala crítica». Sin embargo, el músico aclara: «Desde hace varias décadas los contratenores tomamos los papeles de los castrati. Es algo inherente a mi repertorio. Lo distintivo de Farinelli es que se considera uno de los grandes». La dirección musical está a cargo del director de orquesta Aarón Zapico, que guiará al conjunto musical Forma Antiqva.

Uno de los objetivos de la obra es dar a conocer la figura de Farinelli. «Me gustaría saber cuántos españoles saben quién es», plantea el actor protagonista. «Es una figura distinta que vuelve a ponerse de actualidad», afirma Gutiérrez. El teatro «plantea preguntas sobre esa época. Recoge el ruido del mundo y lo devuelve en forma de poesía, belleza y emoción. Lo que me gusta como espectador es salir distinto a como he entrado«, concluye Rellán.

Brillante concierto de “Partite Diverse” que repite lleno en Valdediós

Villaviciosa Hermosa | 27 de julio de 2019

El salón de actos del Monasterio de Santa María de Valdedios, Villaviciosa, acogió ayer el segundo concierto del vigésimo ciclo de los ‘Atardeceres musicales’, organizado por la Asociación Ciudadana Circulo Cultural de Valdedios, llenando el salón de actos del Monasterio

Fue una clase magistral por parte de “Partite Diversa”, con Aarón Zapico, clave; y Daniel Zapico, tiorba; que forman también de “Forma Antiqva”, con obras de: Barbara Strozzi, Giovanni Girolamo Kapsperger, Gaspar Sanz, Bellerofonte Castaldi y Govanni Battista Vitali.

El ciclo bajo el título, “Como se puede vivir con la mitad ausente”, continúa el 3 de agosto, ‘Diálogos’, Diego Fernández Magdaleno (piano). El cuarto recital llegará el 10 de agosto, ‘Los frutos de la tragedia’, Trio Belifante Carlos Marín (piano) Luisa Gutiérrez del Peso (violonchelo) Amaia Arieta (violín). El 17 de agosto tendrá lugar ‘Un tour de force’, con Laura Mota Pello (piano). Cierra el ciclo el concierto del 24 de agosto, ‘Il Primo libro’ con Yolanda Montoussé Roldán (soprano) Raquel Fernández Berdión (flauta) Mirian del Río (arpa) David Roldán Calvo (viola) Juan María Cué (violoncello) y Mª. Jesús Fernandez González (recitadora)

Los conciertos en el salón de actos del Monasterio, comienzan a las 20.00 horas, con entrada libre hasta completar el aforo.

Forma Antiqva abre boca con Telemman

El Comercio | 8 de julio de 2019

El Festival de Música Antigua de Gijón ofrecerá un variado programa de conciertos y espectáculos | No faltará la oferta didáctica del certamen, que en esta ocasión incluye una misa asturiana de gaita

El conjunto asturiano Forma Antiqva abrió ayer con un programa dedicado al compositor alemán Georg Philipp Telemman (1681-1767) la edición número 22 del Festival de Música Antigua de Gijón que organiza el Taller de Músicos de la Fundación Municipal de Cultura y que extenderá su programación hasta el próximo 14 de julio. Conciertos protagonizados por diversas agrupaciones instrumentales y corales, además de espectáculos interdisciplinares de danza y teatro, conforman este nuevo encuentro con la historia de la música europea en el que junto a la ya habitual oferta didáctica de cursos y talleres, tendrá lugar el VIII Concurso Internacional de Música Antigua. Los más jóvenes dispondrán de su propio Peque Festival y las actividades se extenderán un verano más a la zona rural gijonesa.

El público abarrotó el patio del Centro del Cultura Antiguo Instituto para escuchar a Forma Antiqva con su 'Café Telemann', una propuesta con la que la formación integrada por los hermanos Aarón (clave), Pablo (guitarra barroca) y Daniel Zapico (tiorba), acompañados para la ocasión por Alejandro Villar (flauta), Ruth Verona (violonchelo) y Daniel Pinteño (violín), recrearon el ambiente e incluso el menú de establecimientos como el legendario Café Zimmermann de Leipzig, interpretando partituras de cámara del compositor de Magdeburgo. Abrieron trayendo en la bandeja un delicioso servicio de café con la 'Trio Sonata TWV42:a1' y siguieron con la 'Trio Sonata TWV 42:a4' para luego añadir la repostería: las 'petit beurres' de la 'Sonata TWV 41:d4', la 'brioche' de las 'Sonata TWV 41:C5' y 'Trio Sonata TWV 42:d10', y rematar con unos bien combinados 'mille feuille' de la 'Sonata TWV 41:d4' y de la 'Trio Sonata TWV 42:d1'. De propina, un fandango asturiano del siglo XVII recuperado por la formación.

Hoy será el turno del coro Clare College de Cambridge, con un programa a capella de diversas obras inglesas y españolas, en el que se incluyen desde motetes renacentistas a Gershwin. El joven cuarteto vocal Cantoría llegará mañana con un repertorio en el que se maridan la tradición religiosa con la cortesana y popular. La danza y la música del siglo XVII volverán a darse la mano como en sus orígenes en la actuación de Espai Barroc el viernes 12. El colofón lo pondrá al día siguiente en el Teatro Jovellanos el espectáculo 'Comedia Aquilana' a cargo de la Compañía de Teatro Clásico y Nao d'Amores.

Entre las sorpresas que ofrecerá el programa de este XXII Festival de Música Antigua está la misa asturiana de gaita que se interpretará el domingo 14 en la basílica del Sagrado Corazón y a la que se dedicará el mismo día una conferencia a cargo del músicologo Ángel Medina, así como un curso en el Muséu Pueblu d'Asturies, impartido por Joaquín Valdeón y Llorián García.

Pablo A. Marín Estrada

“Forma Antiqva” hipnotiza con Telemann

La Nueva España | 8 de julio de 2019

El Festival de Música Antigua arranca con lleno en el Antiguo Instituto y colas desde una hora antes del recital de los Zapico

Lleno hasta la bandera en el concierto inaugural del XXII Festival de Música Antigua de Gijón a cargo de “Forma Antiqva”. Las colas empezaban a formarse en el Antiguo Instituto una hora antes del inicio del concierto, y en cuanto abrieron las puertas se llenó el patio y el corredor del primer piso en pocos minutos.

El programa de este primer concierto estuvo dedicado íntegramente al compositor alemán Georg Philipp Telemann (1681-1767), en un formato con el que los hermanos Zapico quisieron recrear el ambiente del Cafe Zimmermann de Leipzig, donde el compositor ofrecía sus conciertos. Música para un ambiente relajado y fácil de escuchar que conquistó al público al instante con melodías bien definidas y un interesante y complementario juego tímbrico.

Durante una hora, la música de Telemann se apoderó del Antiguo Instituto e hipnotizó al público, que irremediablemente acompañaba el ritmo constante de la música barroca con la cabeza, los pies y hasta con los abanicos. Cada pieza iba seguida de una ovación, y el aplauso final se vio recompensado con una propina mucho más ligada a esta tierra: un fandango de Leitariegos recogido en el Cancionero de Torner y datado en el siglo XVII, que “Forma Antiqva” completó y adaptó a su formación instrumental. Un broche perfecto para cerrar la primera jornada del festival, que un año más apunta a éxito, tanto de artistas como de público.

El programa de conciertos de este año comenzó ayer, domingo, en el patio del Antiguo Instituto, con el grupo de los hermanos Aarón, Daniel y Pablo Zapico. Y lo hicieron con una novedosa factura, evocando los modelos de actuación en el legendario Café del Leipzig barroco.

Hoy, lunes, será el turno del coro del “Clare College de Cambridge”, que ofrecerá un concierto a cappella –también en el patio del Antiguo Instituto– con un amplio repertorio y bajo la dirección de Graham Ross. Y mañana, será el grupo “Cantoría” (son los ganadores de este año de los circuitos de FestClásica, en la modalidad de música antigua) el que interpretará un escogido repertorio en el que se alternan las composiciones de guiño sexual con otras de devoción religiosa. Música que tiene sus raíces en una rica tradición: del “Cancionero de Uppsala” a los de Palacio o Medinaceli. El viernes la formación “Espai Barroc” dará un concierto danzado (Eva y Alicia Narejos) sobre músicas del siglo XVII, compuestas precisamente para la danza. Y el sábado 13, en el teatro Jovellanos, “Nao d’amores” y Compañía Nacional de Teatro Clásico pondrán en escena la “Comedia Aquilana”, de Bartolomé Torres Naharro, uno de los autores importantes del muy rico Renacimiento español.

E. Viñuela

Ópera de cámara

Última Hora Mallorca | 28 de mayo de 2019

El tapado de la temporada. Legaba a la programación de este año como una rareza histórica, como una concesión a la cuota local, y los que se creyeron tales referencias dejaron el teatro menos lleno de lo que es habitual. El público flojeó, como no lo hizo ni la orquesta de cámara ni los cantantes ni el montaje ni… Espectáculo de primera categoría, bello y entretenido, convincente en todos los sentidos. Y eso que el argumento de la obra es endeble y el lenguaje de los diálogos está cargado de tópicos y artificiosidad.

Desde el punto de vista literario, es un pastiche pretencioso que juega a ser cultista por aquello de que va dedicado a la corte de la época (por cierto, dominada por el rey borbón recién ganador de la guerra de sucesión y aquí representado como un sol, contexto crítico en estos días del procés en el Supremo).

Sin embargo, obviada esta pobreza, el resto es pura delicia. Delicia musical por la eficacia, la viveza expresiva y la calidad de las voces femeninas que recrean los cuatro elementos (destacable la soprano que asume el rol de aire), por el rigor estilístico y la sensibilidad de los siete instrumentistas, por el acierto de la escenografía. Seguramente con otra solución escénica, la obra hubiese perdido alicientes, pero esta simple plataforma que no para de rotar lentamente se convierte en la mejor plasmación visual de un debate que no cesa aunque siempre respeta las normas del código más galante. Juego de iluminación igualmente acertado, que refuerza la magia de una situación resuelta con una sencillez tremendamente elegante, acorde también con el vestuario. Una gran producción.

Emili Gené Vila

Concerto Zapico Vol. 2 CD review

Lute News (The Lute Society) | 26 de mayo de 2019

Musical families are a well-known phenomenon and indeed musical parents often set out in the hope of producing musical children with the appropriate talents to form a recognised musical ensemble. In practice it does not always work out like that. (Think of the Lloyd Webbers—Dad was a church organist, Julian a professional cellist, and Andrew—well we all know about him). As they explain in their notes, the Zapico brothers all play instruments which have substantial solo repertoires and conveniently form part of a 17th century continuo group but none of them plays a primarily melodic instrument. However it is possible to arrange music for almost any combination with a bit of skill and imagination and this is what the Zapico Brothers have done with considerable success. They are helped in this by the fact that much baroque instrumental music was not really conceived in terms of specific instruments and that it was perfectly acceptable to transfer it from one medium to another.
The three instruments blend perfectly together and create some really thrilling sounds. Not surprisingly with two pluckers in the family, Sanz with five pieces and Santiago de Murcia with three have starring rôles and Corbetta gets a look-in with a prelude from his Varii Scherzi of 1648; the Italian lute repertoire is represented by Kapsberger and Castaldi.
The rest of the pieces have been selected mainly from the Spanish and Italian keyboard repertoire. All the sources are meticulously listed on the CD sleeve but there is no information about who is actually taking part in each track. Some of the tracks feature individual members of the group and they are joined in some of the livelier pieces by David Mayoral playing divers percussion instruments.
All display an almost overwhelming virtuosity and it was clear that a good time was had by all taking part. I particularly liked the less familiar pieces including a Partite by Vitali originally for violin, the ‘Obra de 8º tono’ alto by Sebastian Aguilera de Heredia, and ‘Cecchina e florida’ from Castaldi’s Capricci of 1622 in which the organ combined with plucked instrument creates some unusual tone colours. The disc comes to a rousing finish with the anonymous Fandango de Leitariegos; as we know Anon has all the best tunes.
Overall an enjoyable selection of music in beguiling arrangements.

Monica Hall

Palma: La elegante vuelta de Literes

Ópera Actual | 21 de mayo de 2019

Feliz idea la de incluir en la temporada de ópera de su tierra esta pieza importante en el acerbo de la ópera barroca española –para ser exactos “ópera harmónica al estilo italiano” según el propio autor– debida a la pluma del mallorquín Antoni Literes autor de reconocida fama en su tiempo y ahora un tanto injustamente olvidado incluso en su isla.

En este caso unas voces expertas en el género como las de Olalla Alemán como la Tierra, Eugenia Boix como Aire, Aurora Peña como Agua y Marifé Nogales como Fuego llevaron a término sus correspondientes partes de forma excelente tanto en su vertiente vocal como de movimiento escénico, secundadas por papeles más cortos sirviendo de nexo de unión entre intervenciones, como Aurora, Tiempo y Sol muy correctamente atendidos respectivamente por Soledad Cardoso, Lucía Martín-Cartón y Rafael Rivero.

La elegancia presidió la presentación del espectáculo que situó a los personajes y la orquesta en el centro del escenario en una plataforma giratoria que hacía las veces de esfera terrestre; a ello se suma un buen vestuario, un buen movimiento escénico, una excelente iluminación y unas proyecciones estelares al fondo. Tomás Muñoz logró un efecto magnético para una género nada fácil para el oído contemporáneo y de una obra muy poco divulgada. Por cierto, muy bien jugada la conexión del tema con la preocupación medioambiental del momento.

La orquesta de cámara especializada en el género barroco Forma Antiqva, dirigida por la mano experta de Aarón Zapico, apareció totalmente integrada con la escena, incluso físicamente, aspecto que contribuyó de manera primordial al éxito de la velada.

Pere Bujosa

Unos elementos con pocos elementos

Diario de Mallorca | 19 de mayo de 2019

Los Elementos del mallorquín Antoni Literes, españolizado como Antonio de Literes, no es una ópera como estamos acostumbrados a ver y escuchar, es más bien una cantata escénica, en la que no pasa nada, la acción no existe y cada una de las voces (todas femeninas) disertan sobre su divinidad, a la espera del nuevo día en el que el Sol aparecerá y pondrá las cosas en su sitio.

Así que para poder montar ese título referente del barroco español no hacen falta grandes producciones escénicas, con pocos elementos y una dosis de gracia e ingenio, el resultado puede ser magnífico.

Como magnífico fue el resultado de esas funciones que se han presentado estos días en el Teatre Principal de Palma con una formación instrumental de cámara, Forma Antiqva, unas voces muy aptas para ese repertorio y una puesta en escena simple y delicada, pero genial, de Tomás Muñoz, ayudada por un vestuario exquisito de Gabriela Salaverri y una iluminación (del propio Muñoz) de "Oscar".

Sí, esos Elementos que ha llevado, con mucho acierto, des de Madrid a Palma el Teatro Principal dentro de su temporada lírica quedarán para el recuerdo de los espectadores que hemos tenido el placer de asistir. Muchos menos de los que la propuesta merece. ¿Dónde estaban los aficionados que llenaron el teatro en las funciones de títulos anteriores? Ellos se lo han perdido, pues esos Elementos bien merecen nuestro aplauso.

El director musical, Aarón Zapico así como sus hermanos y amigos, han optado por hacer una versión purista musicalmente hablando, utilizando instrumentos de la época con el fin de conseguir un sonido cercano al que podría ser el original del siglo XVIII. Incluso las voces sonaron a auténticas, dando más énfasis a la manera y modo de cantar que a la potencia vocal.

La escenografía consiste en unas proyecciones muy bellas y atractivas y una plataforma circular que gira (nunca mejor dicho) poco a poco, simbolizando la rotación terrestre y sobre la cual se mueven con gracia las protagonistas que interpretan a los cuatro elementos (Tierra, Fuego, Aire y Agua) a las que se unen la Aurora y el Tiempo. Todo con un mensaje ecologista: O cambiamos nuestra manera de actuar sobre el planeta o estamos abocados al abismo.

No podemos dejar pasar un comentario sobre el "incidente" ocurrido en la representación del viernes por la noche: mientras la Aurora cantaba ese delicioso fragmento Ay Amor, que tierna se escucha la respiración se disparó la alarma del interior del teatro y espectadores y músicos casi tuvieron que desalojar el edificio. Digo casi ya que al final no hizo falta ni salir del patio de butacas, todo volvió a su sitio después de comprobar que nada era lo que parecía.

Pere Estelrich I Massutí

Todos somos barrocos

HOY. Diario de Extremadura | 8 de abril de 2019

Aarón Zapico lideró la Orquesta de Extremadura con verdadero 'ardor barroco' y ofreció un seductor programa, un viaje al barroco ameno y bien estructurado, con una chispa de humor, emoción musical y puesta en escena.

Todos somos barrocos, según Zapico, si respondemos afirmativamente a las preguntas de si nos gusta la música marchosa y también la melancólica; la pizza cuatro estaciones, los palacios venecianos o no madrugar los lunes.

El cartel encabezado por Aarón Zapico era ya una garantía de calidad de la fiesta-concierto ofrecida en el Palacio de Congresos de Badajoz el pasado viernes, pues es referencia indiscutible a nivel europeo de la interpretación del repertorio barroco con criterios historicistas. Sin lugar a dudas, el maestro asturiano está en la élite gracias a la forma de dirigir «elegante, plástica y de dinámicas variadas y llenas de matices» que le caracteriza.

Lideró con una gran precisión rítmica, lo que le permitió apoderarse de un público que seguía entusiasmado sus hilarantes y pedagógicas explicaciones antes de cada obra. No había programa de mano: el programa era la música en sí misma explicada por él, a lo que se sumó una novedosa 'mise en escène' desprovista del rigor protocolario de un concierto al uso. Así, los profesores de la orquesta entraron al escenario tocando y marchando al son de la 'Marche pour la cérémonie des Turcs' de J.B. Lully, a la que siguió su 'Passacaille', en el que flauta y viola estuvieron insuperables.

Tras el aperitivo de tragedia lírica, Zapico cautivó en la Suite Orquestal nº 2 de Bach, en la que Beñat Arrieta, flauta solista de la OEx, tuvo una actuación estelar regalando unos fraseos dinámicos. Y el asturiano lo volvió a hacer en el Concierto 'Alla rústica' de Vivaldi, dejando patente, una vez más, su gran desenvoltura y conocimiento de estilo musical de 'Il prete rosso'.

La Suite Orquestal nº 3 de Bach fue sublime. La orquesta respondió obediente a los precisos matices que Zapico exigía, consiguiendo así unos planos grandiosos de los primeros violines, trufados con el color de la cuerda grave, y una musicalidad superlativa, ofreciendo detalles sorprendentes en la articulación y el arco dinámico. Los vientos, como siempre, estuvieron grandes ejecutando unas ornamentaciones muy bien articuladas. En suma, la Orquesta de Extremadura exhibió su gran capacidad concertante, que revalidó con la 'Música para los reales fuegos de artificio', la gran danza barroca de Händel. Especialmente destacable la danza del segundo movimiento, interpretada con una gran elegancia, y el delicioso canon del minué final.

Zapico hizo a un viaje por el barroco medio francés y tardío alemán que permitió al público descubrir la luz, el espíritu festivo y el esplendor cortesano de la música instrumental barroca, lleno de equilibrio y finura.

Ángel Guerra

Lo serio y lo festivo

Scherzo | 1 de enero de 2019

La Orquesta Sinfónica de Galicia ha abierto temporada con una especie de declaración de principios en el sentido de que ninguna música le es ajena. Empezaba en Betanzos, en la preciosa iglesia de Santiago, con un programa, "Oberturas y sinfonías en la España del siglo XVIII", en el que Aarón Zapico explicó por qué sus pasos como director son cada vez más amplios y más rápidos.
Supo sacar lo mejor de la OSG en un repertorio nada habitual en el que, al mismo tiempo que se enunciaban sus rasgos comunes, cada uno de sus autores mostraba sus características propias.