12. Vida

No es la primera vez que me quejo amargamente del servicio ofrecido en la Sección Infantil de la Biblioteca Pública de Sama de Langreo. Es más, tiempo estuve sin llevar a mis hijas, castigándolas inconscientemente por una sinrazón del mundo adulto. Hace algún tiempo que me convencí de darle otra oportunidad, con la esperanza de que algo hubiera cambiado.

Nada. Los padres seguimos llevando prestada la sensación de que molestamos yendo allí con nuestros hijos. Como si fuera fácil, en el contexto en el que nos toca educar, aficionar a cualquier persona a la lectura. Al respeto por el libro, por lo público. A cuidar un préstamo o a descubrir nuevos autores y dibujos.

Debe haber un clima de respeto y silencio, qué duda cabe. Una atmósfera propicia para hacer los deberes, leer un libro u ojear los periódicos. Pero las condiciones de su salvaguarda no han de ser irracionales ni mucho menos ir en contra de la naturaleza de un niño en, importante, su sección de la Biblioteca. No puede exigirse silencio a la admiración de un pequeño ante un libro o a un padre susurrando un cuento.

Creo que hay que dar todas las facilidades posibles a los pequeños lectores: hablar su idioma, entender sus necesidades y, más importante, inclinarse para ver qué nos quieren decir.

Una vez, hace algo más de un año, llevé a una gran Biblioteca de una gran ciudad a mi hija Inés que, por aquel entonces, tenía siete años. Nos asomamos a la sección infantil y, allí, vimos un montón de niños leyendo. Al mismo tiempo, merendaban o escuchaban embelesados a sus padres, que también eran legión. Estaban sentados, apoyados en estanterías o echados en esterillas y cojines que tupían el suelo. Había también peluches, pequeñas mesitas y alguna que otra lámpara para ayudar a la lectura o crear espacios más individuales. El ambiente era mágico.

Hay mucho que cambiar en Sama. Hay que añadir buenas dosis de ilusión, luz e imaginación. De ganas. Esta Sección Infantil puede ser un inmejorable motor del cambio. Porque una biblioteca no es silencio.

Una biblioteca es vida.